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Desasnar

Se trata de des-asnar, es decir, de des-Aznar España, líricamente sería desandar anti-machadianamente lo andado, pero en una palabra clave se trataría de ‘desaznar’ lo aznarizado por un personajillo de Madrid, un pegaso de cartón en la historia reciente; y no hay nada personal en ello. Cierto que quien escribe estas líneas es un mono, un simio cantarín. La armonía refiriéndose a España sería “el desAznarizador que la desAznarice, buen desAznarizador será… etc.”.

¿Es esto un argumento ad hominem? No.

Es y no es personal, como todo en la vida. De hecho, ciertos votantes de carne y hueso eligieron a Aznar presidente del Gobierno, tras haber superado éste, como único mérito, oposiciones de funcionario, lo cual no parece malo. Sencillamente, era poco. Intelectualmente, era nada. ¿Fue la escasez de currículum el detonante –la piula– de la fiesta de calcetines que JM se montó más tarde con Bush y Blair, quienes, no lo olvidemos, se apoyaron en la explosiva desfachatez de Ansar? Dijimos una fiesta, pero fue una fiestecilla, comparada con la verdadera FIESTA de la Almudena.

Somos un burro subido a un campanario. Planteamos preguntas sin respuesta, y el remedio no es sencillo. No sabemos nada, partiendo de lo cutre.

Sí, jugamos a política de Estado, y hablamos de un Teleñeco. Recordamos el caso de Idi Amin, que desde caporal subió hasta mariscal de campo, sin solución de continuidad. Vertiginosamente ascendió también Bokassa, el sargento que superó su rango. En la presidencia histórica de Aznar, sucedieron cosas tangibles, pero increíbles, en la piel de toro; o sea, galones que se puso este señor pendientes de desasnar, o de desaznar, o de desansar, no sé cómo decirlo. Lo único que puede desbaratar el lío en este país es revertir la situación con soluciones tomadas en dirección opuesta. Es decir, contrarrestar simétricamente las asnadas perpetradas.

Lo más dificíl, quizá, es revertir el pelotazo mayor de todo el Occidente, el de las torres de la Castellana, cuestionado por la Comisión Europea, un emblema del fenómeno urbano más terrorífico que ha tenido lugar en nuestras latitudes, culminación simbólica de una devastación salvaje a partir de la ley de liberalización del suelo, punto de partida de la burbuja inmobiliaria que arruinó a España. Ojo, porque en Madrid, o, cambiando de escala, por ejemplo en Mataró, vuelve a haber actualmente, hoy mismo (Junio de 2017), conatos de rebuzno. Atención a las grúas presentes en cualquier comarca, ciudad, o paraje: no son para que aniden las cigüeñas.

Maragall tuvo que escribir “Madrid se va”, en célebre artículo de prensa, por culpa de varias asnadas de alcance cósmico. El regalo de Telefónica a un amigo de pupitre, así sin más, y sin que ningún hijo de vecino se alterara, fue de cómic. Un hito en las crónicas del desfalco mundial, como categoría, y ante lo que nadie protestó. La única manera de arreglar este tipo de bromas (casi de viñeta de El Roto) es desansar, desasnar, desaznar, venga, para siempre. Internet público y gratuito para el grueso de la población (hoy Internet en España es el más caro del mundo, según la OCDE). Devolución al Estado de las cantidades colosales ganadas por Villalonga (con cuenta en las islas Vírgenes) y subsiguientes. Además, el tamaño financiero de Telefónica es un peligro público, europeo, universal.

Otra asnada histórica, antológica, fue la concentración en Madrid de recursos públicos, instituciones, núcleos de poder, líneas de negocio latinoamericanas, autopistas de grandeur, etc., en un país que no era Francia. Actualmente, enmedio del caos, y para evitar el desmontaje territorial que se avecina (que no sería peor de lo que hay) la alternativa a este apelmazamiento absurdo de burradas es: desasnar, desansar, desaznar, por aquí y por allá…

La solución no es destruir la administración central española, que al parecer da seguridad jurídica (sistémica) y atrae inversiones: el asunto es banal, sólo hay que expeler piezas del Monopoly mesetario de Madrid, repartirlas en simiente por la geografía hispánica. ¿Co-capitalidad con Barcelona? Claro; las Cortes, en Bilbao. El Senado, en Tarragona. El Ministerio de Exteriores, en Sevilla. El Rey, que siga visitando Mallorca en verano, de acuerdo, pero que se pase dos años largos en Pedralbes, donde le arrojarán tomates y huevos durante un tiempo y no podrá dejar el parque, pero tendrá fibra óptica; después, alguna visita de cortesía -de un trienio?- al Pilar de Zaragoza, y así. Que se mueva por esos mundos de Dios. Que no se aproxime a la Zarzuela en una década como mínimo, ni al palacio de Oriente, ni a la Almudena: esto es mano de santo. De este modo, rentabilizando periféricamente el AVE, repartiendo juego, habría una ínfima posibilidad de subsanar la gran chapuza ibérica.

Desansar, desasnar, desaznar…

[Palabra de Mono Blanco]

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