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Cristobalillo

Anda que no; parece que el oso tiene una oreja tan fina que iguala la del perro, pero desde luego falla un especimen, el oso del madroño, que está como una tapia.

Xavier Vidal-Folch dice en un artículo de El País de 2-X-2014 que el Ministro de Hacienda es un escándalo: es un agente encubierto de ERC en Madrid, es decir, como le pasaba un poco a Josep Pla –espía de Franco, en Francia. Pla, como Companys, también sordeaba. Y después de ver hoy lo que afirma Vidal-Folch, la categoria literaria de Pla no aminora, pero hay que rebajar la inteligencia de Cristóbal Montoro, gusano puro al lado del monstruo de Palafrugell.

Rajoy sigue con poemas íntimos, es decir, inaudibles, e ignoramos si escribe con renglones torcidos, como Dios, pero sospechamos que los individuos de Madrid que ocupan sus correspondientes Carteras lo hacen a la manera del bueno de Cristóbal.

Los publicistas decimonónicos del Principado excluyen al universo si no hay independencia –nosotros censuramos un animal, y condenamos las risitas–, y, por otro lado, la caterva mediática de la capital dice que la Consti monda y lironda, pelona, sirve ‘pa todo’.

¿Qué hacer ante tanta charlotada? Probablemente, lo único digno es lamentarnos, como el periodista citado, cuyas palabras –quizá jeremíacas, y en todo caso pedagógicas– reproducimos a continuación.

Xavier Vidal-Folch, El País 2-X-2014

Cataluña no es culpable

Los catalanes no son culpables de la pinza entre dos Gobiernos nacionalistas enfrentados. Sobreviven entre la espada del secesionismo y la pared de una acerba recentralización. Digan algo de esta, también, los doctos asiduos de estas páginas, los Ubide, los Carbó. La locomotora económica de España merece más reconocimiento. Incluso por egoísmo.

Es una provocación incendiaria que, con lo que llueve, el presupuesto de 2015 incluya la menor inversión pública regionalizable del Estado para Cataluña en 17 años; que Cataluña sea la más penalizada respecto a 2011, con un descenso del 57,9% en la inversión per capita; y el farolillo rojo de las comunidades peninsulares en inversión por habitante en 2015 (según El País de ayer). O Cristóbal Montoro se ha convertido en secreto en jefe de Esquerra o quiere independizarnos.

En vulgata de partidas y administraciones distintas: AENA aumenta el coste de la T-4 de Barajas en 400 millones por tasación de precios expropiados (ya sobrepagó un 600% del presupuesto inicial), y el tren de Barcelona a El Prat duerme en vela de una inversión privada. Pues claro que la gente sale a la calle.

Ahora Cristóbal perdona la vida a las autonomías que desbordan desde ya el déficit que tenían de tope para todo el año. ¿Quién alguacilará al alguacil? ¿La Autoridad-Fiscal-Independiente-Sometida? ¿Bruselas? Si el ministro mira para otro lado, es porque él suele ser muy incumplidor: por cinco décimas en 2013.

Y sobre todo porque se han adjudicado todos los márgenes, y todos los sobrantes de recaudación, mientras regurgitaba el partido facha contra la presunta anti-España periférica: las autonomías… En 2012 la Administración central (más la Seguridad Social que ella administra) no redujo el déficit de 2011, lo igualó (5,2%), mientras las autonomías lo reducían a la mitad (3,3% a 1,8%). Y en 2013 lo aumentó (a 5,3%), mientras las autonomías lo reducían. Y los denostados municipios se llevaban todos los laureles.

O sea que en términos relativos, el Estado (central) ha hecho muy poco por la austeridad. Solo predicó; dieron trigo las autonomías. Como con acierto ha resumido el consejero de Finanzas catalán, Andreu Mas-Colell, “en el periodo 2010-2013, las comunidades realizaron el 56% del ajuste global, y las corporaciones locales el 31,6%, mientras que la Administración central y la Seguridad Social solo asumieron el 12,4% restante”.

¿O sea? Que en términos políticos, la austeridad ha sido autonómica; el Estado central ha vegetado; incluso engordado. Y que en lo económico-social, los recortes han dañado a la sanidad y la educación —ambulatorios y escuelas—, gestionadas por las autonomías, y no al gasto corriente burocrático. Bajo la cruzada antiseparatista late también una pulsión antiautonómica. Y, perdón, reaccionaria. Contra Cataluña. Contra el welfare state.



[Palabra de Mono Blanco]


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El dret a respirar

(Octubre 2014)

Esta revista –cuyos representantes han votado siempre al color de la pureza– propone mojarse en política y arrancar una campaña en los foros pertinentes, por ejemplo en sitios como en la célebre ‘change.org’, sobre la defensa de un recurso inalienable y consustancial al ser humano, como no puede ser de otra manera. Propugnamos huir de la neutralidad característica de El Mono Blanco y apostar por el ‘dret a respirar’, es decir, por el simple y pícaro derecho a respirar oxígeno, deseo natural por el que que la sociedad catalana –y prácticamente el conjunto de la biosfera– se desvive en secreto, y que debe manifestarse libremente, en consulta abierta, democrática y popular. Pedimos amparo a la ANC para la logística. La reivindicación ha de aflorar gracias a una consulta encabezada por una pregunta llena de posibilidades, y que recoja todos los matices y todas las sensibilidades de las catalanas y los catalanes, quienes –digámoslo alto– jamás han temido a la democracia.

Exigimos recabar opiniones inequívocas, fundamentales, al respecto (¿y qué mejor que votar como un pueblo y alentados por una ilusión? ¡Respiremos!). ¡A la calle! Se trata de un privilegio irrenunciable para una nación superviviente. Se trata de una preocupación genuina que se nota en las avenidas, en las plazas, en los millones de personas que se manifiestan en cualquier paraje de nuestra geografía. No hay que ser ciego para comprobar que, constantemente, los catalanes incurren en un acto reflejo (europeo donde los haya): “inspiración-espiración”. Tenemos una historia milenaria sobre los hombros, y hay convenio. Nos referimos a Òmnium , que llevará los aspectos culturales de la campaña. La fecha de la consulta será fijada según una estratagema comunicativa revolucionaria en radio, TV e Internet: el abuso. Apelemos a las bases populares (las mujeres de Òmnium-ANC que se quiten los sostenes –¡oprimen los pulmones!–, y los hombres, los calzones, perjudiciales para el diafragma). Diseñaremos pancartas y tomaremos la CUP, en el mejor sentido de la expresión: o sea, con astucia.

Pedimos un poco más de tiempo (para coger aire).

La pregunta será antológica, high tech. En el dia histórico –por determinar en el calendario– podrá ejercerse la opinión popular sobre el ‘dret a respirar’ contestando a lo siguiente:

PRIMERA PREGUNTA AL PUEBLO DE CATALUÑA
De entre las que se citan a continuación, y en relación al ‘dret a respirar’, ¿qué opción es la de su preferencia?
A) respirar sólo por la nariz
B) respirar por la nariz y por la boca

SEGUNDA PREGUNTA AL PUEBLO DE CATALUÑA
En caso de responder ‘B’ a la primera pregunta, complete la consulta.
¿Qué opción prefiere?
A) respirar aire contaminado
B) respirar aire puro

En lo posible, recomendamos al votante que conteste a las preguntas sin condicionantes de ningún tipo, honestamente, porque sabemos que médicos y terapeutas sugieren, por un lado, no dejar de respirar ni un segundo, mientras que los políticos, los de Madrid especialmente, escupen sin descanso: muérase, ahóguese, que cuadramos las pensiones. Nuestro consejo es observar el elegante modo de respirar de los locutores de la Corporació y olvidar por un minuto lo que dicen, prestando atención sólo al fuelle de sus tráqueas. Decida por usted mismo. Es indiferente que la parrilla de la programación pública esté volcada a ‘BB’ (opción erótica para algunos, pero sin connotaciones para la ESO: ojo, que son votantes).

Siendo vital la pregunta, para qué negarlo, parece mentira que nadie pueda oponerse. La propuesta es inmaculada, y el esclarecimiento de tan básica cuestión lo plantean dia y noche todos los medios públicos de Cataluña. Y claro, los políticos del PP la rechazan. La Constitución dice que los referéndums son propiedad del Estado, y es obvia la esperable cerrazón, pues nos hallamos ante un referéndum. Un referéndum tácito; la Constitución española no permite respirar formalmente. Es decir, no espere que Madrid admita esta convocatoria sobre el derecho a impulsar aire, hacia adentro o hacia afuera: no hay alternativas teóricas. Por no hablar del tapeo que acaba entre esternón y espalda en los bares ministeriales –adentro–, en el Paseo de La Castellana, cuando cualquier funcionario distendido apela a una Constitución multiuso. Léase: detengamos la iniciativa de los catalanes después del chato de la mañana y de las gambas.

– Pa eso están.
– ¿Los chatos?
– No, hombre, las normas de la Constitución.
– Ni dejan ir al lavabo cuando más ganas tienes.
– Creía que hablabas de las gambas.

Por otra parte, no repugna que el Govern se enfrente a Madrid y garantice que en la consulta los representantes de los colegios sean serios. Un rigor, una firmeza. Serán chicos de la ESO, pero con la condición de que no exhiban fonendoscopios de Famosa. Y se ha decidido que las urnas no sean urnas, sino dispositivos sostenibles, que es primordial: bolsas de basura, o bolsas de súper, sostenidas en vilo, en el aire, por los mismos estudiantes reclutados –se ha adivinado– para ahorrar en mesas y ayudar a encestar las papeletas. Que podrían ser bolsas de deporte, de acuerdo, pero no, porque los andorranos quedan excluidos por extranjeros. Al final de la jornada, cada saco debe sellarse con un nudo que no deje escapar ni los mocos (de los jefes de mesa) ni los votos (del conjunto del electorado). El coste de tal despliegue político, como puede suponerse, es irrisorio, y la Generalitat ha dicho sí. El Consell de Garanties ha permitido introducir en la convocatoria a los estudiantes de la ESO, pues sinó, quién aguantaría las bolsas; pero a los críos de EGB no se les permite entrar. Se les veta. Sí, se ha excluido del censo a los niños de EGB, aunque la Mesa Central reunida en el Saló de Cent estimó la posibilidad. Esos críos están demasiado familiarizados con los videojuegos –se arguye– , donde una escena lleva a otra, y ya se sabe, a estas alturas, aunque todos valoramos la I+D, a estas benditas almas pudiera ocurrírseles algo, como por ejemplo asfixiar a los convocados empleando –precisamente– bolsas recolectoras como capuchas (para, acto seguido, proceder al estrangulamiento). Descartada pues la KGB como coadyuvante de la cita, perdón, descartada la EGB, por seny, la ANC ayudará en el reparto indiscriminado de los taleguillos –cualquier parecido con los que salen en óleos carlistas es pura coincidencia– por todo el territorio.

Por cierto, la votación tendrá lugar en Cataluña utilizando las mismas papeletas del ‘dret a decidir’, pero impresas por detrás, para reciclar. El cómputo oficial de votos se efectúa mediante una app de diseño muy user-friendly, un software ingeniado por expertos en el emirato-satrapía de Catar (país ooh del concejal Vives, de Artur Mas, y de la generalidad de nuestros gobernantes, etc.), el cual podrá bajarse fácilmente en Android y Iphone. La versión Windows está a punto.

(La propuesta de una consulta sobre el derecho a zapping la dejamos para más tarde).

[Palabra de Mono Blanco]


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Software pirata

(Septiembre 2014)

Es cierto que “la diferencia que pueda existir entre un mongol y un catalán, por ejemplo, es nula si se compara con la diferencia que existe entre un castellano y una acacia, o entre un zulú y una gacela”. Y que “lo que nos caracteriza como seres humanos no es una lengua determinada, sino la capacidad de usar libremente cualquier lenguaje, frente a la indigencia de los seres inanimados o animados que, para su desgracia o su sosiego, no conocen esa libertad ni ese regalo” (Jordi Llovet, 2012).

¡De acuerdo con el profesor! Pero esta humilde gacetilla siempre ha defendido que el idioma castellano es un software muy potente que se extiende en red y que todas sus tecnologías derivadas deberían tener de nuevo su centro en Barcelona, volver al redil, volver a la ciudad condal, polo o nodo de donde no debieron salir nunca. Repetimos que es absurdo que un lugar que hace sólo cuatrocientos años era un villorrio (Madrid) se quede con los beneficios mundiales de la explotación intelectual de una lengua milenaria. El castellano –artefacto hoy abstracto, refinado, sin nada genuino de Madrid– merece hospedarse en una ciudad con una civilización a sus espaldas, y con lengua propia.

Dicho de manera contundente: la Real Academia de la Lengua –incluso en caso de dudar que sea “Real”, o incluso que sea “Academia”–, tendría que residir pragmáticamente en Barcelona, lugar histórico donde se ha usado siempre un castellano más puro, más legítimo, más libre de casticismos, emancipado de flexiones comarcales y de modismos latinoamericanos (singularidades todas, por otra parte, valiosísimas y que decantan un núcleo dinámico que enriquece y sintetiza la lengua de Cervantes). Las gentes ilustradas de por aquí de toda la vida “enraonen en català i en castellà”, indistintamente, y cuando lo hacen en esta última lengua –con cierta competencia (no como los iletrados políticos de CiU, de acento abominable)– se parecen, bueno, se parecen mucho a los mejores locutores actuales en los medios audiovisuales españoles, los cuales –casualidad– suelen ser catalanes.

Comentar estas cosas en público suena como raro, casi como criminal, o peor, suena a chifladura perversa para personajes como la consejera catalana de Educació, quien ha llegado a proponer en la Universidad Catalana de Verano, en Prada de Conflent –sin que se le corra el rímel–, un programa de “patriotismo a través de la lengua”. Ante estas declaraciones, uno, la verdad, se rasca la oreja, y estruja mucho para sí, ciñéndolo contra el pecho, un ejemplar del Pompeu Fabra. “No pongas tus sucias manos en mis discos de Mozart” (Manuel Vicent, 1980). Porque eso es piratería. Cuando personajes inquietantes –intelectualmente hablando– como Muriel Casals o Carme Forcadell se apoderan de lo ajeno y aseguran que una Cataluña independiente habrá de ser monolingüe, entonces uno ya se toca más que la nariz; o sea, ojo, que de no implantarse el catalán como lengua única, aseguran las visionarias, se inducirá al pueblo a una confusión muy grande, pues se le abocará a una “disglosia cultural” (sic)… Entonces, y ante soterradas revelaciones goebbelsianas en los altavoces de la Corporació (y en medios subvencionados), alerta, entonces uno no es que se quede cabizbajo, es que se queda apesadumbrado, y cae definitivamente en la añoranza de la libertad personal, aquella noción de perogrullo conquistada en la Revolución Francesa; y desde luego –ya en un arrebato inadmisible– cae en el aura del canto número 26 del Paradiso de Dante:

«Es cosa natural que el hombre hable, pero también la naturaleza deja a los hombres que hablen así o asá, según les apetezca».

