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Síndicos cínicos

Abril 2019

La verdadera biografía de Rafael Ribó empieza a ser difundida urbi et orbi; aunque para hacer una simple semblanza vale un sintagma genuino de esta tierra noroccidental ibérica nuestra, como es (sobre el vigente Síndic de Greuges de Cataluña): “amb la cara paga”.

La sociedad catalana, en vez de convertirse en una sociedad más solidaria, más compasiva y más altruista -como aseguran que ocurre en algunas comunidades animales con la misma espontaneidad con la que a veces recurren a la violencia-, se está convirtiendo a marchas forzadas en una sociedad cínica. De un tiempo a esta parte, un cinismo monocorde y peligroso lo invade todo en Cataluña, incluso en los detalles más banales, y la presencia de un ombudsman como Ribó acentúa la tragedia.

Esta desvergüenza no podía intuirla Francesc Cambó cuando nombró secretario personal a Xavier Ribó i Rius (1903-2000), padre de Rafael Ribó i Massó, nuestro flamante Síndic de Greuges, un cargo nombrado en 2004 (hace sólo quince años…) que técnicamente sirve para clausurar las garantías del sistema legal -en el sentido de cerrar lagunas jurídicas-; un cargo pingüemente remunerado, por cierto, y el cual está en espera de renovación, como todo en Cataluña. No es culpa de la familia.

(Ribó percibe -desde hace 15 años- 130.000 euros anuales, más que la remuneración de los consejeros de la Generalitat –110.759 euros–, un 56 % más que el presidente del Gobierno y un 13 % por debajo del presidente de la Generalitat –147.000 euros).

La pega no es la paga; no es que Ribó tenga un sueldazo en el presente, ni tampoco que, como actor mercantil, sea un simple hijo de vecino lucrándose al máximo como la mayoría de sus congéneres, ahora y en el pasado. Eso es lógico. No en vano Rafael es o ha sido copropietario accionista -junto a otros hermanos suyos- de numerosos establecimientos famosos de Barcelona (actuales e históricos) como el restaurante “El Mató” de Pedralbes, el local “La Vaquería”, las discotecas “Up & Down” y el mítico “Bocaccio”, o bien el “Ribelino’s”.

No es ahí donde duele. Las herencias las dejamos para Artur Mas. Lo revelador es que un personaje público de la talla de un Defensor del Pueblo se posicione políticamente y pierda su equilibrio, destruyendo a la sazón un empleo que nació en el derecho escandinavo para bien de la civilización universal. Lo vituperable es que una figura que debiera mantener una exquisita neutralidad en un conflicto de la magnitud del que se ha generado en Cataluña, opte por una de las facciones en liza. Extralimitándose en su papel, a Ribó no le ha sido suficiente haber sido secretario general del PSUC y presidir a sus partidos estela (Iniciativa per Catalunya, etc.) siendo simultánemente una persona muy rica -aparecería en una lista top catalana fácilmente-, sino que, al parecer, las ínfulas patrióticas que exhibe su pedigree necesitaban un acicate; Ribó necesita hoy, al parecer, pronunciarse en un conflicto insensato que divide a Cataluña por la mitad, y en el que él, por alguna razón (abans de plegar), quiere meter más cizaña, darle más caña, inyectarle más cinismo.

Interroguemos a Ribó cara a cara, y en carta abierta: ¿Se trata de la purga de una desfachatez personal soportada en el currículum, o ha sido por una comezón irresistible, un natural íntimo de él -digamos-, o bien ese entrometimiento en la política teniendo en cuenta el cargo es el resultado de estímulos más patateros? (¿los denominaríamos crematísticos pensando en la crema de El Mató?)

Dejemos flotar en el viento las respuestas del Síndic de Greuges…

Pasemos a los sindicatos, que la cosa es más grave. Lamentamos, en cualquier caso, el cariz de denuncia política que está adquiriendo esta publicación últimamente. No era nuestra idea de EMB. Pero es que, por estos lares, la situación se parece cada vez más a la película El Hundimiento (caida en desgracia de Hitler, etcétera), una comparación que daría pie no tanto a la ley de Godwin como a una crónica cinematográfica culta, que también sería superflua. Por la trascendencia de lo que está sucediendo.

