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Eureka

En 2017 lo hemos conseguido. Por fin, la parte más emblemática y una de las más antiguas de la ciudad, el Port Vell, ya es de los rusos, y además de los cataríes (una sociedad conjunta), lo cual añade una distinción vintage a Barcelona, la ciudad que -como nos recordó Núñez- toma el nombre del club. El dueño del accionariado anterior del Port Vell, el grupo Salamanca, formalmente british y presidido por un individuo con sombrero hongo que vino a parlamentar en su día con el concejal Vives, se lo ha vendido, se lo ha sacado de encima, y en pleno Agosto, es decir, el mes perfecto para el reparto de piezas urbanas entre los que se las juegan al ajedrez, es decir, con la alevosía justa para el qué, el cómo y el cuándo. Lo inteligente era una adquisición sin sobresaltos, en una partida calculada con tan excelentes augurios bajo el alcalde Trias.

En su momento la alarma era que los putines estaban comprándolo todo, la costa brava, la costa dorada, la costa amarilla, Cadaqués, las Ramblas, el puerto de Barcelona, los prostíbulos, equipos de balompié y el orfeón donostiarra, pero entonces, hemos de recordar de nuevo, por favor, al dúo dinámico (Trias-Vives) replicando con cara de póker: Chto?

Desde que se quitaron los pantalones, perdón, desde que se quitaron los pantalanes de barcos de pequeña eslora y el Port Vell fue dragado, a fe que espléndidos superyates aparcan en el núcleo histórico de la ciudad como si fuera un meublé, lo cual sólo sucedía en el enclave de lujo de Montecarlo, sitio que -como se sabe- está a rebosar de gente de recursos medios. Y aun así, porque algun potentado de la zona de Catalina la Grande se estaba poniendo nervioso, y sabemos por las películas americanas cómo son los “gusos” cuando los comisionistas se pasan de la raya. Ojo, además de wáteres de oro en sus barcos, los putines náuticos querían prioridad de fondeo en Barcelona-Barcelona, y máquinas expendedoras de caviar auténtico en el amarre, y pidieron ayuda al vivales del Vives (nunca mejor dicho) y simultáneamente a Trias y a Londres, quienes les dieron cierto camouflage -porque las Islas Vírgenes y la city, respectivamente, lavan más blanco-, y acto seguido, zas, las satrapías futboleras del Golfo, para despistar, también pusieron su granito de arena. Se puede decir más claro, pero no más corto: la monda.

[Palabra de Mono Blanco]

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