“Cuando una patria, una nación o un estado cualquiera piensa que su principal signo de identidad es su lengua particular… descuenta el hecho de que las lenguas las hablan propiamente las personas, no las cofradías; pues, ante todo, acceder al lenguaje, sea el que sea, diluye hasta la pura anécdota el que la lengua sea románica o semítica, celta, germánica o eslava…”

En efecto, es el maestro Llovet de nuevo quien perora, y quien remacha:

“Enormement discutible és la suposada relació entre llengua, literatura, nació i patriotisme. En principi, les llengües no són ni patriòtiques ni antipatriòtiques: són un instrument que les civilitzacions fan servir per a la comunicació de totes les coses, les de la realitat, les simbòliques i les sobrenaturals, quan és el cas. És cert que les llengües permeten fórmules i expressions que afavoreixen el sentiment patriòtic, com ara: ‘Deutschland, Deutschland über alles’ o ‘Visca Catalunya lliure!’, però les mateixes llengües permeten fórmules directament oposades a aquestes, igual de gramaticals. Els sentiments patriòtics, o són muts, o són un derivat ideològic que poden forjar tant les llengües com el folklore, la gastronomia, el paisatge, la vestimenta local i mil coses més…”

Dado que en estas latitudes es hábito frecuentísimo, popularísimo, combinar el uso de las dos lenguas mencionadas, y más, y para gran regocijo de la cultura en general, hay personas que han recurrido a la justicia para sostener lo obvio en Cataluña. Apoderarse de una lengua y manipularla para fines políticos, además de financieros, es un acto de piratería. Pretender poner vetos a la china a determinados bienes que han estado siempre en la red cultural de los catalanes (¡antes de Franco!) es un delito político, social, y un largo etcétera. Según refiere El País de 5-IX-2014 (artículo de Juan Claudio de Ramón y de Mercè Vilarrubias) existe un grupo no pequeño de ciudadanos catalanes que considera que la normativa lingüística catalana vulnera derechos civiles, y pues, tal y como pasaría en cualquier estado federal, recurren a los tribunales. Hay una larga serie de sentencias a favor de una enseñanza bilingüe que, of course, son recurridas ad eternum por la Generalitat…

“…Actualmente –sigue el artículo citado–, miles de ciudadanos están siendo persuadidos de que el catalán se ve atacado y menospreciado. Y este maltrato es esgrimido por políticos y opinadores nacionalistas como una razón para adherirse al proyecto independentista. Pero el relato del ataque al catalán no se ajusta a la realidad. Los datos de que se dispone lo desmienten. Los dos últimos informes del Consejo de Europa sobre la aplicación de la Carta Europea de las Lenguas Regionales y Minoritarias (2008 y 2012) sitúan al estado español como un país que ha cumplido con creces los requerimientos de la Carta con los que se comprometió. Ningún otro informe internacional indica que el estado español viole la Carta Europea o contravenga recomendaciones internacionales sobre la promoción de la diversidad lingüística en países plurilingües”. Una perla para el PP, que no se la merece…

Y prosigue: “…así, el principal escollo para abrir un diálogo es, sin duda, la cerril oposición de la Generalitat a modificar el más mínimo aspecto de su política lingüística, una política totalmente cautiva de la ofuscación y el dogmatismo…”

Es que ni los vascos, con sus cosas, parecen tan tajantes. Preferimos no continuar con las reflexiones de Jordi Llovet sobre el halo inherente al manejo político de una lengua, que la sume en ocasiones “en la vergüenza y la deshonra”, como fue el caso del nacionalsocialismo, es decir, una consecuencia histórica, entre ardides de la peor calaña, de una esencialización desbordada de la lengua alemana.

[Palabra de Mono Blanco]


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La costra de la casta

(Agosto 2014)

Hubo un tiempo en Cataluña en que, Pujol por un lado, y Mari Pau Huguet por el otro, el país quedó como drogado. Carlos Ruiz Zafón dijo una vez que desde la Guerra Civil no había sucedido nada reseñable en Barcelona. Excepto Pujol por un lado, y Mari Pau Huguet por el otro, se sobreentiende. La hegemonía del pujolismo ha tenido efectos devastadores para las sucesivas generaciones de infantes que se han alimentado cándidamente de TV3 y ahora tienen, digamos, entre 0 y 40 años. Mari Pau representó el cénit de este periplo, el clímax de una era caracterizada por una célebre jefatura de personal de TV3 que filtraba aspirantes con perfil CiU. Sorprendentemente, el inteligente Joan Majó, con el primer tripartito, no tocó un pelo de la Corporació, dejando con cara de boniato a muchos votantes de la izquierda. Majó ha encarnado siempre una rara mezcla de inteligencia y pusilanimidad, de modo que ese momento de esperanza se convirtió en agonía, pues la factible creación de un vivero de pensamiento más allá del catalanismo de pandereta –que ya duraba lo suyo–, se perdió para siempre. Al final, como estirabot definitivo de la performance histórica de TV3, vamos a una campaña de independencia con suaves tintes goebbelsianos, y es lógico. No hay más ideas.

Sin embargo, con ser patético, esto no es lo más grave que sucede en España.

Lo grave es lo de la casta, pero no la de Podemos, que también, sino la que denunció ya en los medios el periodista Antoni Puigverd, concretamente en La Vanguardia de 14-V-2012. Puigverd hablaba de la costra de la casta, y argumentaba que Madrid, la capital, era, en este sentido, la vergüenza del Estado. Algo más importante que el hipotético problema de Cataluña. Porque la casta que denunció Puigverd resulta ser, en efecto, más virulenta (e inclusiva) que la de Podemos. No se refería al pelotazo de las famosas cuatro torres de la capital, el pelotazo hispano por antonomasia, emblema de todos los pelotazos hispánicos de las mafias del ladrillo, anteriores y posteriores, habidas y por haber -emblema por tanto de nuestra crisis. Leamos atentamente: “…Los millonarios rusos del tipo Abramóvich, propietario del Chelsea, procedían de los jóvenes cuadros del comunismo. Desmantelaron la arruinada URSS y mientras los rusos pasaban de nuevo hambre y frío, ellos se convertían en potentados de talla mundial. Y algo parecido sucedió aquí. Muchos de los nuevos ricos españoles fueron altos funcionarios encargados de privatizar viejos monopolios en tiempos de González y Aznar. El Reino de España no era un inquietante estado de excepción como la nueva Rusia, pero la aparición de fortunas poco estéticas apenas causó escándalo. Se obtuvieron gracias a información privilegiada y a posiciones estratégicas que la política regaló y sigue regalando. El verdadero poder en España es un punto ciego que vincula altas finanzas y empresas estratégicas con altos mandos de la Administración, generalmente en manos de los cuerpos especiales del Estado. Es fácil pasar del mundo de la alta Administración a los grandes negocios; y al revés. En este punto ciego ha prosperado una casta…”

Recapitulemos, resumamos. “Polotanto”, como decía Andrés Gimeno comentando un partido de tenis. La prensa catalana de los ayatoláhs, por un lado, y la caverna mediática capitalina, por otro, han escogido equivocadamente los contendientes. La piedra en el zapato de España no se llama Cataluña, y viceversa, sino que el núcleo del conflicto principal está en Madrid. Leyendo a Puigverd, la casta de Madrid se ve como el súmmum de las castas, la cáscara de las castas, la madre de todas las castas, la costra de las castas. Centrando el tema mencionaremos otro artículo de La Vanguardia, en esta ocasión escrito por el historiador Borja de Riquer, con el que –por una vez– estamos de acuerdo (¡por fin tangentea la lucidez del padre!):

Borja de Riquer, La Vanguardia 26-V-2014

Madrid es el problema

El año 1887, Valentí Almirall, en su L’Espagne tellequ’elle est, sentenció que el gran problema político de entonces era España, no Catalunya. El último número de la revista L’Avenç lleva un editorial titulado “El problema es español”. Pienso que el principal problema que hoy tenemos no es Cataluña, ni tampoco es España, sino que es Madrid. O mejor dicho, el bloque político económico que desde Madrid controla y gestiona toda España. Me explicaré: cuando escribía Almirall, y años después Joaquín Costa, una oligarquía poco moderna y un caciquismo tradicional dominaban España desde un Madrid pequeño, burocrático, provinciano y bastante desvinculado de Europa. El gran cambio se produjo con el franquismo, que consiguió convertir Madrid en “la capital del capital”. El régimen de Franco no sólo hizo de Madrid el exclusivo centro de las decisiones políticas, también propició que fuera el principal núcleo financiero y sede del poder económico. Se quiso hacer de Madrid un importante centro fabril, puesto que era preciso “descongestionar las grandes y peligrosas concentraciones industriales de Barcelona y Vizcaya” (Franco, 1944). Y si el primero y el segundo objetivo se lograron con creces, el tercero fracasó. Hoy no queda casi nada de las grandes industrias madrileñas creadas durante franquismo.

El proceso de convertir Madrid en la capital del gran capital se ha reforzado notablemente durante los 35 años de democracia, a pesar de la creación del Estado autonómico. Los gobiernos del PSOE y del PP han hecho de Madrid al gran beneficiado de sus políticas. En Madrid se recaudan los impuestos, se concentran las principales inversiones extranjeras –más del 65%–, se controlan los principales flujos financieros, es la sede de los más importantes centros de decisión públicos y privados y de más de la mitad de las empresas de mayor volumen de ventas. Pero Madrid exporta poco, está muy por debajo de lo que le correspondería porque produce muy poco. Sobre todo gestiona y reparte los recursos del conjunto español, pues su modelo es básicamente extractivo.

Hay un fenómeno significativo que aparece en todas las encuestas sobre los sentimientos identitarios de los españoles: la comunidad de Madrid es donde hay el más alto sentimiento de pertenencia español y la menor identificación con su comunidad autonómica. No ha cuajado un regionalismo madrileño, cosa que sí ha pasado en la mayoría de las otras comunidades. El sentimiento de “capitalidad” imprime un carácter tan acusado que ha producido una gran identificación con el Estado-nación español hasta el punto que hoy son muchos los madrileños que piensan que, en el fondo, España es Madrid.

Estamos ante una sutil forma de apropiación de España por parte de Madrid. La enfática defensa de la nación española hecha por muchos políticos y los intelectuales de Madrid es una hábil forma de proteger el “modelo Madrid”. Aunque esta gran concentración de poderes sólo beneficia a una pequeña minoría. A una élite integrada por buena parte de los máximos dirigentes de los partidos españoles, por directivos bancarios y de multinacionales, por altos técnicos de la administración pública, por ejecutivos de empresas, por algunos profesionales e incluso por intelectuales. Las estrechas relaciones entre política y negocios, lo bastante bien engordadas durante la locura especulativa de los años 1996-2010, han consolidado una nueva oligarquía española, más moderna, poderosa y ambiciosa que la denunciada por Costa hace un siglo. El comportamiento de esta élite no es de simple administradora del patrimonio común de todos los ciudadanos, sino que a menudo actúa como el amo de la finca: recuerden aquello de “el solar es nuestro”. Esta minoría privilegiada, como controla también buena parte de los medios de comunicación, ha logrado difundir la falacia de que está defendiendo la nación de todos los españoles cuando, de hecho, protege su modelo de gobernar y decidir. Esta élite es la principal causante y beneficiaria de la baja calidad de la actual democracia española: monopolio de los partidos institucionales, políticas de influencias y corruptelas. Y es la gran responsable del considerable despilfarro de recursos públicos provocado por su política neocaciquil.

Favorecida por el bipartidismo institucional (como durante la Restauración), esta élite se muestra firmemente opuesta a cualquier reforma democratizadora… Cataluña es demasiado importante para dejar que se escape de su control: concentra el 16% de la población, el 19% del PIB, el 22% de las recaudaciones fiscales, el 25% de las exportaciones, el 25% del turismo, el 35% de las patentes comunitarias, etcétera. Su forma de gestionar la vida política española sería inviable sin Cataluña. Hoy la élite de Madrid ve Cataluña como una “grande y peligrosa” concentración económica y “es preciso” que no tenga un auténtico poder: hace falta que todo continúe igual.

El caso catalán no ha provocado la actual crisis política española. Al contrario, es uno de los resultados de la persistencia del “modelo Madrid”. Los propugnadores de hipotéticas terceras vías tendrían que saber que cualquier propuesta o pacto sobre el futuro político español pasa necesariamente por el desmantelamiento de este modelo de gobierno que sólo está beneficiando a la nueva oligarquía madrileña del siglo XXI…



[Palabra de Mono Blanco]


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Amb aquella alegria

(Julio 2014)

España entera asiste al nuevo entronizamiento de un rey y a la venta de un pastel público gigantesco (AENA, los aeropuertos españoles) como si tal cosa, como si no pasara nada, y santas pascuas. Asimismo, algunos catalanes contribuyen a la independencia más sublime (la financiera). L’aigua de boca, que es la expresión normativa en TV3 para denominar lo que nuestros abuelos llamaban elegantemente “agua potable”, es decir, el agua de la red de suministro de la ciudad condal, atención, barceloneses, ya no es un bien público (lo era en parte): CiU acaba de privatizarla por completo. No será tuya ni mía. Y nadie ha dicho ni mú.

Triste poble català, que bebía agua gratis en las bellas fuentes desparramadas por nuestras comarcas: otro xic del folclore que se funde, privatizado, en las manos de los de toda la vida.

La electricidad y el gas hace tiempo que se independizaron, incorporándose, por supuesto, a las arcas de La Caixa y de la mafia italiana, soberanas sin pasar por un 9 de Noviembre. La Caixa es la institución más reputada del Principado, con gran espíritu de servicio; se ve en las autopistas. Tiene una Obra Social que ríete de la Madre Teresa, Vicente Ferrer y Bill Gates. La Obra dispone de un presupuesto estratosférico con el que, se rumorea, dan de comer (faisán) a sus directivos, unos profesionales donde los haya pero que difieren del ciudadano medio castigado por la crisis y por las preferentes, aunque, ojo, un ciudadano que, pecando de pobreza, dispone de cartilla d’estalvis. La Caixa ha estado en nuestros genes desde Adán y Eva, seres mitológicos como el poble patanegra (la saga Pujol, para entendernos), es decir, como los que tienen cuentas de ocho dígitos y controlan filantrópicamente los activos. En La Caixa no especulan porque no hace falta; tienen un pedigree tan viejo como los orígenes del Virolai, que es una especie de sicav del inconsciente catalán desde la Renaixença (la de las 100 familias), y la cosa no parece chirrirar en absoluto. Por ejemplo, el intercambio de preferentes por acciones de La Caixa ha sido de bona fe y establecido sí o sí por la entidad: el preferentista ha visto el 40% de sus valores convertidos en humo. No ha pasado nada: ni por aquí, ni por allá. Los dirigentes de La Caixa poseen bula milagrosa desde la absorción de unas mútuas asistenciales hace ya décadas, que dejó en bragas a los mutualistas. Hoy La Caixa es el Hola económico de Cataluña, que echa flores a la gente y los convence de su buen hacer –siempre que todos ocupen el lugar que les corresponde–, mientras el monopolio energético sigue en forma.

Dejando de lado el dret a decidir, la independencia se logra con unas cuantas partidas de golf y transacciones con dinero recabado de las hormiguitas indulgentes y calladas (nosotros), porque la discreción es una cualidad nuestra, y de nuestros mandamases. Por ventura, si Nin, Brufau & co. viajan a Bali a meditar sobre el feeling de bancos amigos (de asientos en libros apátridas), y a ponerse morenos (no diremos negros), no hay murmullos con antelación, presuntuosos, que puedan oir domésticas latinomericanas de sus apartamentos en Pedralbes o la Bonanova. Esquerra Republicana ni se entera. Òmnium Cultural contribuye disimulando. Los catalanes somos expertos en jugadas que nunca se notan.

La Caixa acaba de experimentar otra transformación insigne, viniendo de varios momentos históricos buenos, como el citado de la abducción de mútuas delictivo, o el más anterior aún de la absorción de entidades de ahorro fundadas por la burguesía principalmente esclavista del siglo XIX, repleta de crímenes a sus espaldas. La Barcelona decimonónica era una ciudad de notarios, agentes de ventas y procuradores, pero nadie sabía, nadie anotaba nada, los protocolos cambiarios y seculares del comercio layetano desaparecieron durante un siglo. Todo este caudal negrísimo, en el sentido literal de la palabra, desembocó en La Caixa. ¿Tráfico de esclavos en la familia? Au, ves…

Nuestra querida senyera exhibirá pronto la estrellita de la bandera de Cuba, polo de sacarocracias caribeño-catalanas antológicas, sitios de los que San Antonio María Claret, que intentaba hacer buenas obras antes de la Obra Social, dijo: “los propietarios de negros más malos son los que han venido de España, y singularmente, los catalanes”. Fulgor independentista que odia mezclar conceptos y que compensará rigurosamente los latrocinios del pasado y del futuro, se dice, pero gracias a iniciativas como la que aportará La Caixa. O La Caixa, o bordaremos el euro y el dólar (€, $) en un calcetín zurcido con las cuatro barras por puntaires tailandesas venidas de Emiratos -pues las que había en casa también habrán desaparecido.

Como aseguran en las tertulias de TV3, todo está en relación y yuxtapuesto. No queremos la independencia porque sí; sino porque queremos preservar l’estat del benestar, gracias al óbolo que pagaremos por bailar sardanas o montar castells. El cual se ingresará en la cuenta de toda la vida, en donde, por cierto, se aplican las comisiones más leoninas del contubernio extractivo; mientras, el moderador de la tele, con cara de póquer, aclarará confusiones y los invitados se aclararán la garganta privadamente con agua envasada en recipientes de plástico. Pronto será más barata que la del grifo.

Y otro día hablaremos de Madrid –problema prioritario de la piel de toro, aunque La Caixa es un lobo con piel de cordero– y del artículo que ha publicado Borja de Riquer en La Vanguardia de 26-V-2014.

