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Lo que sueñan las abejas

Sueñan con una colmena, evidentemente; y por tanto les pasa igual que a los responsables de la universidad –en este país– cuando sueñan: sueñan con edificios.

Es un automatismo genético.

Al igual que las abejas desenvueltas construyen panales de cera, los directores generales de Universidad, los secretarios y ministros del ramo, los subsecretarios, los rectores, los vicerrectores, etc., en caso de disponer de la más mínima posibilidad de elaborar algo, no piensan en otra cosa que en las piedras, es decir, en ladrillos: uno junto a otro, formando células que se tocan y justificando la inversión.

Inversión y contraposición, sí, existen diferencias entre el mundo animal y el típicamente humano. Hoy es mejor el animal. Las abejas proyectan conocimiento blando (las obreras mantienen la temperatura alta para moldear la cera) Las universidades, en su frenesí, no se entiende porqué, producen siempre un proyecto duro.

El hecho es espontáneo. El saber, en estas latitudes, “ocupa lugar”. La burocracia universitaria en España y en Cataluña no concibe un inicio de proyecto académico sin que intervenga la construcción. Igual que las moscas acuden a la miel, la textura del hormigón es la mermelada del desayuno de los responsables de las universidades españolas. El imán del tocho sigue siendo el norte para los políticos.

Las abejas obreras mastican la cera hasta que se ablanda y unen grandes cantidades de ella para construir panales. Los estudiantes y, sobre todo, los profesores, mastican frustración, pues están cansados de aulas hiperinfladas, descoordinación por todas partes, informaciones sin sentido en la red y salarios de miseria; pero únicamente hasta que algun responsable superior –conectado con las empresas “high tech”– proclama eufórico, camuflando una planificación universitaria horrible, y para levantar el ánimo de la comunidad: “nosotros, la administración de los intelectuales, vamos a levantar otro muro de tochana…”

Esta locura ha persistido décadas en todas las esquinas de la piel de toro. Las universidades han florecido como setas, pero ep! setas que no pueden arrancarse, inamovibles, llenas de bedeles y algún cañón de proyección. Algunos boletaires dicen que esto constituye el misterio del conocimiento, y que con Internet, precisamente, el fenómeno está por extinguirse, pero es mentira. En la sofisticada Barcelona “it happened again”. Verbigracia: la prestigiosa Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) está a punto de caramelo…

Cuando no producen miel las abejas a veces pican, pero, de nuevo, hay diferencias notables entre el ocio (del animal) y el negocio (humano). Si una abeja de la miel clava su aguijón, el saco de veneno y otras partes de su cuerpo se destruyen, lo que produce la muerte de la abeja. Es lógico, es ecológico. En cambio, cuando el lobby constructor azota el ámbito universitario hispánico, emergen por doquier refritos de hormigón-ladrillo con las consiguientes hileras de ventanas y departamentos de funcionarios. Entonces suele haber un responsable que revifa, es decir, que asciende de nivel en la administración.

Barcelona contempla en estos días un nuevo pelotazo, y ello con la aparente anuencia y pasividad del equipo de gobierno municipal recién estrenado.

Ada Colau ha frenado los rascacielos especulativos de los colegas Gaspart y Clos, sí, pero no ha dicho ni mú sobre el famoso ‘Campus del Besós’, que se cierne como una amenaza ante cualquier mente despierta de la ciudad, y que nos regaló la cúpula de la universidad susodicha cuando la sometía CiU. Nadie de la organización universitaria la había solicitado. Se rumorea que un relevante empresario del Consejo Social de la UPC tenía y tiene intereses inmobiliarios en este nuevo y magnífico Campus, el cual, finalmente, es verdad, ha quedado algo ridículo: tres edificios escasos (de 13 dibujados). Suena a fantástico, pero en el fondo es malo. Sigue siendo la picadura de la piedra; la diferencia es que aquí nadie muere. Porque la agenda universitaria catalana –especialmente barcelonesa– sigue en manos de CiU y sobre todo en manos de Unió, con su flamante Secretari General d’Universitats, de ESADE. ¿Podrá tolerar Colau el sinsentido del control neoliberal de la universidad pública catalano-barcelonesa, que afecta al territorio metropolitano? Lo levantado en el referido ‘Campus’ a algunos les parece ya suficiente para herir el sentido común (y la dignidad humana) de cualquier barcelonés…

Porque ahora se trata de realojar (?) la Escuela Industrial de la calle Urgel, una institución casi centenaria imbricada perfectamente en el barrio del Ensanche, una pieza urbana que crea y genera ciudad, y que no tiene necesidad alguna de moverse: lo dicen sus inquilinos en bloque: informáticos, ingenieros, físicos, doctores.

Hace poco asistimos impávidos a la venta, al capital internacional más especulativo, del Port Vell de Barcelona. La alfombra roja que el alcalde Trías extendió a los amigos de Putin (vía Londres) en la remodelación de esa zona emblemática de la ciudad sigue ahí, y va a llevarse en volandas a otra institución venerable, tricentenaria, también adscrita a la UPC, que dispone de un edificio histórico que mimaría como una joya cualquier ayuntamiento europeo: la Facultad de Naútica de Barcelona.

No dudamos que estas agresiones –la desaparición de la Escuela Industrial de Urgel y la inminente de la histórica Escuela Náutica del puerto– causarían la completa felicidad del exconcejal Vives, y del Secretari General d’Universitats actual; los dos han pretendido hacer caja, jamás hacer prosperar un sentido urbano y cívico (el que vincula socialmente las comunidades y genera réditos a largo plazo). Uno de estos personajes se ha esfumado (y ni siquiera se le busca); pero el otro permanece en un lugar inquietante.

Teniendo en cuenta el nuevo signo político del Ayuntamiento, contando los medios de comunicación aún sensatos, oyendo la voz de cronistas de la ciudad, de muchos periodistas y profesionales alarmados, sufriendo en los zapatos de la variadísima gente de a pie, y de seny, y escuchando a las asociaciones de vecinos, la pregunta es: ¿Cómo es que los barceloneses toleramos todavía este tipo de cleptocracia?

[Palabra de Mono Blanco]

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