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El caos de la Politécnica

La UPC, la Universidad Politécnica de Cataluña, es, vamos a decir, nuestro MIT (Massachusetts Institute of Technology), cuyo original visitó en América el señor Artur Mas no hace mucho, instando a los catalanes a emularlo amb il·lusió. Claro que el president no había estudiado allá ni en sueños –los procedimientos de admisión son rigurosos–, ni tiene la más repajolera idea del funcionamiento de las instituciones educativas bostonianas, ni de su seriedad, ni, sobre todo, del debido respeto a sus estudiantes y profesores. Tanta pretensión seria actualmente un bombazo.

En todo caso, en sentido culto y periodístico. Cotejo que no impide ver que en este supuesto uno de los primeros terroristas no es el Rector de la UPC, físico nuclear torpecillo que ha intentado la multiplicación del euro por fisión tras padecer un haz de recortes supersónicos por parte de la Generalitat. Los responsables de ésta son quienes torpedean la universidad pública a la que dicen servir, hoy por hoy una nave de los locos, y por ello lo comentamos; la cual de facto navega, navega o lo intenta. Algunos observadores incluso afirman que la UPC satisface tres condiciones que ha de cumplir un barco: flotar, flotar y flotar.

Docentes y alumnos hacen virguerías en dedicación para salvaguardar la dignidad de la institución tecnológica del país, dignidad que un par de delincuentes (en sentido etimológico: véase artículo anterior “Gángsters”) está acabando de rematar. Efectivamente, parecen locos de remate los tripulantes de a bordo de esta UPC que aún resisten la ola de siniestros legales, burocráticos y sobre todo, de mando, que los ahoga. En el fondo hay un personaje silente, un Neptuno barbado y maligno (le falta la forca, y su fisonomía hace el resto), tapado de la universidad privada y liberal, que antaño era un pecio abundante en corales, pero ahora decae herrumbrosa y con algunos peces pastoreándola, especialmente en escuelas privadas de arquitectura. Es lo que tienen las burbujas (financieras). Solución olímpica: pinchar -estoquear- a lo que queda de la susodicha, y trasvasar masa a los bancos, aunque aludamos metafóricamente a los bancos de peces; es decir, trasvasar alevines a la universidad privada, pero –feo detalle– empleando no sólo triquiñuelas sino algo prohibido en el arte de la pesca, ya sea a la almadraba o al curricán: las cargas de dinamita. El señor Secretario General de Universidades, Antoni Castellà, está echando el bofe, precisamente, contra todo lo que de lejos, pero que de muy lejos, se parecía al MIT, es decir -en este hilo de razonamiento-, contra la Universidad Politécnica de Cataluña.

Se da la circunstancia de que dicho prócer se había camelado al magnífico rector de la UPC con instrucciones precisas para despedir, echar a la calle, a un monton de personal, y no exactamente funcionarios barrigudos, sino a profesores contratados, es decir, el no va más del “modelo” de la U al que la propia Gene aspiraba hace muy poco; tal medida, insistimos, aun a sabiendas de que el cartucho iba a representar un 0,0000001 % d’estalvi en el tesoro, el cual, si nos ponemos, parece custodiado por piratas. Hay rumores de que en el interín el conseller Andreu Mas Colell bailaba con el sobrecargo del navío, curiosamente éste aun más loco, o bien bipolar, pues hablamos de un Director General de Universidades que por carrera pertenece a la Politécnica (Sr. Jofre, ¿bebiendo en la sentina?). Y tot això con Mas Colell marcando paso en cubierta como un Minnesoto firme, recio, potente, con lo que se comprueba que en USA la cultura del Middle West es baja. En Minnesota ignoran que la mascota representativa de Boston es una langosta, y mucho menos percibirán que cada verano nuestro naviero supremo, Artur Mas, se jala una ídem en formato ‘caldereta’ en Fornells (Menorca): es lo más atento a la filosofía del MIT que ha estado el president en toda su vida.

Por consiguiente (como diría Felipe González): no emulemos lo que no podemos emular, Sr. Castellà, cambie el chip de su patrón máximo, emocionado quizá con los EEUU. Aunque, ojo, tampoco venda platos de lentejas a los rusos, porque, entre otras cosas, los platos no son suyos. Nos referimos a otra de sus inteligentes iniciativas, que consiste en vender a una cleptocracia de nuevos ricos -que se ha apoderado del Port Vell- la entidad más antigua de la UPC, la de más solera, la más enraizada en el imaginario de la ciudad entre las instituciones educativas, como es la Facultad de Náutica de Barcelona y su elegante edificio en el puerto. Medios de comunicación sensatos, historiadores de la ciudad, periodistas de todo signo, profesionales portuarios, además de variadísima gente de a pie y de seny, sin mencionar a asociaciones de vecinos, se han manifestado contra esta postrera barrabasada suya, última picada de su tridente en unas nalgas ya enrojecidas, ay, como las de todos los barceloneses.

[Palabra de Mono Blanco]

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