Y preferimos no comentar otro tema, que este año 2014 toca, aunque es curioso que a quien realmente le toca, se lo ha saltado como en el juego de la oca: se trata de la celebración del 35 aniversario de la aprobación del Estatuto de Cataluña, recuperado después de 40 años de franquismo (aprobado por Ley Orgánica de 1979, etcétera). Hay silencio en los canales del régimen.

[Palabra de Mono Blanco]


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Una mano por delante y otra por detrás

La frase, como se sabe, tiene lecturas. La primera: taparse las vergüenzas por ropa inexistente o resultado de bancarrota, como la de media Cataluña. La segunda alude a las palmas de las manos que se disponen invertidas y en pose de receptación; hablamos de las de Zaplana (“estamos aquí para forrarnos”), y, con mayor actualidad, de la quiromancia de Bárcenas. O de las contorsiones de Félix Millet, El Egipcio, tras escuchar un Virolai. Sin descontar un dato: que Millet se hizo El Flamenco tras El Egipcio (con CiU).

Aquí Artur Mas –futbolero, business-friendly, muy Catar–, parece desinflado. Habría que animarle:

– ¡Olé tu padre!

Con fairplay: no se sabe de ninguna irregularidad de Mas, pero los gobiernos de Andalucía y de España juegan a la prestidigitación, es decir, tocas y sale confetti satinado como en las cláusulas prohibitivas de Neymar. Dicen que el fútbol -que le gusta tanto al President actual- es la próxima burbuja. Por su lado, la saga Pujol no ha llegado tarde a los vestuarios, precisamente, en este campeonato, ni en otro… ¡porque circula en la escudería de bólidos del hereu! De Pujol senior, a pregunta histórica de un periodista sobre su descendencia, recordamos un coletazo de Gran Cocodrilo al rechazar que sus hijos universitarios pudieran ir al paro nunca, y quedarse sólo con el título. Pujol daddy aseguraba en TV3:

Tinc tots els fills colocats.

¡Olé los hijos! Y en prime-time. En la entrevista, el President de los 23 años movió apenas un párpado –el presentador se jugaba el puesto– no por falta de riego, sino por insinuación de recomendaciones. Vosté que es pensa. Era el director de producción máximo, y no existía algo parecido a la CUP para sublimar la amenaza que hoy se abate sobre el país: la miseria. Pujol hablaba del enchufe de toda la vida en múltiples vertientes (¿siete?) y caben, de nuevo, un par de posibilidades: o Walt Disney era un futurólogo que vio el estrago de los enanitos (en la actualidad lo padece tutti quanti, excepto los 7 Pujol-Ferrusola), o bien, el gran Pujol, a tenor de lo que el juez ha descubierto, funcionaba como padre omnipotente de la Hispania Citerior: con chulería.

En el primer punto, además del Papa y de Messi, el expresident (que concede intervíus, y ha publicado sus memorias) sigue buscando oro: un especialista de la Argentina, un buen psicoanalista que replantee Edipo, pero en versión catalana: donde no hay vástagos rebeldes, ni palma la estrella, ni Yocasta, ni el rey, sino que mueren todos los demás (allende Mequinenza y las islas Formigues).

A la respuesta antológica de Jordi Pujol -Tengo a todos los chicos colocados- ya se la denominó en su momento “sincericidio”, y la expresión ha quedado en el cajón de los recuerdos. Obviamente hubo más Pujol-Ferrusolas colocats de los que hoy aparecen en los juzgados; pues todos los retoños del matrimonio de Jordi Pujol y Marta Ferrusola, pobres, estuvieron en posición comprometida, es decir, expuestos. En el siglo XIX, George Eliot, en Escenas de la Vida Parroquial, aseveraba: “Los vicios no requieren motivo fuera de sí mismos: sólo requieren una oportunidad”. Y de oportunidades hubo un futiment. Lo sugiere la wikipedia.

Sus señorías magistrados no han preguntado suficientemente a los liniers de antes de la depresión, por ejemplo, las oportunidades que tuvo la arquitecta Marta Pujol Ferrusola navegando por las bandas, es decir, por los laterales del pelotazo arquitectónico y urbanístico catalán, y explotando a tope el gentilicio suyo PF, por una parte, y, por otra, la llamada interpretación egipcia. En el llamado “gremio del tocho” circulan anécdotas al respecto. La bola se infló y se infló, pero algunos barruntan que el estallido final tuvo el cling musical de la caja registradora (para la pubilla).

Por su lado, después de 23 cursos, Marta madre no se cortó un pelo por quedar aparentemente en precario, y lo dijo sin ambages en el instante en que su marido perdió la votación frente al tripartito primero. La señora Ferrusola lloraría en prensa: “Nos robaron las elecciones”. Y remacharía, según las hemerotecas: “Es como si te entran en casa y te roban todo”. Vamos, que hasta Martí i Pol pudo haber añadido el siguiente verso a Estimada Marta:

Nos hemos quedado con una mano por delante y otra por detrás.

Sí, y Bambi era virgen.

[Palabra de Mono Blanco]


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Catar, ese referente

Los textos del profesor y arquitecto Josep Maria Montaner constituyen una excelente lectura o interpretación de la ciudad condal. Nos referimos a una interpretación de hoy, porque hace ya bastantes años que el “modelo Barcelona” dió de sí lo que llevaba dentro. Ahora todo está a merced de ideas tan lineales que hasta un mono podría ser alcalde. El siguiente artículo habla con pesadumbre del nuevo faro que guía a los próceres barceloneses. No hace falta que lo diga The Guardian o que lo diga Amnistía Internacional. Hablan los hechos: la esquina más “guarra” del mundo, la más contaminante, según The Global Footprint Network es Catar, seguida por el vecindario: Kuwait y Emiratos Arabes Unidos. La factura del aire acondicionado de los rascacielos de este polo de satrapías medievales –que se ven desde miles de metros de altura– puede pagar la deuda de más de un país pobre de África. Y Catar, por supuesto, es es el referente del ayuntamiento de BCN y, en especial, del concejal Vives, que de ‘urbanista’ (o de escritor) tiene lo que un servidor de elefante, y quien hace poco vendía yates de lujo en Montecarlo. El Titánic parece realmente hundido.

Josep Maria Montaner, El País 13-III-2014

El modelo CatarBarcelona tiene crecientes vínculos con el emirato, pero no puede ignorar las grandes injusticias de su modelo social

Es evidente la riqueza y potencia emergente del emirato de Qatar, con la política expansiva de su imagen y sus inversiones, algunas de ellas ya en Barcelona. Sus fuerzas armadas (QAFID) han adquirido recientemente el hotel Renaissance y el fondo Qatarí Diar ha invertido 200 millones de euros en el hotel W, antes Vela. Su compañía aérea oficial, Qatar Airways, es la imagen omnipresente del Fútbol Club Barcelona, incluido el anuncio internacional con los jugadores del Barça promocionando el pretendido paraíso de Qatar. Todo ello hace que nos preguntemos sobre este país y sobre su capital, Doha.

Hace ya meses que se extiende la polémica en torno a la preparación del Mundial de Fútbol de 2022. Dos líneas de informes, del diario británico The Guardian desde septiembre de 2013, y de Amnistía Internacional, que lo presenta en su publicación del pasado enero, argumentan lo que ya se intuye en una visita rápida a la ciudad de Doha. Esta ciudad genérica, que crece como una gran maqueta sin memoria, llena de hoteles, rascacielos corporativos, barrios de lujo, museos y estadios, proyectados algunos de ellos por Jean Nouvel, Rem Koolhaas y otros; esta ciudad del control omnipresente, fría dentro de los vehículos y ardiente en las avenidas llenas de operarios en el extremadamente caluroso clima catarí; dentro de una sociedad tradicional y clasista, bastante machista, que excluye a las mujeres debajo del anonimato de sus abayas e hijabs negros y tupidos, se basa en un sistema que esclaviza e invisibiliza a más de un millón de trabajadores migrantes.

Según estas informaciones, la que será la sede de la Copa de Mundo de Fútbol de 2022, incumple los derechos humanos. El 90% de los trabajadores, procedentes de India, Pakistán, Nepal, Sri Lanka, Irán, Egipto y Filipinas tienen el pasaporte requisado por sus empleadores; el 56% no cuenta con la tarjeta sanitaria necesaria para acceder a los hospitales públicos; el 21% “a veces, raramente o nunca” recibe su salario; el 20% obtiene un salario más bajo del prometido, y el 15% tiene un puesto diferente del que le habían asegurado, presenta textualmente el informe de Amnistía Internacional. Los trabajadores migrantes, que constituyen el 94% de la mano de obra, carecen del derecho de sindicación, derecho que sí tienen los trabajadores originarios de Qatar.

Con estas condiciones de trabajo, abusivas y precarias, proliferan los accidentes: la media se aproxima a un accidente mortal en las obras cada uno o dos días. Entre 2010 y 2012 consta que fallecieron entre 500 y 700 trabajadores indios; y The Guardian informó que entre el 4 de junio y el 8 de agosto de 2013 murieron 44 nepaleses. La Confederación Sindical Internacional (ITC) calcula que, a lo largo de estos años hasta el inicio del mundial de fútbol, podrían llegar a ser unos 4.000 los fallecidos en accidentes laborales en las obras públicas e infraestructuras, más una gran cantidad de heridos, lesionados y discapacitados. No solo se mueren en accidente laboral, también de ataques al corazón, de suicidios por desesperación o al desfallecer por las malas condiciones de vida: insuficientes horas de descanso, mala alimentación, hacinamiento en viviendas, entornos contaminados y escaso soporte sanitario.

¿Barcelona, una ciudad que ha sido referente por su urbanismo, necesita tomar como modelo la imagen de Doha? ¿Tiene sentido admirar un sucedáneo de ciudad que está siguiendo lo peor de nuestro modelo de desarrollo insostenible? ¿Vamos a cerrar los ojos ante la denuncia de constantes y graves abusos en el sector de la construcción de dicho país? Cuestionada Zaha Hadid, autora del gran estadio Al Wakrah para el Mundial, sobre si no le preocupa que haya accidentes mortales en su obra, ha declarado que ella, como arquitecta, no puede hacer nada y que le preocupan mucho más los muertos en su Irak natal.

Es cierto que Doha nos queda un poco lejos, pero sus inversores y su marca ya están entre nosotros y va ser el centro en el Mundial de 2022. Por lo tanto, tenemos una cierta responsabilidad en apoyar lo que Amnistía Internacional argumenta en su campaña: pedir que el Gobierno de Qatar tome realmente medidas urgentes para que se respeten los derechos humanos y se hagan cumplir las leyes y los contratos; y exigir a las empresas constructoras que abusan de los trabajadores, contratados y subcontratados, que cesen en ello y cumplan las leyes.

Nuestro mundo de opulencia y comodidades se ha basado y se basa en no mirar la trastienda global de la explotación, extendida por muchos países. Pero en este caso se ha establecido una relación tan directa entre Qatar y Barcelona ciudad y club de fútbol que se hace difícil mirar solo su imagen representativa, que intenta convertirse en un referente simpático, y no hacerse eco de esta polémica que pone sobre la mesa los mecanismos de enriquecimiento con la explotación de los recursos y de las personas.



[Palabra de Mono Blanco]


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Lo malo de las especializaciones

Se atribuye a un jefe de gobierno francés, el primer ministro Georges Benjamin Clemenceau (1841-1929), la frase histórica: “La guerra es demasiado importante como para dejarla en manos de los generales”. Teniendo en cuenta que Clemenceau fue médico, quizá no mostrara asombro ante su secuela en Internet:

“La salud es demasiado importante como para dejarla en manos de los médicos”

Y también en la red:

“La política es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos”

Más un largo etcétera. Insistiendo en el navegador Google, y realizando una búsqueda con la sucesión de caracteres “…demasiado importante para…”, aparece una retahíla de insinuaciones sobre la mayoría de gremios del mundo, sin distinción ni clase. Resulta que es incierta la competencia de casi todos. A saber:

“El arte es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de los artistas”

“La ciencia es demasiado importante como para dejarla en manos de los científicos”

“La banca es demasiado importante como para dejarla en manos de los banqueros”

“La historia es demasiado importante como para dejarla en manos de historiadores”

En estas advertencias hay algo inquietante. Nuestra confianza en el principio occidental de la división del trabajo quiebra por completo, hace aguas (pero ojo: “El agua es demasiado importante como para no dejarla en manos del mercado”). Repasemos el escrutinio, por si aparecen detalles sobre nuestra profesión.

“Internet es demasiado importante como para dejarlo en manos de los internautas” (se puede negar con paciencia, y sale: “El control de Internet es demasiado importante como para dejarlo en manos de los gobiernos”)

“Su seguridad en línea es demasiado importante como para dejarla en manos de un proveedor no fiable”

“El fútbol es demasiado importante como para dejarlo en manos de los futbolistas”

“La economía es demasiado importante como para dejarla en manos de los economistas”

“La arquitectura es demasiado importante como para dejarla en manos de los arquitectos”

No es moco de pavo. Encontramos a personalidades históricas con reputación que han empleado el mismo juego de palabras del insigne Clemenceau -aunque se rumorea que la frase es de Churchill- para poner en jaque múltiples actividades. El prestigio de nuestra sociedad está en duda.

“La delincuencia es demasiado importante como para dejarla en manos de los delincuentes” (John Le Carré; y también, in péctore, Bárcenas, Millet, Pujol, etc.).

“El márketing es demasiado importante como para dejarlo en manos del departamento de márketing” (David Packard, cofundador de Hewlett-Packard)

“El español es demasiado importante para dejarlo en manos de los españoles” (Guillermo Cabrera Infante)

Reflexionemos sobre el escepticismo. Lo intrigante es que la pauta retórica genérica “La ocupación X es demasiado importante como para dejarla en manos de…” es curiosa y encierra una pizca de verdad. Por algo prospera en la red. Ensayemos más tiradas:

“El ajedrez es demasiado importante como para dejarlo en manos de los ajedrecistas” (de ahí los players automáticos)

“La astronomía es demasiado importante para dejarla en manos de los astrónomos” (de ahí las drogas)

“La filosofía es demasiado importante como para dejarla en manos de los filósofos” (de ahí la literatura)

Por consiguiente, como diría Felipe González; a estas alturas uno sospecha que se pueden fabricar este tipo de sentencias ad hoc, completamente al azar, dependiendo de quien las prepara. Y funcionan todas. Un republicano, por ejemplo, anunciaría con aplomo:

“La corona es demasiado importante como para dejarla en manos del rey”

En cambio, a un individuo como Vladimir Putin no le costaría decir: “La democracia es demasiado importante como para dejarla en manos de los demócratas” (en ruso suena peor)

Llevado a sus extremos, el argumento da resultados interesantes:

“La estupidez es demasiado importante como para dejarla en manos de los estúpidos” (Whatsapp, Facebook, Twitter?)

Y así.

[Palabra de Mono Blanco]


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L’Anciene Régime según Martínez

Guillem Martínez ha escrito unas divertidísimas reflexiones políticas en el diario El País, que oscilan entre El Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie (1552) y la Dialéctica de la Ilustración de Adorno, Horkheimer y Marcuse. Tesis, como se sabe, por la que un fraude económico asociado a la tecnología está alienando al ciudadano y, contra todas las apariencias, restituyéndolo a su antigua condición de súbdito, o peor, de esclavo. Martínez pone de manifiesto un neomasoquismo popular implícito, respecto a los representantes públicos y a sus parafernalias estatales -vano probarlo- con unas meditaciones útiles y una hipótesis arriesgada: España será Texas. Glups. Dicho esto, se despide como un gentleman.

Guillem Martínez, El País 18-I-2014

Nuevo antiguo régimenLas cinco debilidades del nuevo/viejo Estado que explican el cada vez más limitado perímetro de discusión política.

El Régimen de la Transición ha dejado de ser el Día de la Marmota. Está cambiando, radicalmente y dentro de su lógica. Este artículo es una meditación del Nuevo Viejo Estado, a través de cambios que, desde el Gobierno ZP, están dibujando:

* Un Estado sin soberanía. Poseer la Constitución con menos soberanía popular del mercado europeo (la española) ha creado una cultura con poco control ante la intervención externa. Incluso poca percepción. Algo, por otra parte, normal en un Estado al que se le dijo que se desindustrializara en los ochenta y fue y lo hizo. Un político del terruño sabe hoy que su trabajo, en buena parte, está deslocalizado. Quizás por eso, la clase política local aún no valora en su justa violencia la reforma constitucional exprés de 2011, que definitivamente reformula el Régimen, y deja al Estado incapaz de cualquier actividad que no sea la decidida desde fuera. Es decir, el pago de deuda.