En principio, el mundo laboral en que vivimos debería ser aislable de la esfera política, de nuevo, aunque por motivos diferentes a los expuestos para el Síndic. Cada vez que mencionamos al Síndic nos acordamos de los sindicatos… ¡por asociación! La verdad es que los sindicatos catalanes mayoritarios (UGT, CCOO…) están sumidos en un verdadero deterioro, no sólo semántico, sino, como diría Pániker, retrohistórico.

En gran parte por la irrupción de la llamada “Intersindical” en la órbita de los sindicatos actuales. Las últimas elecciones en varios ámbitos profesionales de Cataluña (2018, 2019) indican que estamos volviendo a la época del sindicato vertical exclusivo, parasitario de cualquier otra formación. El llamado sindicato “Intersindical” es una organización que -ya por su mismo nombre- sugiere una redundancia tenebrosa. El prefijo “inter” desea connotar (no lo discute la propaganda) que la susodicha formación aspira, no a constituir un mero sindicato de representación laboral, sino a convertirse en EL sindicato definitivo, es decir, a enmendar la plana al viejo sindicato franquista. La “Intersindical” es un ectoplasma que -según la web-, aspira a una inflamación horizontal y totalizadora del espacio de representacion del trabajo existente en el país; de modo que su máxima se adapte al nuevo ciclo mesiánico que se avecina; con el Síndic asintiendo ok por defecto (cuando precisamente en este punto podría haber metido baza)

¿Corporativismo Síndico-Sindicalista?

Es inquietante, pero la “Intersindical” preocupa y prospera. Sus máximas son las coplas del sindicato joseantoniano español. Este sindicato reciente de Cataluña se postula bajo similares notas con las que progresó históricamente el Frente Alemán del Trabajo (Deutsche Arbeitsfront, abreviado DAF), la estructura sindical nacionalsocialista de la Alemania de los años treinta que inspiró luego a la española. Los sindicatos alemanes “normales” fueron suprimidos en mayo de 1933, mientras Hitler tomaba el poder; porque el DAF ya hacía la función que se le pedía, para entendernos. Este sindicato único, dirigido por el jerarca Robert Ley, reunía tanto a trabajadores como a empresarios. Llegó a contar con 25 millones de afiliados.

Se sabe históricamente que, desde la cúspide hasta los jefes menores, todos los empleados del DAF acabaron siendo sobornados por las empresas germanas a cambio de un trato preferencial en los contratos.

En Italia, Mussolini, en fecha de 19 de diciembre de 1923, presidió la firma del acuerdo entre Confindustria y la “Confederación de las corporaciones fascistas”, que hacía innecesarios los sindicatos oficiales. Mussolini fue el artífice de la Intersindical avant-la-lettre. Un decreto de 1923 estableció la creación de los ‘Enti Comunali di Assistenza’ (ECA) con la misión de «coordinar todas las actividades, públicas o privadas» del mundo del trabajo.

Claro, es que entonces no había ombudsman.

DAF, ECA, OSE (Organización Sindical Española), ¿Ponemos a la ‘Intersindical’ de hoy en la misma senda histórica?

Unificar el espacio de representación en la calle, sencillamente para hacerlo mas legible, dada su evidente decadencia en las fábricas, que desaparecen como tales; se trataría de “retroceder avanzando”, dirían los “intersindicalistas” emulando a Pániker (Salvador). Éramos pocos, y parió la abuela.

Seamos objetivos. Todo concuerda, todo encaja -como un guante en la mano- si analizamos a estos individuos que se han nombrado a sí mismos “Intersindicales”, una fuerza en Cataluña de carácter político. Broma seria, aunque suene a antiquísimo agitprop; confirmada ya, nominalmente, la corrupción inherente a la nueva secta que banaliza a obreros y a empresarios. Por otra parte, como guinda del asunto, al frente de esta superestructura preparada para la nueva era de las relaciones laborales, surge, inmaculada, victoriosa, la figura de un exterrorista, un exconvicto al que se imputaron, en su día, formalmente al menos -en sede judicial-, dos asesinatos con bomba adherida al pecho de las víctimas.

En Cataluña nada de camisas pardas, negras o azules: aquí vamos directamente a los delitos. En dos palabras: Carlos Sastre es el jefe de la “Intersindical”, el líder de una nueva época.

Nietzsche habló del eterno retorno. Pues nos ha pillado el ave fénix, el factótum del Sindicato que salvará a los catalanes (nueva vergüenza): Carlos Sastre, capo di capos… síndico por antonomasia.

[Palabra de Mono Blanco]

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