* Un Estado con Parlamento débil. ¿Pueden defendernos de ello los parlamentos? Como en todas las constituciones posteriores a 1945, los parlamentos locales no tienen una gran capacidad. Pero se reduce más aún vía selección de representantes, a través del sistema electoral y a través de una figura inexportable: el secretario de organización, el tipo que decide quién será diputado y quién dejará de serlo, el tipo que bonifica o penaliza comportamientos. Sobre el concepto bonificación: sabemos muy poco —lo que es escalofriante— de los ingresos de nuestros representantes. Ejemplo: la presidenta del Parlament esbozó, para descartar un recorte salarial a su egregia institución, que un parlamentario cobraba 3.000 pepinos mensuales. Y coló, si bien un parlamentario cobra entre 4.000 y 8.000 euros anuales exentos de IRPF solo en concepto de transporte —a su lado, nuestra T10 es una bicoca—. Los sueldos van desde los alrededor de 160.000 euros que cobra ella, los 150.000 que cobra una treinta de sus presididos y lo que cobra el resto, que es variable pues el sueldo lo deciden los jefes de grupo; el 30% suele ir al partido. Ese sistema de recompesas y castigos puede ser una de las explicaciones del escaso conflicto que crean nuestros representantes en el trance de votar, pongamos, la contra-reforma democrática, a través de leyes y presupuestos.

* Un Estado corporativo. Si un representante pasivo puede ver cambiada su economía, un político hiperactivo puede ser ya Califa en lugar del Califa. O, al menos, que el IBEX esté formado abrumadoramente por empresas reguladas, ilustra que, por aquí abajo, el Estado y la empresa tienen un rollete. Verbigracia: la cantera de los consejos de administración de sectores regulados —el top: energía, banca y comunicaciones—, es el Consejo de Ministros, o, en el caso David Madí, soberanista de pro, los pre-Consejos de pre-Ministros. La imbricación de la empresa en el Estado es tan retorcida que se adentra en el género sucesos. Los casos Bárcenas, Ferrovial o Pujol jr. dibujan la venta de políticas a cambio de dinero. El ultimísimo rescate de la banca más sólida del mundo, la no reforma de la Ley Hipotecaria y la ultimísima Reforma Energética, que ha hecho sonrojar hasta a la UE —robot que nunca se sonroja—, ilustran que la disciplina se está intensificando, y que tarde o temprano acabará llamando la atención de Scorsese.

* Un Estado irresponsable jurídicamente. Paralelamente a la renovación del business friendly en nuestras instituciones, la irresponsabilidad del Jefe del Estado, en 35 años, no sólo no se ha acotado, sino que se ha expandido a la clase política, que culturalmente no se ve responsable de sus actos. Algo problemático en un momento en el que, muerto el ladrillo, la gran fuente de riqueza de nuestras empresas es la venta del Estado a las empresas. La escasez de condenas, el aumento de indultos, el rol de Perry Mason que está adoptando Fiscalía Anticorrupción o que el segundo intento de imputación a la Infanta tenga el grosor de una novela del XIX, explica lo difícil que es —y será— someter al control de la Justicia a miembros de la gran famiglia del businessfriendlysmo.

* Un Estado autoritario, nacionalista y confesional. La contra-reforma laboral estaba dictada por entidades no democráticas externas. La Ley de Seguridad Ciudadana, la ley Wert o la Ley del Aborto, no. Son preciosismos a-democráticos locales. Es decir, implican cierta voluntad más allá del deber fijado desde Europa. La Ley de Seguridad supone que, para evitar el conflicto y elaborar cohesión social, el Estado renuncia a costosos mecanismos culturales, ya amortizados, y apuesta por la represión y el control. ¿Pueden los Estados Unidos de Europa permitirse un Gran Estado de Texas? Respuesta: tal vez, mientras pague la deuda.

Las otras dos formulaciones de la poca soberanía existente —lo de Wert y lo del aborto— suponen el planteamiento del nacionalismo —único tema de discusión permitido en los últimos 35 años—, y de la confesionalidad —intento de tema de discusión substitutivo, introducido por ZP—, como los dos únicos ejes de fricción política posibles. Lo único matizable, el combate, la ideología, la calderilla del nuevo/viejo Régimen. Lo demás, me temo, está fuera de discusión. Suerte, amigos.



[Palabra de Mono Blanco]


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Rajoy habla en verso

Constantemente. Lo que pasa es que no nos damos cuenta. Igual que Aznar habla idiomas en la intimidad, Rajoy hace poemas para sus adentros, para su propio gusto. El vate galego, le llaman hasta en el Consejo de Ministros, porque enfrentado a una pregunta, no amaga con repreguntar como otro galego, sino que en el caso del presidente –siendo de Santiago–, devuelve respuestas muy singulares –aseguran–, abundantes en ripios. No es la primera impresión. Hay que caer en la cuenta del chispeo de la barbilla y la intensificación de las pupilas. Es imperceptible, pero si en Mariano la mirada es viva, hay una copla en la nuez.

Contrasta este fenómeno con el pasado de castañuelas del joven político Alfonso Guerra, en una Sevilla donde tutti quanti elaboraba poesías, más bien recitables, aunque de calidad desconocida. Guerra explicaba que cuando un colega de la época se aproximaba con una mano en el bolsillo (como para agarrar el Colt), él entonces -por si acaso- reaccionaba más rápido, es decir, volteando velozmente sus dos palmas sobre los laterales de la chaqueta:

– Si me lees, te leo.

Mariano pertenece a otra cultura, a la galaxia celta, alejado de la zapatiesta y el bullicio sureños. Ni foulards ni americanas de pana. Por estar lejos, no hace falta ni que pergeñe la “o” con un canuto, ni que declame nada, y menos ante un micrófono. ¿Un simple comentario político después de una comida copiosamente regada con, diríase, un buen Rias Baixas? Pa qué. Lo mejor es una redondilla. Tanta poesía es una revelación, pues dirime un monólogo permanente con Becquer, o quizá con Campoamor, o, porqué negarlo, con Rosalía de Castro. Tras el análisis meticuloso de sus tics, vemos que tiene una flor en la gola y versifica en secreto. Una saeta directa a la Macarena en la Semana Santa hispalense es la estratosfera para él. No, al presi, cualquier detalle le sugiere un sonetito, un endecasílabo, una balada.

Lo malo es que no lo oímos, porque todo es introspectivo. Los ciudadanos deberían estar al tanto. Mariano se explaya más en Moncloa, donde una vez abrió los labios para farfullar (y aquí hemos de ocultar la fuente):

– Doméstico, abre esos pinos, corre esos linos, para que entren los céfiros matutinos.

Hay más cosas reseñables, como el almuerzo de unas lentejas marrones que cocinó y que se le empacharon:

– Condimenté unas atrevidillas, sus efluvios subieron, y mi humanidad se postró…

Apenas verso libre, verso blanco, y tiene mérito. Rajoy maneja una métrica importante en un hombre de su talla; pero entre las gentes -en el prosaico universo audible- sus dotes líricas quedan escamoteadas. Le hemos descubierto el truco.

En cambio, Alberto Ruiz-Gallardón va aviado, y no es por el perfil rasante del pelo (a lo sargento de la extinta guardia mora de…). Son diferentes. Se parecen como un huevo a una gallina. Si Rajoy trova discreto, Gallardón lanza fuego por la boca cada vez que habla. Desata un incendio en cada intervención suya, en cada idea que promueve, en cada ley que saca de donde le sale, y vaya, que -asi Deus me leve- es un enigma cómo consigue despistar a la parroquia. Ser Ministro de su majestad le ha servido a Gallardón para disimular el enorme agujero de las finanzas capitalinas, como en la historia clásica del perro de Alcibíades, donde Alcibíades, con su machete afilado, corta la jovial cola de su perro en el ágora. Ante el sangrante y absurdo espectáculo, los rumores y comentarios de la plebe saltan por doquier, alejándolos así de los problemas socioeconómicos reales provocados por ¿quién sinó? Alcibíades. Pues bien, hoy desviar la atención del gigantesco socavón económico de Madrid al precio que están exigiendo los incendios sucesivos de Don Alberto, a cual más animal, no parece una parábola, ni siquiera una bola, más bien es una gruesa tomadura de pelo (que, por cierto, nos afeita más que el cráneo), y un pelotazo político de la escala del Obradoiro.

Y otro día hablamos de Fernández y Fernández.

[Palabra de Mono Blanco]


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BEHR

Basado En Hechos Reales (B.E.H.R.), es la apelación más simpática del oficio de la prensa a su cometido, es decir, a todo lo que eventualmente entrega para su difusión pública, pero sobre lo que -de todas maneras- planea siempre aquella instrucción supuesta de las escuelas de periodismo: Nunca dejes que la realidad te estropee una buena noticia.

El artículo de Xavier Vidal-Folch en El País de 17-X-2013 suena tan verídico que uno, muy alejado de lo último, se siente arrastrado a otro tópico, pero esta vez del gremio de los artistas, o mejor, de los magos de chistera y conejo dentro: ¿la ficción es más real que la realidad?

Discutámoslo. Cada vez que nos ponemos serios hemos comprobado que el verdadero problema de España es Madrid, no Cataluña, y Vidal-Folch lo explica con un estupendo texto, tangible y directo, tanto que proporciona cosquilleos en las manos, haciendo honor a las llagas (¡tópicas!) de Santo Tomás: datos, razonamientos y amenas figuras verbales. Realidad descarnada. Hora de decidir, behr.

Xavier Vidal-Folch, El País 17-X-2013

Aznar contra MadridLa herencia del imperio es ruinosa en Iberia, Barajas, AENA, Bankia y las radiales

Todo empezó con la faraónica T-4 de Barajas, proyectada en 1996 al aterrizar José María Aznar en el Gobierno. Debía ser el aeropuerto más grande del mundo, con un millón de metros cuadrados: y a fe que lo fue. Debía costar 1.033 millones de euros, y al inaugurarse en 2006 se habían invertido más de 6.200 millones, los dos mil últimos en etapa de su sucesor: ¡un sobrecoste del 600%!

La gran pirámide se entregó casi entera para su explotación a la compañía aérea de bandera, Iberia, privatizada a bajo precio por el Gobierno Aznar en 1999. Entre los compradores de Iberia destacó Caja Madrid, que se hizo con un paquete del 10%, progresivamente aumentado hasta casi el 24% en 2007. La operación fue auspiciada por la (liberal) presidenta y ex ministra de Aznar Esperanza Aguirre para afianzar el éxtasis (público) radial de la capital.

La ejecutó el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, puesto en el puesto en 1997 en su calidad de compañero de pupitre de Aznar como opositante a inspector de Hacienda. Blesa fue eficaz. Logró con ímprobos esfuerzos reducir a basura la caja de ahorros que Jaime Terceiro había convertido en una gran entidad, rentable, respetada y competitiva con La Caixa. Ni siquiera Rodrigo Rato logró enderezarla.

Resultado: a final de 2012, figuraban en el balance de su sucesora, Bankia, 24.500 millones de euros de dinero público. Los pagamos todos, catalanes y europeos incluidos, pero además los madrileños se arriesgan a quedarse sin su entidad local emblemática. Dén gracias al aznarismo.

Bankia acabó vendiendo su paquete de control en Iberia, ya fusionada con British Airways en IAG. Esa fusión quizá no fue mala operación, pues garantizó al menos la existencia temporal de Iberia. Pero ninguna de las conquistas prometidas. Mera y mísera sucursal, incapaz de atender a los latinoamericanos emergentes, su supuesto mercado natural. Tampoco garantizó su pretendida “españolidad”, ese lema cursi del nacionalismo proteccionista español, un falso liberalismo castizo. Porque dilapida dinero a borbotones. Iberia registra hoy 1,7 millones de euros de pérdidas diarias; en el primer trimestre del año la holding perdió por su culpa cinco veces lo que en igual período del año anterior.

Y es que la T-4, e Iberia, son un erial. ¿Por qué? ¿Quizá porque las tarifas aéreas que impone AENA a Iberia sean excesivas? Pero el caso es que AENA/Aeropuertos —pata clave del complejo imperial/radial— pierde dinero, 75,7 millones en 2012, y exhibe un déficit de tarifa de 250 millones anuales. ¿No será culpa del centralismo transfranquista que modeló el modelo aeroportuario monopolista, hostil a la competencia privada y local, que solo practica ya la transoviética Rumania?

Quizá ocurre que ha bajado la afluencia de viajeros y visitantes. Pero, ¿por qué? Esta está siendo la mejor temporada turística de la historia en toda España. Pero la afluencia de visitantes a la villa de Madrid se ha reducido un 7,7% en los primeros ocho meses de 2013, y un 22,2% en el mes clave de agosto. Acaso si el presidente Ignacio González se ocupase de un turismo sobre el que ejerce competencia plena, en vez de a proponer referendos patrióticos o a comprar áticos en Marbella; o si la alcaldesa Ana Botella, digna socia de Aznar en Fazmatella, SL, desplegase encantos más allá de sus esfuerzos en Madrid-Arena o tomando cafés-con-leche, se explotarían mejor los innegables atractivos de la capital. Pero nada de nada. Cero aznarero.

O quizá porque Iberia (y pues, Barajas) sigue secuestrada por sus pilotos. Su convenio le impide ceder la T-4 (¡que es de AENA!) a vuelos y compañías baratos (Iberia Express)… esos con los que ha tenido que sobrevivir El Prat —y superar a la capital—, un aeropuerto convertido en cenicienta al abandonarlo Iberia pese a cebar la única línea rentable, el puente aéreo Barcelona-Madrid, ese monopolio incapaz de reaccionar a la nueva competencia del AVE. Qué entrañables los ministros de Industria y Fomento correteando por el mundo para salvar el complejo madrileño… todo lo que nadie hizo cuando su rival se hundía.

Tal vez la cuádruple ruina encadenada Barajas-AENA-Iberia-Bankia no sea letal para el macizo de la raza económico de un Estado endogámico que habita en el aislamiento tibetano, según describió Agustí Calvet, Gaziel. Pero lo es para sus vecinos, y los amigos de sus vecinos. Como lo es la ruina de las autopistas radiales de Madrid y sus hermanas (260 kilómetros), también criaturas de Aznar y Aguirre: mal diseñadas, al competir mediante peajes con vías gratuitas y al acoger un tráfico que resultó menos de la mitad del calculado. Como el Estado asumía ese cálculo, ahora caen 3.600 millones de quiebra técnica sobre todos nosotros, madrileños y los demás.

Pero Aznar no es responsable, lo son las autonomás dilapidadoras, según su FAES… que todos subvencionamos. España iba bien, Madrid va bien y él, como Ignacio González, combate separatismos. Cuando no juega al golf a cuenta del erario.



[Palabra de Mono Blanco]


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No-me-lo-puedo-creer

Dos llamadas “fantasías morales” de Quevedo, el Discurso de todos los diablos y La Hora de todos, son sátiras lucianescas de característico tono jocoso-serio, aunque en su factura y creatividad superan al Discurso de todos los diablos o infierno enmendado (1628), publicado en algunas versiones como El peor escondrijo de la muerte.

Shakespeare murió el mismo día que Cervantes, insigne como Quevedo, lo que explica la audacia de la alcaldesa de la capital de España, Ana Botella, madrina de una Olimpíada creada por el asimismo célebre Coubertain e incondicional de Demóstenes, el gato (en unos dibujos animados muy antiguos). La dueña de Madrid acabó llevándose al huerto a Guillermo en la presentación de la candidatura, y aventurándose con su idioma sin que se le moviera el rímel. Pípel, que os conozco, oreja a the following.

Podía haber empleado el código de estas rayas, con perdón, cervantino.

¿Famoseo, bulla literaria, mera escatología, como en el mencionado “Discurso…”? En absoluto. Era que, en cuestión de lenguas, la Botella es más gorrina que gongorina, y más gongorina que quevedesca, pero hay deportistas que lo ponen en tela de juicio. Quevedo pergeña una variación en La hora de todos y la Fortuna con seso, donde ésta recobra el entendimiento y endosa a cada uno lo que merece, provocando transtorno y caos, con antelación al Quijote (la novela de Cervantes es un ‘sistema complejo’, según Paulson), es decir, justo el cisco que organizó la alcaldesa en fecha 8-IX-2013, y que ya se denomina en cualquier aula de inglés, o de esperanto, y, sobre todo, a lo ancho y largo de la Commonwealth, como perorata de la piedra.

La segunda muerte del poeta de Stratford-Upon-Avon, el hundimiento simbólico de Stonehenge, y el definitivo de Madrid, fueron un golpe seco, lo más parecido a un estertor de oca. El PP asegura que fue un leve graznar de cigüeña, como las aves que estas semanas sobrevuelan nuestra geografía. Un pedrusco. Hay polémica sobre las condolencias personales de García-Margallo al Foreign Office, olvidándose de Gibraltar. En sus tiempos, Valle Inclán declaró que había viajado a México porque se escribía con X. La alcadesa aparentemente viajó a Suramérica porque la BBC era, antes de Alvarez del Manzano o Gallardón, y de Messi, y de ella misma: Bruta Barbarie, Ceporros.

Ay, Jose Mari.

Francisco de Quevedo y Santibáñez no se desplazó nunca al tenebroso reino de Albión –los grandes pájaros migran a África–, y en el argumento del literato el padre de los dioses tornó las cosas a un primitivo desorden, es decir, las volvió del revés, como vaciar una botella y romperla en una despedida de soltero en Lloret, o, a sensu contrario, como volcar un café estrepitosamente en la Plaza Mayor capitalina.

Hipótesis apuntan a que aquella dicción era con chivato, o sea, que la munícipe con más desparpajo de España llevaba auricular acoplado. Tenía al marido online. Cuidado que Aznar habla idiomas en la intimidad, y que nos referimos a una pareja políglota, empezando por Anni Bottle. Lo del equipamiento tecnológico sofisticado puede ser demagógico, eso sí, porque el oso y el madroño deben entre los dos 9.000 millones del ala (regalo de Alberto el Fuerte) y nadie está ahora para software ni para hardware (adminículos, imposible, dado que termina en “culos”, y la alcaldesa no tolera las palabras “pipí” y “caca”), y porque a estas alturas, cualquier hijo de vecino –es decir, excluyendo a los genios del Siglo de Oro– domina los gadgets, y lo de “¡yo no soy tonto!”.

En fin, es dudoso lo del pinganillo, aunque es totalmente cierto que la alcaldesa ha ordenado colocar ropa interior a mis pobres congéneres del zoo de Madrid: no quiere que los nenes estén “viendo genitales todo el rato”.

(Sigue transcripción fonética, y no-me-lo-puedo-creer)

Zanquiu Ignacio, Presiden Rogue, diar állosi members, leidis an yentelman. Ai jaf de chans tu espic tu meni of yu in praibet conberseisions an olso in ar presenteisions in San Petensbun an Ilosan.

Ai mas set, ai lai tu continiu ar frensip an francli, ai don guon dis tu bi aur las chans tu espic tu ich oderrr.

So let mi tel yu e litel morr abaut mai biutiful jomtaun Madruid. Madrid is uan of de moust cónfortabel, charmin an inbaitin sitis in de guorlt. Yast laic olf Espein, Madruid is an ameisin mitchur of tradisions. Yu can si, fil an teist de guonder of espanis colcher. In Madrids parcs its fud, its art an is arquichercher.

Perjaps dous of yu ju jaf bisitit Madrí sheeeer dis filin. Güi jaf bin guorquin jart for meni yiers, so ar guest olmost eit milion ich yier, fil at joum.

A most importantli, Madrid is FAN. De olimpic gueims ar not ol de selebreision of esport. Dei ar olso a selebreision of laif. An ai ausur yu no guan selebreits laif laic de espanis pipel du.

¿Der is nazin cuait laic e relaxin cap of café con leche? ¿In Plaza Mayor? Or e cuei romantic diner in el Madrí de los Austrias, di oldes part of Madruid.

Dis expirienses an so mach mor an de jart an soul of Madruid.

So, leitetudei juen yu ar condiderin yuar chois for tuenti tuenti, ai joup yu rimember dat in adision tu de best preper plan, Madrí olso ofes yu e siri ful of calcher, FAN an güelcamin pipel.

De mayic of Madrí is ruiel an güi guon tu sher it güiz ol of yu. Muchas gracias.



[Palabra de Mono Blanco]


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El caos de la Politécnica

La UPC, la Universidad Politécnica de Cataluña, es, vamos a decir, nuestro MIT (Massachusetts Institute of Technology), cuyo original visitó en América el señor Artur Mas no hace mucho, instando a los catalanes a emularlo amb il·lusió. Claro que el president no había estudiado allá ni en sueños –los procedimientos de admisión son rigurosos–, ni tiene la más repajolera idea del funcionamiento de las instituciones educativas bostonianas, ni de su seriedad, ni, sobre todo, del debido respeto a sus estudiantes y profesores. Tanta pretensión seria actualmente un bombazo.

En todo caso, en sentido culto y periodístico. Cotejo que no impide ver que en este supuesto uno de los primeros terroristas no es el Rector de la UPC, físico nuclear torpecillo que ha intentado la multiplicación del euro por fisión tras padecer un haz de recortes supersónicos por parte de la Generalitat. Los responsables de ésta son quienes torpedean la universidad pública a la que dicen servir, hoy por hoy una nave de los locos, y por ello lo comentamos; la cual de facto navega, navega o lo intenta. Algunos observadores incluso afirman que la UPC satisface tres condiciones que ha de cumplir un barco: flotar, flotar y flotar.

Docentes y alumnos hacen virguerías en dedicación para salvaguardar la dignidad de la institución tecnológica del país, dignidad que un par de delincuentes (en sentido etimológico: véase artículo anterior “Gángsters”) está acabando de rematar. Efectivamente, parecen locos de remate los tripulantes de a bordo de esta UPC que aún resisten la ola de siniestros legales, burocráticos y sobre todo, de mando, que los ahoga. En el fondo hay un personaje silente, un Neptuno barbado y maligno (le falta la forca, y su fisonomía hace el resto), tapado de la universidad privada y liberal, que antaño era un pecio abundante en corales, pero ahora decae herrumbrosa y con algunos peces pastoreándola, especialmente en escuelas privadas de arquitectura. Es lo que tienen las burbujas (financieras). Solución olímpica: pinchar -estoquear- a lo que queda de la susodicha, y trasvasar masa a los bancos, aunque aludamos metafóricamente a los bancos de peces; es decir, trasvasar alevines a la universidad privada, pero –feo detalle– empleando no sólo triquiñuelas sino algo prohibido en el arte de la pesca, ya sea a la almadraba o al curricán: las cargas de dinamita. El señor Secretario General de Universidades, Antoni Castellà, está echando el bofe, precisamente, contra todo lo que de lejos, pero que de muy lejos, se parecía al MIT, es decir -en este hilo de razonamiento-, contra la Universidad Politécnica de Cataluña.

Se da la circunstancia de que dicho prócer se había camelado al magnífico rector de la UPC con instrucciones precisas para despedir, echar a la calle, a un monton de personal, y no exactamente funcionarios barrigudos, sino a profesores contratados, es decir, el no va más del “modelo” de la U al que la propia Gene aspiraba hace muy poco; tal medida, insistimos, aun a sabiendas de que el cartucho iba a representar un 0,0000001 % d’estalvi en el tesoro, el cual, si nos ponemos, parece custodiado por piratas. Hay rumores de que en el interín el conseller Andreu Mas Colell bailaba con el sobrecargo del navío, curiosamente éste aun más loco, o bien bipolar, pues hablamos de un Director General de Universidades que por carrera pertenece a la Politécnica (Sr. Jofre, ¿bebiendo en la sentina?). Y tot això con Mas Colell marcando paso en cubierta como un Minnesoto firme, recio, potente, con lo que se comprueba que en USA la cultura del Middle West es baja. En Minnesota ignoran que la mascota representativa de Boston es una langosta, y mucho menos percibirán que cada verano nuestro naviero supremo, Artur Mas, se jala una ídem en formato ‘caldereta’ en Fornells (Menorca): es lo más atento a la filosofía del MIT que ha estado el president en toda su vida.

Por consiguiente (como diría Felipe González): no emulemos lo que no podemos emular, Sr. Castellà, cambie el chip de su patrón máximo, emocionado quizá con los EEUU. Aunque, ojo, tampoco venda platos de lentejas a los rusos, porque, entre otras cosas, los platos no son suyos. Nos referimos a otra de sus inteligentes iniciativas, que consiste en vender a una cleptocracia de nuevos ricos -que se ha apoderado del Port Vell- la entidad más antigua de la UPC, la de más solera, la más enraizada en el imaginario de la ciudad entre las instituciones educativas, como es la Facultad de Náutica de Barcelona y su elegante edificio en el puerto. Medios de comunicación sensatos, historiadores de la ciudad, periodistas de todo signo, profesionales portuarios, además de variadísima gente de a pie y de seny, sin mencionar a asociaciones de vecinos, se han manifestado contra esta postrera barrabasada suya, última picada de su tridente en unas nalgas ya enrojecidas, ay, como las de todos los barceloneses.

[Palabra de Mono Blanco]


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Ho esto ho lo otro

O bien TVE o bien TV3, ya funcionando ambas, a su modo, como Telemadrid en sus mejores momentos, lo predijimos en estas páginas: en vez de senyeres, sólo salen estelades en la televisión oficial catalana. Birrioso dilema conceptual el de tener que ser o nacionalista españolista (madrileño) o nacionalista catalán. Intelectualmente, una disputa a la altura de las cloacas. Lo vaticinamos. ¡Si es que las ideas de esta gaceta cultural no son tan exóticas!. Tiempo atrás publicamos un artículo para intentar salir de esas coordenadas absurdas que se titulaba “Madrid, la culpa de todo”, por el que recibimos críticas, pero cuya versión galaica acaba de surgir ahora y nada menos como libro, de encabezamiento suave, es cierto, pero con un contenido fabuloso que remacha las alusiones de la maliciosa Barcelona: “Madrid es una isla” es el título que comentamos hoy (Libros del Lince). Se trata de un discurso interesantísimo producido por un señor gallego de Vigo, Oscar Pazos, quien apuntala el sentido de nuestros razonamientos de entonces, y suelta perlas como las siguientes:

“La hipercapitalitzación de Madrid ha tenido un coste enorme, que es la supremacía de la política en España [...]. El resultado es la debilidad de una economía subsidiada e improductiva, el fomento de una cultura funcionarial y adocenada, y de una sociedad carrinclona, apática e inerte que ha contagiado a un país subordinado y dependiente del poder”.

El juicio de Pazos, sumarísimo, es que el fracaso de España, como estado y como proyecto, es atribuible en primer lugar a su capital. Pazos se expresa con sosiego; nada de una supuesta envidia o rencor de la periferia peninsular, sino desde una población que no es capital ni lo ha sido nunca, y por tanto con una perspectiva más que correcta. Sin perjuicio de que, en nuestra opinión, Vigo –como Barcelona, o como Huelva– pudiera ser políticamente relevante en España si –en la ejecución hipotética de soluciones drásticas y alternativas para el país– se descentralizaran parcialmente, o territorialmente, muchas de las funciones estatales apelmazadas hoy en la capital.

El autor en ciernes aventura que los madrileños no entenderán ni jota del libro, porque llevan disfrutando de prebendas demasiado tiempo, por la cara, porque sí, por el hecho de ser el ombligo político del reino: ellos sienten en sus íntimos fueros que no hay que dar explicaciones de nada. Para los madrileños-madrileños, subraya nuestro autor, el libro ha de parecerles un incunable escrito en arameo, un libelo indescifrable, o en todo caso algo similar a la parábola de un país imaginario presidido por un monarca loco. Ceguera de allí incomprensible en el resto de España, y mucho más en Cataluña, y por eso nos regocijamos al vernos acompañados por alguien más en el club, en efecto, nuestro amor por Galicia en estos instantes es inconmensurable; es un placer comprobar cómo, al margen de controversias que nos devuelven a riñas pueblerinas del siglo XIX (regresión en uno y otro bando: propaganda TVE y TV3), hay quien ofrece nuevas reflexiones, frescas, diferentes. Respiramos.

Oscar Pazos (¡y que viva Vigo!) primero analiza y después desmenuza y razona, pues los fenómenos tienen su lógica. Y el origen de Madrid como capital del imperio también. “A Felipe II, convertir en capital Madrid le permitía construir un estado absoluto sin tener que dar explicaciones. Era un dispositivo fácil para sustraer poder a las ciudades, y administrar territorios extensos desde su retiro. Construyó su pequeño mundo desde el que gobernaba en solitario” Madrid es, en su arranque urbano, un retiro como lo fue después Versalles para los Borbones franceses. Sólo que –la petite difference- Versalles no sustituyó a París, pero Madrid sí sustituyó a Toledo.

“Hay un momento clave en el siglo XIX en que la corte se transforma en una capital”. Claro, siempre a partir del drenaje de recursos de la península, básicamente en lo que hoy se llamaría “fuga de cerebros”. Si las cosas pasaban indefectiblemente por Madrid, todo el mundo había de dejarse ver por allá, e incluso quedarse. “El negocio de Madrid es acumular poder”, sentencia Pazos.

El dibujo de la España radial al servicio del centro ha sido analizado recientemente por Germà Bel en su “Espanya capital París” (La Campana, 2011) -impecable en los datos, pero a veces parcial en las estimaciones-. Nuestro autor de Vigo es neutro, va más lejos y muestra cómo la pujanza económica madrileña es fruto de decisiones que tienen poco que ver con el interés común. “En el siglo XIX, se intentó llevar la industria a Madrid; el hierro, el ferrocarril, las armas, porque el poder siempre quiere tener cerca los recursos para mantenerse y volverse aún más poderoso. Igual que un capitalista pretende acumular dinero, el capitalismo político de la capital de España quiere acumular poder y más poder”.

Lo raro del caso descrito por el ensayista gallego es que Madrid vela por su estatuto únicamente. La región que la engendró, Castilla, ha sido la primera víctima de su rapiña, el primer cadáver del expolio despiadado de la capital. “Madrid no nació como una capital española, sino como una capital de los Austrias. No tenía ningun vínculo o interdependencia con Castilla, como París sí lo tuvo con las tierras de Francia: Madrid era un invento de geómetra, en cierta medida similar a lo que hoy es Bruselas como capital de Europa”.

Los viajeros del siglo XVII, prosigue Pazos, se sorprendían al toparse con una ciudad enmedio de la nada, enmedio de una meseta con apenas población. El crecimiento de Madrid tendía en efecto a arruinar lo poco que hubo a su alcance, sin miramientos, como un animal –hoy un monstruo urbanísticamente hablando– de apetito insaciable e implacable. “Madrid nunca tuvo consciencia de la responsabilidad de su dominación, ni de la responsabilidad de ninguno de los fracasos de España”. Viene a decir Pazos que hay un adormecimiento genuino de Madrid, que hace que cualquier desgracia experimentada por el conjunto político al que supuestamente da cabeza, a nivel del estado, les pase un poco por encima, o “les resbale”. La culpa por los infortunios españoles nunca es de Madrid.

Pazos, por otra parte, y en esto hay que detenerse, considera que las autonomías han repetido los mismos errores crasos de la actualmente capital -que podría no serlo-; lo que concuerda, dado que la tesis es idéntica, con el artículo ya histórico de esta revista. “Al crearse las autonomías se crearon mini-centralismos, como el que vivimos en Galicia con Santiago. Las inversiones se mueven hacia donde están los políticos”. Y este esquema de funcionamiento explica también el estallido de la corrupción. “Un sistema centralizado del poder siempre favorece la corrupción y la ineficiencia”, constata el autor.

Idónea y especialísima es esta última consideración de Oscar Pazos para alejar los fantasmas más cándidos del nacionalismo catalán, que puebla los medios y la prensa patria en Barcelona y alrededores, y que ha menester seguramente de otro argentino (¡uno más!), descontando al Papa y a Messi. Alerta, necesitan un buen psicoanalista que les explique porqué Cataluña cuando dice amor quiere decir sexo y quizá desee independizarse definitivamente de Madrid-Madrid (¿no lo deseamos todos?), pero quizá haya otras maneras de que Cataluña se relacione inteligentemente con sus vecinos (vecinos de rellano, no lo olvidemos), es decir, con el resto de lo que ha venido en llamarse geográficamente las Españas, o Hispania, o Spain, etc. Para sintetizar, para acabar y para entendernos: no podemos concebir una imagen más ridícula que un catalán viajando a Menorca o a Mequinenza, por ejemplo, con el pasaporte en los dientes; y en consecuencia, tal como se adivina en este libro, hay aire, hay espacio, hay oxígeno para discusiones y debates, etc., fuera de la biunívoca, obligada y patética oscilación a lo bestia, a lo bruto, entre Cataluña y “España” (sin la más mínima decencia cartográfica).

Mentecatos de uno y otro bando: ¿pero qué es España? Y a los periodistas de TV3: ¿no os dais cuenta de que en los boletines meteorológicos que vosotros mismos difundís sale el mapita dels Països Catalans incluyendo Valencia y las Baleares? ¡Obvio! ¿Porqué independizarnos de ellos, si son nuestros hermanos (por cercanía y por lengua)? El problema es expulsar a Madrid, no a España. Habéis conseguido que todas las tierras ibéricas próximas -nuestros aliados naturales- nos odien…

[Palabra de Mono Blanco]


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Gángsters?

Rompiendo el hábito de esta publicación amparada en la compostura y la letra de los artículos -voluntariamente sin ilustraciones-, he aquí la imagen de dos personas excepcionales por su erudición y sabiduría. Seamos francos. Excepcionales, pero a la manera de los gángsters en el sentido de que nadie sabe donde están, aunque la pareja –como Bonnie & Clyde– sí lo sabe… ¿Puntales de la cultura? Dos desharrapados no son: son políticos de lujo en la órbita de CiU y cortejados por la empresa privada, que han aprendido cosas, concretamente (y de memoria) la doctrina de Rajoy; es decir, resabiados que no aparecen cuando más se les busca.


Libres y quizá dañinos, Antoni Castella y Lluís Jofre, Secretari d’Universitats y Director General de las mismas, respectivamente, cobran sueldos públicos de los cuales no se tiene conocimiento, pues no hemos llegado a la saciedad del conocimiento (por la que la colectividad intenta averiguar qué diantre cobran los altos cargos). A tot estirar, tenemos información sobre un mini-Eurovegas al lado de Port Aventura, y, no obstante, este par de individuos, en cuyas manos descansan sofisticados proyectos de país, permanecen escondidos sin soltar ni mu, por cierto, ante el desmantelamiento inminente de la Universidad Politécnica de Cataluña, el estandarte del desarrollo tecnológico catalán, la promesa de nuestra juventud más dinámica y emprendedora. La UPC debiera ser nuestro MIT si continuáramos con la glosa de Massachusetts realizada por el President hace bien poco, que no continuamos, of course, porque las comparaciones son odiosas, además de abominables, pues la Generalitat amaga con dejar ir a la referida institución por una pendiente más inclinada que las del Dragon Khan; esto es, en dejarla ir a la bancarrota.

La que está cayendo, y los interfectos silban distraidamente como pajarillos; es que son unos intelectuales… Nosotros somos unos estúpidos, además de monos, pero hay escasas dudas de que estos dos prófugos forman políticamente un gang, estos dos son delincuentes (en el sentido etimológico de la palabra *). Los retratados arriba son la pareja más buscada de Cataluña en el denostado campo ‘académico’, epíteto más gastado que la goma de borrar, es verdad –concedamos que los adjetivos son arrugas del estilo, según Alejo Carpentier–, pero insistimos: estos dos cracks del seso y fomentadores de la ciencia son reos de desinformación, con alevosía, con ensañamiento, con peligrosidad y prolongación inhumana de la pena de la víctima (toda la sociedad catalana). ¿Dónde demonios están el Director General de Universidades de Cataluña y su adlátere socio (de ESADE), el Supersecretario?. Que emerjan a la superficie y digan algo presentable, incluso retórico, por favor, al menos sobre el derrumbe del foco tecnológico mínimamente decente que queda por estas latitudes; que hablen ya, que peroren, aunque reciten letanías, epitafios…

(*delinquere: obrar por defecto, dejar de cumplir una norma por abandono)

[Palabra de Mono Blanco]


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Barcelona capital

La moderación es languidez y pereza del alma, como la ambición es su actividad y su ardor, afirmó una vez La Rochefoucauld. Así, a nosotros el proyecto de independencia de Cataluña nos parece la rechifla, timorato y corto de vista. (Es decir, una apuesta de saltataulells e industriales de vuelo bajo. Un florero pujolista con plantas mustias, el agua amarillenta y una letra de Banca Catalana pegada al borde con celo; una pretensión caduca, la aspiración de una pedanía, el sueño de una banda municipal que toca a Wagner sin trompas, ni timbales, ni contrafagots. Solo con los cornetines de la cobla.)

La ambición nunca ha sido lo nuestro, y sin embargo, ¿de dónde salió el desperta ferro, collons?. Que se levante Pedro III de su bañera de pórfido en Santes Creus, y grite un improperio de los suyos (en italiano, francés, o catalán) al oido de estos politicastros de ateneo. Pedro el Grande venció al rey de Francia, se quedó con Sicilia, conquistó Túnez, sometió el Mediterráneo y, fundamentalmente, le puso imaginación y agallas al asunto. Permanecer calladito en el cauce del Ebro, por el lado de aquí, y, en el costado de mar, no más lejos de las islas Formigues, que están delante de nuestras propias narices (donde cayó derrotada la flota francesa) es ridículo, inconcebible, ignominioso. ¡Pensemos a lo grande, como nuestro rey Pedro!. Los catalanes merecemos empresas importantes, ya puestos. Unos gramos de creatividad y hasta de avidez son de rigor. Sin exigir vasallaje medieval al resto de la península, pues los tiempos han cambiado; pero la solución es simple, llana, perogrullesca, tonta. Barcelona, capital de España, tout court y tot solucionat.

Ya se flirteó con esta idea en 1888, con ocasión de la Exposición Universal. Nada nuevo.

La verdad es que estos confines actuales de Cataluña son una birria comparado con lo que podemos conseguir si expandimos nuestros intereses, nuestro savoir faire. El horizonte es dilatable como nuestras fronteras, y está al alcance si nos constituimos primero en capital del Estado, y luego ya veremos. Organicemos una macromanifestación, pero a nivel ibérico. La gente está harta de Madrid. Además, siendo Barcelona capital de España, la devolución diplomática del Rosellón –que es nuestro– sería aparentemente más fácil. ¡Pero cómo no se le ha ocurrido a nadie! Incluso a Portugal, siempre reacio a todo lo que venga del oso y el madroño, le caería simpática la idea de integrarse en los nuevos dominios de ‘Barcelona’, no lo olvidemos, una marca actualísima.

Más consecuencias: el idioma castellano (un software muy potente que se extiende en red) y todas sus tecnologías derivadas pasarían a tener de nuevo su centro en Barcelona, de donde nunca debieron salir. Es absurdo que un lugar que hace sólo cuatrocientos años era un villorrio (Madrid) se quede con los beneficios mundiales de la explotación de una lengua milenaria. El castellano –artefacto abstracto, refinado, sin nada genuino de Madrid– merece hospedarse en una ciudad con una civilización a sus espaldas, y con lengua propia.

Elucubremos, pues, echándole valentía y pragmatismo. Consigamos sobrepasar el vallado de nuestro huerto. Siendo BCN la capital, además de tener la llave de la caja (el Ministerio de Hacienda estaría en el Paseo de Gracia), nadie nos negaría una pluralidad de cosas, como, digamos, préstamos a largo plazo de unos cuadrillos del Prado, cuyo patronato estaría ahora en la Rambla (operando por Internet). “Que se consiga el efecto sin que se note el cuidado”, nos comentaríamos sonrientes entre nosotros, mientras, mica en mica, la sala abovedada del Palacio de Montjuic –la más grande de Europa– se iría llenando con todos los Rubens que hoy guarda el célebre museo de los Austrias. ¿Podemos imaginarlo? ¡Sí!

[Palabra de Mono Blanco]


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El rey de la tochana

(Septiembre 2012)

Josep Ramoneda ha escrito un lúcido artículo (El País, 11-IX-2012) que resume el state of the art de la realidad catalana más puntera e innovadora, definido por un nuevo proyecto de futuro. Cataluña high-tech. Es a lo más a lo que aspiramos con estos políticos.

Del fuego a las brasas

De Sheldon Adelson a Enrique Bañuelos, salir del fuego para caer en las brasas: El Gobierno de CiU tiene una innegable querencia por el capitalismo mafioso. De Massachusetts al modelo valenciano Zaplana-Camps, pasando por Las Vegas, una trayectoria descendente donde las haya. El presidente Mas convirtió en proclama que su Gobierno quería ser amigo de los empresarios. Sí, pero hay amigos y amigos. Y, finalmente, por sus amigos les conoceréis.

Cataluña acababa de librarse de Eurovegas, vale. Mucha gente experimentó alivio; nos quitábamos de encima un proyecto contaminante, que se movía en territorios fronterizos entre el negocio canalla y la opacidad delincuente, que pretendía instalar un espacio de excepción legal en plena área metropolitana de Barcelona. Todo ello desde la arrogancia de quien se sitúa por encima de la ley y exige a los Gobiernos que se pongan a su servicio.

Que Eurovegas vaya a Madrid es una buena noticia para los catalanes, y una mala noticia para nuestro Govern, que se implicó más de lo razonable en el cortejo del inefable Adelson. Con el acompañamiento de distinguidos miembros de la llamada sociedad civil, el Govern se arrodilló a los pies de un individuo cuya biografía ofrece de todo menos honorabilidad. Afortunadamente, el proyecto no prosperó. Se entiende que el Govern se sienta despechado después de haber jugado fuerte por un proyecto en que ni siquiera en su seno tenía unanimidad. Pero, del ‘no’ de Adelson, el Govern habría podido extraer una conclusión positiva: el empresario americano ha preferido un sitio —Madrid— en el que intuye que podrá hacer y deshacer a su antojo. Es decir, el Govern podía argumentar que Adelson desiste del Principado porque le era imposible conseguir todo lo que pretendía. Perfecto. Sin embargo, en su frustración, Mas y sus consellers han preferido improvisar otra puesta en escena, otra movida. Y han encontrado al broker Enrique Bañuelos como bufón. Cabía esperar que el Gobierno catalán recuperara sus acentos iniciales. Que para contrarrestar Eurovegas reimpulsara la digna apuesta por proyectos de alta gama, es decir, en conocimiento, en tecnología, con carga de valor añadido. Pues no; ha optado —probablemente, porque es lo único que tenía a mano— por seguir cuesta abajo.

¿Recuperar a Bañuelos, en este momento? Bañuelos es un icono de la peor cultura especulativa del ladrillo. Un hombre que hizo fortuna como comisionista de terrenos, a la sombra del modelo valenciano del PP, con una deslumbrante subida y un fulgurante descenso. Astroc (su empresa) es el nombre que por sí solo recuerda todos los desastres urbanísticos que llevaron hasta la situación actual. Y ahora el Gobierno catalán recibe bajo palio a este emperador de la tochana para salvar la cara de un fiasco anunciado. ¿Este es el plan para después de la crisis: volver a las andadas como si nada hubiera pasado?

¿Qué es Barcelona World? En realidad, hoy por hoy, solo una opción de venta por dos años de unas parcelas de La Caixa a una empresa de Bañuelos, que tiene este tiempo para buscar el dinero necesario para la construcción —contigua a Port Aventura—. Lo demás es una carta a los Reyes Magos (que vuelven a estar en su sitio, no en Massachusetts), más modesta que la que presentó Adelson como cebo, y que se irá rebajando probablemente en proporciones parecidas a como fueron decayendo las promesas de Eurovegas.

Y, finalmente, una pregunta que entra en el campo de la psicología política: ¿Qué diantre tiene CiU con los casinos? ¿Por qué para compensar la pérdida de Eurovegas era necesario un proyecto que incluyera también casinos de juego? ¿Para hacer la competencia a Adelson con su proyecto madrileño? Un país que está pensando en su independencia merecería un proyecto de futuro que mostrara toda su ambición de vanguardia creativa. ¿Será que el proyecto de CiU para Cataluña es un pseudobalneario para el ocio y el entretenimiento ludópata de la Europa rica?

[Palabra de Mono Blanco]



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Petitoria

(Julio 2012)

Los jueces de este país son unos fenómenos mundiales. Uno de los tres poderes que teorizó Montesquieu, en este país nuestro, olvidando la equipotencia con los otros dos, está constituido por unos magistrados que juegan a ser 1) fanáticos del descanso –como Dívar– o 2) doctores de la lengua –léase más abajo–. Es decir, que para ellos A) los legisladores son meramente quienes suministran el producto bruto –algo así como la ley–, y B) los políticos son unos tipos arrogantes que a veces generan sobresueldos.

Están que se salen. Por ejemplo, el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo a finales de 2011 dictó una sentencia fabulosa, que, ciertamente, por arriba pulveriza la pirámide de Kelsen (que clausura el sistema jurídico), y por abajo mataría de un síncope a la loba de Rómulo y Remo, por ser hembra, dejando al pairo a los dos fundadores de la gran civilización de Roma, la bella, la inmortal, donde nació el derecho.

Del Olmo va directo al asunto y huye de la elocuencia de Catón, pero se le entiende; no firma sentencias inextricables como alguno de sus coleguillas. Asevera que llamar “zorra” a una mujer no es delito, ni falta, ni nada de nada, porque “quien usa ese adjetivo en realidad quiere decir que dicha mujer es astuta y sagaz”. El documento histórico en que se cita esta idea preclara –ya famoso– es de tal pureza de conceptos que, transcurrido medio año, sigue dando vueltas por la cabeza de la gente, y asimismo por Internet, e ignoramos si por los juzgados. Unos dicen que la interpretación suave de “zorra” sienta doctrina y ya está; otros que es el colmo de del Olmo. En cualquier caso, réplicas, peticiones y cartas de reconocimiento abundan en la red, como la siguiente, que transcribimos.

Señoría:

El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos:

Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el garaje con un sujeto muy cafre que goza de merecida impopularidad entre los vecinos. Animada por su sentencia que hace comprender la utilidad de la palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra plural lengua española, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial “que te den, cabrito”.

De poco ha servido explicarle al sujeto que mi pariente lo decía en el sentido de alabar sus dotes como trepador de riscos, y que en épocas de recortes a espuertas, desear a alguien que le den algo es expresión de buena voluntad. Espumarajos labiales ha echado unos cuantos, el interpelado, quien ha proferido vocablos que quizá fueran insultos o piropos, no lo sabemos, porque no ha especificado una entre sus múltiples acepciones; pero ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, señoría, y a los de mi tía abuela, que ha despedido a ese individuo señalando hacia arriba con el dedo corazón de su mano derecha con el evidente fin de saber hacia dónde soplaba el viento.

Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando colocar esa hiena -en el sentido de que es hombre de sonrisa fácil- llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de mi vecino lo de que las palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera mano el texto (escrito de su puñeta) donde se determina que llamar “zorra” a una mujer es nada, siempre y cuando se diga como mujer inteligente, sagaz y astuta.

Sé que usía (Ud.) es un porcino -dicho con ánimo de remarcar que todo en su señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él -dicho en el sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca- entren por el aro y comprendan que basta un poco de buena voluntad, como la de mi tía abuela Felicitas, para transformar agrias discusiones en educados intercambios de opiniones, tal y como determina la sentencia referida, convirtiendo así el mundo en un lugar más agradable.

Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atenta una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies y a los de su señora). Salude a las zorras de su esposa y de su madre.

De toda nuestra consideración, Q. T. J.

[Palabra de Mono Blanco]


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Cómo dar una vuelta a la manzana por un euro

(Mayo 2012)

Si usted vive en una gran ciudad, dar la vuelta a la manzana por un euro y no morir en el intento será temerario, pero no imposible. Lo vamos a demostrar. Usted sale de casa y en la esquina empieza a ver turistas. El turismo naturalmente es un negocio y, como tal, consiste en hacer creer al incauto que necesita algo. Más específicamente, es sostener el mito de que dar la vuelta a mi manzana –pagando– resulta más interesante, divertido y culto que dar la vuelta a la suya.

Esto es una confusión tan grande como identificar la ruta de Colón (por el Atlántico) con la ruta del cólon (por el intestino grueso).

Ya lo dijo un argentino: “Una vez que a mi pared descascarada por la humedad la creés ruina –visitable– y te viniste al barrio, vos sos un rehén. Si te cansás de dar tumbos, te cobro el umbral; si te pica el bagre, pagás por caviar un sanguche de salchichón, y si tenés una urgencia sanitaria, te cotizo la loza como el trono de un marajá”.

Confiemos en que el ciudadano regular de Barcelona no se confunda, porque a los turistas los despluman aquí y me Río de Janeiro. Para evitarlo, punto número uno, el llamado peatón ha de evitar ser cazado en cualquiera de las nuevas y sofisticadas panaderías, aquellas de infinitos bollos, hogazas raras, cocas exóticas y pastas sin fin que ofrecen un primer obstáculo fácil, sorteable, sobre todo si se ha desayunado.

Después vienen los cafés de franquicia, normalmente sin puertas, que entrañan el riesgo de caer dentro inmediatamente después de tropezar con las panaderías-hornos. En los cafés al menos no lucen esas boinas que jamás llevó panadero alguno en España. Uno puede acabar tomando el segundo café del día y hojeando el periódico con tanta naturalidad que hay que repetirse por dentro: “Soy un simple vecino y te lo voy a demostrar, San Honorato” (patrono de los panaderos). Fallar en esta estación sería impropio, teniendo en cuenta que en la perspectiva de la calle lo siguiente son los bazares chinos.

Sobre los bazares chinos, dos observaciones. La primera es que uno diría que se comunican por dentro, como los restaurantes chinos; al fondo habría como un pasadizo secreto conectándolos todos en un foco distribuidor y centralizado de la ciudad. En caso de desmentirse el bulo, la segunda es: ¿quién no necesita un paraguas, una funda de móvil, un ambientador de incienso, un trolley, un peine, un juguetito para el niño, etc., etc., si cuestan una nadería?

Hay que seguir caminando. Nuestro objetivo es claro: el circuito del bloque entero sin soltar lastre, y sin topar con pizarras de bares ofreciendo ágapes por sumas X. El problema no es de zigzag, sino más bien de la mente. A cualquiera se lo dices cuando rebasas un escaparate que te pilla la córnea como un cuadro del Renacimiento. Es decir, prohibido recular en las tiendas de moda. Puede tratarse de una tienda de zapatos, de alfombras, de complementos, de yogurtería, da lo mismo. No importa el dinero que ganes. En la acera, hay que apretar la mano sobre el infiernillo de la americana, sobre el prendedor del bolso, sobre la cremallera de la mochila, etc., para no acabar llevándote algo de lo que seguro nos arrepentiremos.

A continuación viene otro de los grandes peligros cosmopolitas: el quiosco. Un quiosco era un sitio donde se ofrecían sólo veinte o treinta cosas inútiles, tradicionalmente diarios, pero eso era antes; hoy en día, un quiosco urbano donde los haya, honorable, debe ofertar, como mínimo, más de trescientas cosas inútiles. No hay manera de no tropezarse con uno. Los coleccionables, en concreto, pueden provocar un trastorno obsesivo compulsivo, y es fácil caer en la tentación, de modo que hay que aumentar la velocidad de paso.

Uno va absorto en sus pensamientos, y es facilísimo despistarse. ¿No hay cadenas en la manzana?. Nos referimos a las que atan, sí, pero en el súper. ¿Te acordás de que te faltá algo en casa?. Por supuesto. El súper es tierra prometida del consumidor, pero maldad para la billetera y/o fondo de la tarjeta. Peor: es la ratonera universal del transeúnte. Se conocen casos de entradas antojadizas en el súper de clientes que ya no han salido nunca, y más, en España, en el súper de El Corte Inglés (en El Corte Inglés sucede lo de los chinos: alguien puede entrar en el Corte Inglés de Diagonal y emerger por el de Serrano, en Madrid, sin haber salido a la superficie)

Si llegados a este extremo, querido lector, crees haber podido mantener sólidamente tus finanzas, exponiéndote a la aventura de un paseo de gastos mínimos alrededor de tu domicilio, enhorabuena, quizá lo conseguiste. La emoción, entonces, puede impelirte a gastar tus ahorros en algo menos trivial, en algo más relevante que los extravíos callejeros que has logrado soslayar. Imagínate, como recompensa anímica que te mereces, que se te ocurre adquirir, por ejemplo, un libro, un humilde y digno libro gutenberguiano… Para ello, vas y te diriges a la librería cercana y feraz, a la librería de toda la vida, en donde sueles leer tomos, eventualmente comprar libros, e incluso quedar con las amistades. No tan deprisa… Ma cagun dena, maldita sea, zapoteca de truenos y rayos -¡por todas las maldiciones de Haddock!-, han cerrado la única librería que quedaba en el área por liquidación total, por quiebra absoluta, por hundimiento del negocio (Acaba de suceder con la librería “Ancora y Delfín” de Barcelona).

¡Coloquintos de grasa de antracita, bachi-buzuk de los Cárpatos!

[Palabra de Mono Blanco]


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Calambur

(Abril 2012)

Extraño en esta revista, llamándose como se llama y estando dedicada a los humores de la cultura, sería pasar por alto el viaje de Juan Carlos I a Africa, dado que -lo sabemos- no era para saludar a Bokassa, aquel individuo que de sargento pasó a emperador. La fauna y la flora han sido siempre de gran interés en España, en Botsuana y sobre todo en Disney, que prepara ya nueva película: “El Rey Borbón”. Juanito va con muletas, sí, pero el calambur hispánico más famoso sobre la monarquía se atribuye a Francisco de Quevedo, quien llamó “coja” a la reina Mariana de Austria (lo era de verdad, sin haber cazado más que resfriados). El literato ganó una apuesta a unos colegas que aseguraban que no habría ……. suficientes para restregarle por la cara tal defecto a la segunda esposa de Felipe IV, malhumorada siempre por su hándicap. Pues bien, adquirió Quevedo un ramo de claveles y otro de rosas, y allá que se fue a palacio. Con una reverencia, Quevedo extendió ambos brazos y ofreció a Doña Mariana de Austria, reina consorte de España, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, duquesa consorte de Milán, duquesa consorte de Borgoña, soberana consorte de los Países Bajos y regente del Reino, las humildes flores, pero recitando estos versos octodecasílabos sin carraspear:

“Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja”
“Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad es-coja”

Pardiez que funcionó pues el valiente Quevedo no murió en el acto (lo hizo en un convento, años más tarde), pero hay otro juego de palabras famoso que tiene que ver indirectamente con Madrid, que es la capital del reino según la Constitución. Decimos “indirectamente”, porque Madrid y su televisión local son el coto privado no del monarca, sino de Esperanza Aguirre, quien de todas maneras está casada con un conde al que le gustan los terrenos, lo cual no se comenta ahora por el título (de conde), sino porque los terrenos no valen nada, según ha experimentado Paco el Pocero -quien, a falta de escudo nobiliario, patrocinó una escudería de motos. La cadena de televisión Telemadrid se metió en arenas movedizas, qué digo yo, en camisa de once varas, cuando hace unos años lanzó el siguiente y brillante spot:

“Telemadrid: espejo de lo que somos”

Enseguida hubo quien leyó la frase como perteneciente al Siglo de Oro:

“Telemadrid: Espe, jode lo que somos”.

Hiciéronle notar las consecuencias silábicas de la campaña a Aguirre, dolida aún por la pifia de Sara-Mago, escritora nóbel, y entonces sí, la regis potentia de Melchor, Gaspar y Baltasar, de Juan Carlos o de Felipe, de Idi Amin o de Isabel II, por no decir de las celebridades del panteón de la Almudena (donde están enterrados el Fari, Lola Flores y el Pescadilla) fueron una minucia, una fruslería, una bagatela, al lado de la cólera desatada de Dios -de Aguirre- pidiendo a gritos la cabeza del responsable.

Se rumorea que cuelga como trofeo cinegético en el despacho de la presidenta.

[Palabra de Mono Blanco]


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La 'U' es una 'M'

(29 de febrero de 2012)

Desde tiempos inmemoriales, en las letras inglesas existe el género humorístico “campus de la Universidad”. La vida académica y sus múltiples dislates son el punto de mira de escritores como David Lodge, que han hecho de esta tradición un filón literario. Por ejemplo (he aquí un argumento): en una fiesta del curso un profesor entabla conversación con una chica, aunque “conversación” sea un eufemismo –eufemismo: recurso retórico que habría que explicar a muchos estudiantes– porque el ruido infernal del contexto impide que el profesor se entere de una sóla palabra, ni del compromiso que adquiere de tutelar la tesis de la joven. De hecho, la vista es lo único que puede ejercitarse en esa reunión; el oído, imposible, por el escándalo y porque además el profesor sordea un poco. Pese a su cordura escolástica, en los días a venir el académico se lanza a una persecución agobiante de la joven, y ésta, lejos de sentirse molesta, pasa a mostrar –en la novela de que hablamos– los rasgos de una histérica lacaniana de manual, es decir, de deseos insatisfechos y cambiantes típicos de una conducta narcisista, imprevisible y neurótica, y por la que el profesor jubilado casi enloquece.

Otra historia del mismo autor presenta un grupo de profesores noveles de literatura inglesa en una universidad de provincias. Deciden jugar a un juego llamado “Humillación”, que consiste en que cada uno confiesa un libro básico que todo el mundo debería haber leído –y más, eruditos en la materia como ellos– pero que no han leído. Uno de los profesores eufórico, animado por el juego, reconoce en cierto momento que no ha leído nunca Hamlet. El juego finaliza abruptamente, y al dia siguiente es despedido.

Y ahora a lo nuestro, a la universitat catalana y/o española que ha de alejarse de las figuras hilarantes (en el fondo secundarias, como las tesis), pero no de los políticos, los cuales han dejado vaciar la caja y tienen la sartén por el mango. Visualicemos el semblante de un Mas-Colell protagonista de Els Segadors, dándole dos tijeretazos a la ‘U’ de la bolsa universitaria, volteándola y convirtiéndola en una ‘M’. La candidez ficticia, sarcástica, era uno de los atributos de los guardias de Auschwitz, según nos cuenta Imre Kertész, Premio Nobel de Literatura 2002, en “Liquidación”, su novela más significativa. Recordemos también a Philip Roth y a su alumno del relato “Indignación”, estupefacto por las cosas que pasan en la universidad, el cual se rebela y es expulsado. Las Novelas Ejemplares las escribió Miguel de Cervantes, pero a veces los títulos, como los prólogos, se deslizan por la historia y tienen otro destino magnífico, y no nos referimos al Rector.

Quizá esto sea un prólogo (a la huelga prevista para hoy 29-II-2012), pero Borges sugirió un libro que “constaría de una serie de prólogos de libros que no existen”, en el sentido de lo que es la universidad realmente en España, un prólogo que se prologa a sí mismo sobre una obra inconsútil, y sobre la que no se encuentra el bistec: algo sin estructura administrativa coherente, sin sueldos dignos, y sin meollo científico. Los estudiantes, por consiguiente -que diría Felipe González-, son fatalistas a lo Jacques le Fataliste, es decir, sólo atienden a la picaresca.

Ante este panorama, cualquier broma, aun siendo literaria, resulta pesada. La conclusión es que la novela satírica en este país es incultivable en el jardín de la academia. Que la realidad supera a la ficción es decir poco en este apartado, por lo que vayamos con pies de plomo y adoptemos aires goyescos; no nos referimos al bandolerismo catalán –tipismo casi coetáneo del pintor de Fuendetodos–, sino a los dibujos más negros de la Quinta del Sordo. No está bien esgrimir una novela, ni un preámbulo, ni nada, ante un ser agonizante, sólo para reírse: es mejor matricularse en nuestra universidad paupérrima, misérrima y roñosa, y comprobar directamente el remate de la faena por nuestras señorías.

(Efectivamente, la tortilla ha dado la vuelta y ahora Els Segadors son los políticos, que cantan y cantan y cantan…)

A los docentes y discentes que sufren el plan Bolonia: sperano impetrare da Dio miserichordia

[Palabra de Mono Blanco]


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S.O.S. de columnista desesperado

En fecha reciente, el escritor y articulista del diario El País Juan José Millás ha lanzado a la población este S.O.S. desesperado, que nos vemos en la necesidad de airear íntegramente. Diríase que el artículo entremezcla temas, pero no.

Desgobierno (El País, 20-I-2012)

En efecto, del Costa Concordia se decía lo mismo que de nuestra banca: primero, que era imposible que un buque de esas características se hundiera; segundo, que, de hundirse, era imposible, dados sus modernos sistemas de salvamento, que hubiera víctimas; tercero, que, de haber víctimas, la primera sería el capitán. Pero resulta que se hundió, que hubo víctimas y que el capitán salió por piernas abandonando a los pasajeros a su suerte.

Nos dijeron que era imposible que nuestra banca tuviera problemas; que, de tenerlos, era imposible que hubiera víctimas; que, de haberlas, las primeras serían sus directivos. Pero nuestra banca tuvo problemas, hubo víctimas y los directivos fueron los primeros en abandonar la nave con indemnizaciones millonarias. La diferencia entre un asunto y otro es que el capitán del Costa Concordia está preso mientras que los capitostes de los bancos encallados o hundidos se encuentran en paradero desconocido, disfrutando del dinero que se llevaron al tiempo de gritar sálvese quien pueda.

Dinero de nuestras comisiones, claro, pero no solo de ellas. Durante los llamados años de bonanza vendieron productos bancarios incomprensibles a personas que confiaron en el director de la sucursal de su barrio y que ahora han perdido todos sus ahorros; concedieron a sus clientes más vulnerables créditos que no podrían devolver a sabiendas de que no los podrían devolver, prevaricando hasta el paroxismo, signifique lo que signifique paroxismo; sobrevaloraron los inmuebles por los que se otorgaban las hipotecas, infravalorándolos luego a la hora de ejecutarlas. Realizaron, como el capitán del Costa Concordia, todas las maniobras desaconsejadas por los manuales de navegación y fueron los primeros en ocupar los botes salvavidas. Fiscales, jueces, defensores del pueblo, ¡suban a bordo y hagan algo, coño!

[Palabra de Mono Blanco]


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Ética barata para una ciudad desnortada

(Diciembre 2011)

Barcelona no tiene un buen norte, por defecto va inclinada en Google y en los navegadores de los móviles, nos estamos convirtiendo en una ciudad torcida. Sólo la Avenida Meridiana aparece alineada al lado vertical del cuadro. Los barceloneses pensábamos que al norte está el Tibidabo, y al sur el mar, es decir, las golondrinas, siguiendo una cartografía de pa sucat amb oli heredada de nuestros abuelos. Pues oye, estamos acostumbrándonos a que el Pararelo sea un paralelo (geodésico) y la Meridiana, un verdadero meridiano del plano.

¿Tenemos ya, a marchas forzadas, otra identidad gracias a Google maps?

No. Un mexicano diría que esto es pleonasmo (quién mejor que un mexicano para detectarlo). El mero norte de Barcelona, brujula en mano, es Cerdanyola, puestos a geómetras, pero hay que ver el Ensanche cómo queda en la opción no satelitaria: sin chaflanes y guiñado. Y véase que las rectas perpendiculares del Paralelo y la Meridiana, convenientemente prolongadas, van a cruzarse sobre las tranquilas aguas del Port Vell, cosa en que no habíamos caído nunca, hasta que dicha crucecita, próximamente, colindará con Rusia.

El Paseo de Gracia cobija ya al flamante nuevo rico-rico. Los putines son y no son otra clase de ‘pasta’, como los tallarines. Son un imán tan poderoso que la autoridad portuaria, sospechamos, ha rotado con nocturnidad la estatua de Colón, en cuyo famoso dedo los compinches de Vladimir que nos visitaban divisaban todo un hotel remetido (!), allá arriba. La pugna entre moscovitas y sanpeterburgueses, sea con piercings de oro o de diamantes, y que bajan por las ramblas, persiste: ambos bandos dicen que el descubridor, tras un giro necesario, apunta a ellos. Chto?

En efecto, y como conclusión, parece confirmado que era insuficiente entretener a los japoneses con bagatelas de Gaudí. Ahora el Ayuntamiento, la autoridad portuaria, el Port Vell, tutti quanti, sabemos donde está el dinero-dinero. En los aledaños del puerto estábamos hartos de tanto mástil de barquito sin utilidad, multiplicado por mil. Demonios, qué aburridos. Es la hora de los auténticos yates de megarricos, que además provienen de la enorme llanura euroasiática, cepa marinera de la gente próspera de verdad.

Es que no captamos nada (excepto capital ruso). Se avecinan grandes cambios a la altura de una urbe internacional. El Port Vell está a punto de convertirse en una marina de lujo para yates de 60 metros, gracias a capital… bueno, ruso, pero convenientemente apantallado en una sociedad londinense. ¿Variedad de nacionalidades, tovarich…? Inexacto. Se prevee que el 95% de los atraques exclusivos -con máquinas expendedoras de caviar en el pantalán-, no sean un atraco precisamente, pues van a la medida de las superembarcaciones, las cuales son de propiedad, lo han adivinado, megarrusa. Detalles del gran capital, manejado por tipos honrados y cosmopolitas, a quienes no les importa aflojar. Enhorabuena por haber elegido BCN. Un lugar tan coqueto.

Tengo un amigo (un bonobo) que dice que Rusia hace veintipocos años era un país comunista en el que, de facto, ningun ciudadano tenía dinero, no tenía nada, nada de nada, pues cualquier bien era del estado, es decir, de toda la comunidad. Es cierto que los políticos disfrutaban de excelentes domicilios con calefacción, y ‘dachas’ en el extrarradio de sus poblaciones, aunque de ningun modo tenían cuentas en Suiza (mi amigo jura este punto). Si fuera así, la explicación por la que unos cuantos de sus conciudadanos se han convertido en verdaderos tíos Gilitos acaparando el acero, el petróleo, el gas, etc., de todo el país, de la noche a la mañana (en menos de una década algunos, como Abramovich), resulta intrigante, incluso para un bonobo.

En el Occidente de la mejor tradición filosófica, a eso le llaman robar.

Son ejemplos que nos sacarán de la crisis. Pues no tratamos de una nación diminuta (Rusia), precisamente, ni de un expolio baladí. Hablamos de todos los bienes, medios, recursos energéticos, etc., que poseía la URSS, y de unas explotaciones colosales que han acabado concentradas en pocas manos, y que reflejan la ética trascendental del imperativo categórico de Kant, aplicado al individuo del día, emprendedor de hoy. ¿Universalizar la posición moral que maneja el sujeto –en la duda– para ver si es de cumplimiento hipotético para el prójimo en su totalidad?. Visto lo que ocurre últimamente entre el Llobregat y el Besós, no seamos exigentes. El problema kantiano para algunos es adornarnos el puerto con barcos de triple puente, lo que se agradece. ¿Y si hundimos las chalupas, Trias? (Tápate la nariz y cobra, dice el bonobo). Demos muelle a los que se han forrado a una escala estratosférica heredada de Catalina la Grande que no puede ni olerse veraneando entre los corchos de Cadaqués (las mafias rusas: una leyenda). No tenemos ni idea de la escala, no podemos evaluar. Alojar la escuadra rusa buena –la militar se pudre en el Báltico– en uno de los enclaves estrella de nuestra ciudad es intuición, no en vano aquí salió Francesc Pujols aconsejando una extraña derrota cuando aseguró que los catalanes no pagarían en el futuro. Aprovechemos, pues, que la mayoría de rusos no saben esto y usan ya calçotets con goma, y las chicas de cubierta lucen visera de lobo de mar; además de teñidos raros, Chopard de lastre y pestazo a perfume de 200 euros escampado por los sobacos.

Si el egregio Emmanuel Kant –que nunca vio el océano, interesante– intuyera esta marina con aires de katiuska y tacones de plataforma, no se le revolverían los huesos: es que se fundiría en el éter.

Observación: Francesc Pujols se cuidó de comentar una sóla palabra sobre cobros venideros, en rublos blanqueados (filtrados por el hombre del bombín, of course), por los conceptos de amarre, caviar, vodka y bichero.

Bisk-a-Katalunia.

[Palabra de Mono Blanco]


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John Wayne y la paga extraordinaria

(Noviembre 2011)

Kirk Douglas afirmó una vez que el único problema que tenía John Wayne es que creía ser John Wayne. Lo dijo Kirk, sabiendo que un egoismo desatado no era raro en celebridades como él mismo, y puesto que también lo padeció Johnny Weismuller, gritando su famoso alarido en el lecho de muerte. ¿Porqué John Wayne tenía la manía de que él, realmente, era John Wayne? ¿Narcisismo patológico? El nombre de pila del actor era Marion, no ‘John’, lo que lo afeminaba un poco, y le orientaba como reacción a la masculinidad de un rol al final absorbente. Aunque el motivo básico que hizo al hombre (Marion Morrison) confundirse con el personaje (John Wayne, 1907-1979) era otro: era que no tenía paga extraordinaria.

John Wayne, idéntico a ídem, en la última etapa de su vida saludaba a sus admiradores al límite del rancho que poseía, donde existía un riachuelo, siempre con atuendo western -sombrero Stetson, botas de montar, etc.- y con un rifle pegando tiros al aire; por carecer de paga extraordinaria, claro. Dato que los fans de la otra ribera del río, que acudían a los aniversarios del héroe, enfervorizados por la adulación y el clamor, obviaban. Y nosotros ahora, también.

Es que no requiere prueba: ¡el bueno de Juan Boina, figura del Hollywood mítico, no la necesitaba!

Abordemos el tema laboral, sin rodeos. A un hombre estándar le quitas la paga extraordinaria, y ¿qué te queda? Un tipo sin personalidad, sometido a un ego fantasma, es decir, resta la biografía de un asalariado X en el aserradero. Permanece la rutina (y ello en la hipótesis optimista de haber trabajo) de la frase “cada vez lo mismo” salida de la autoconsciencia de cualquier hijo de vecino. Pues bien, al asomar la cabeza huyendo de una nómina seriada, submileurista, la única opción digna para un sujeto es… la paga extraordinaria, sí, esa paga doble que es un pasodoble, hito social e imaginativo donde los haya, la cual –primera tesis– es utilizada por gente de calle, simples mortales, mucho más psicológicamente que en efectivo.

Porque en el subconsciente común, uno no es nadie sin la paga extraordinaria. Se contempla uno en el espejo y sabe que, escuetamente, su yo no existe. La paga extra es, por esta causa, incentivo e inventiva, un artificio contable (quitar un poco de cada mes arrejuntándolo aluego); un chute de adrenalina que nos convierte en interesantes… El glamour de los iconos del cine no reside en su paga extraordinaria, pues es evidente que no la han tenido jamás, entiéndase, al poder bañarse en sus piscinas de Bel Air directamente. Así, la vulgarización del olimpo cinematográfico podía llevarse a cabo sólo, y por tanto, gracias a la movida de volverlos mínimamente castizos, lo que ocurrió hace décadas en el lenguaje popular hispánico. Representantes de la era dorada del cine se convirtieron de repente, por estas latitudes, en Juan Boina (John Wayne), en Moncho Gil Ruiz (Montgomery Clift), en Pedro Herramienta (Peter O’Tool), en Humberto Gárate (Humphrey Bogart), en Gregorio Peca (Gregory Peck), en Gabi Copas (Gary Cooper), en Tirano Poderoso (Tyrone Power), o en Berto Plasta (Burt Lancaster).

Chanzas que trataban de difuminar el aura de las estrellas, es verdad, pero un modo de ponerlas a la altura del ciudadano corriente, porque, por descontado, ninguna de ellas disfrutaba, ni disfruta, de paga extraordinaria.

La segunda tesis es la siguiente: al considerar los astros del cinematógrafo olvidamos a los políticos, y aquí íbamos; lógico, lapsus debido a que el atractivo de los políticos está por los suelos, es menos que cero. En este país no sirven ni de entretenimiento para una revistilla cultural. Un político normal ya es de por sí ramplón, gris, mediocre como la medida de su gremio, y no puede nunca renunciar a su paga extraordinaria. Es lo mínimo. Autoanularse la paga es dilapidar la pizca de autoestima que pueda recaerle de cara a los votantes. La población presupone que les queda un ápice de pundonor. Se acepta que un político cobre su sueldo, no trivial, lo que le vuelve ínfimamente plausible, aunque esté sodomizado por el mercado. Es su trabajo, vamos a decir (el cobro, no la sodomía). Vale. Pero si un actor famoso puede pasar sin paga extraordinaria, un político no, de ninguna manera. En el contexto actual, es peligrosísimo. Ningun político puede ser tan cándido como para renunciar a la paga extra, igual que ha propuesto todo un presidente de Cataluña, a la brava, recientemente, como si fuera el veterano John Wayne con su Winchester, y llevando a los consellers a un OK corral suicida. Desde el punto de vista de la imagen, es una salvajada tan grande como la torre central de la Sagrada Familia, que menos mal que no existe. Definitivamente, gestos así roban a un político el último átomo de carisma que pueda quedarle.

Sostenemos en firme que, quitar por quitar, hubiera sido mejor prescindir de los cruasanes o las ensaimadas del catering diario del Parlament, o bien, antes de dinamitar este toque de honra y de realce, suprimir lo que es mismamente las guindas de los pastelillos de los almuerzos institucionales de sus señorías, en el palacete de la Ciudadela.

[Palabra de Mono Blanco]


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El chiste existe

Y sinó, que se lo digan a Trias, nuevo cap de todos los barceloneses, que a partir de ahora tendrán un arquitecto en jefe… ¡valenciano! El cual, recién designado por el supermunícipe de la ciudad, no va a parar quieto. Curtido en los entremeses del PP (léase corruptelas, léase -si se quiere- delitos) cantó un do de pecho en la comunidad valenciana en sus esplendores falleros de las últimas décadas, y justo a este señor nos lo plantan en Barcelona como líder de la cosa arquitectónica. Es como si Artur Mas encarga la remodelación del Parlament de Catalunya (y perdón por la idea) a Calatrava. Hay arquitectos en el mundo y van, y detienen el índice en Vicente Guallart, el del discurso más demagógico, vacío y facilón (las tecnologías digitales son taumatúrgicas) de lo que se sabe sobre el arte de Vitruvio, muy maltrecho en Barcelona; después de la grapadora, igual nos dan otra sorpresa (maligna) en el inmediato futuro.

El trabalenguas de las “erres”, y el continuo reacomodarse las gafas con el dedo -el mismo que apunta a un valenciano hueco, pirotécnico e inquietante-, deshacen las dudas: Trias es un humorista.

Y es que en ocasiones, después de la larga carrera de un hombre público, prevalece un detalle. Por ejemplo, en una novela entera, con centenares de páginas, como es el caso de la obra de Paul Auster “Viajes por el Scriptorium” (2007), lo verdaderamente destacable es una pequeña historia cómica. Lo dijo un eminente crítico después de leer todas las líneas de “Viajes por el Scriptorium” del escritor de la ciudad de los rascacielos. Los dedazos del nuevo alcalde Trias se sintetizan en una (única) gran pifia, o en una (única) gran perfidia, no se sabe bien qué es. Globalmente, ¿es una tragicomedia la designación del arquitecto municipal en jefe de BCN?

Los volúmenes de “Guerra y Paz” son buena literatura para casi todos los paladares -y suponemos que Trias lee-, pero apenas se halla un chiste en ellos, en el sentido clásico del término. Tolstoi logra reflejar innumerables escenas de gran comicidad, con una hilaridad profunda, llena de grandeza, pero en puridad no hay chistes, esas combinaciones humorísticas de las que Freud saca petróleo y en que se resume a veces una película de Woody Allen, de ascendencia judía como Freud y como Auster. Excepto cuando filma en Barcelona, Allen es genial y a veces parece querer introducir la vida en un gag. Woody presume de haber seguido cursos sobre lectura rápida, en diagonal, porque estuvo de moda. ¿Lo lograste?, le preguntaron una vez. -Sí, he conseguido entender ‘Guerra y Paz’ en veinte minutos; habla de Rusia.

En su juventud leyó a Tolstoi y a Dostoievsky, de cabo a rabo. Woody Allen es un sátiro, y la prueba es que ha creado notables películas serias (afrontar el entorno con gravedad equivale a reirse de uno mismo). Si la vida es ambigua, cualquier gracia resulta superficial, ramplona, y hasta barcelonesa. “Reír para no llorar” es fundamental en el humor judío, y viene a cuento porque explicita nuestra depresión al ver seleccionar por nuestro consistorio a Guallart. No pot ser. Es decir, hablamos de un médico cuyas terapias probablemente matan.

Woody tiene bisabuelos rusos (además de judíos), y el chiste ligero de Paul Auster es mucho mejor que todos los esfuerzos de Trias:

Un hombre entra en un bar de Chicago cada día a las cinco de la tarde, y pide tres whiskies; no sucesivos, sino simultáneamente. El camarero sirve los tres y el cliente se los bebe; paga y se va. Vuelve al día siguiente y pide lo mismo, y así cada día, durante cuatro meses. Un día, el camarero, con discreción, le pregunta porqué pide siempre tres whiskies y se los bebe seguidos. “Muy simple”, responde el cliente. “Tengo dos hermanos que viven uno en Nueva York y el otro en San Francisco, y estamos tan bien avenidos que para celebrarlo, los tres bajamos al bar por la tarde, pedimos tres whiskies, y nos los bebemos a nuestra salud”. La explicación satisface al camarero. Pero un buen día, el hombre de Chicago entra en el mismo bar, a la misma hora, y pide sólo dos whiskies. El camarero, con gran circunspección, y no menos delicadeza, pregunta porqué ahora sólo pide dos en vez de tres whiskies. Responde el cliente: “Es que yo he dejado de beber”.

Vale, concentrémonos en los eructos.

En nuestra baqueteada urbe layetana, después de la grapadora, el que s’ha begut l’enteniment es el alcalde. No sabemos cuántos whiskies ha necesitado Trias, y cuántos Vidal de Llobatera, pero probablemente los dos iban finos cuando se decidieron. ¿Debatían entre la vida y la muerte, es decir, entre la momia de Bofill y el ascendiente “intelectual”, retorizante, sublimemente alto y digitalmente mediterráneo del valenciano Guallart?

A lo mejor, una vez tocado este último en el hombro con la vara municipal, Ferran Mascarell es el que ha dejado de beber: pues ahora tiene un hermano culto en la alcaldía -con gafas de pasta- y un gemelo ciego en el socialismo.

[Palabra de Mono Blanco]


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Para qué sirve una plaza

(Mayo 2011)

Las plazas sirven para contemplar los edificios alrededor. En las plazas está prohibido tener armas y catapultas, pues entonces serían lugares para torneos, o bien serían castros de guerra en el sentido de la pulverización de las construcciones –como sucede en los juegos de consolas–; lo cual haría engrandecerse la plaza, y contrariamente ya no existiría la plaza. Pasaría a ser una explanada. Como en el lema visto en el 15-M:

- Yes, we camp

Las plazas no sirven para dar palos, excepto los de montar una tienda Quechua comprada en el Decathlon.

- Pienso luego estorbo

Mucho más se vio en las manifestaciones de las plazas españolas, lugares donde sobran cosas. Por ejemplo, en la Plaza Cataluña de Barcelona, se rumorea que un pedrusco con forma de escaleta es un homenaje a Francesc Macià. Las estatuas están para mirarlas, pero se tropieza con ellas. El problema de la Plaza Cataluña es que está dejada de la mano de Dios; y la mano del hombre era –hasta hace poco– un filipino o un tirolés dando de comer a las palomas. No se sabe en qué consiste una plaza. Cada plaza es una contraplaza, pero la paradoja –que podría ser genérica– es intensa en el centro de la ciudad condal. Un arquitecto del Renacimiento, teletransportado a la Plaza Cataluña de Barcelona, un día cualquiera, sin concentraciones, caería fulminado, y no por las porras de los Mossos. (Sólo mirando ‘El Triangle’). Por otra parte, un Miquelangelo redivivo ante el monumento mencionado se transmutaría en tortuga. O sea, un no-lugar resulta perfecto para que la gente diga:

- Me sobra mucho mes al final del sueldo

Plazas singulares albergan mercados librecambistas y justos. Y una plaza puede pasar factura, como en las llamadas “facturas de plaza”: dispositivos efímeros relacionados con un espacio amplio y polisémico de la ciudad, a veces lleno de bote en bote, mientras los periodistas filman entre la muchedumbre:

- Los políticos y banqueros desde arriba nos mean, los medios dicen que llueve

La ‘o’ con la ‘u’, sociedad = suciedad, como en las deposiciones del consejero Puig, disléxico, y con bate. Y también castañean las dentaduras de Hereu, Trias, Gallardón, Aguirre, etc., al unísono, ante millares de ingenuos indignados:

- Nos habéis quitado todo, ahora lo queremos todo

Los promotores-urbanistas están inquietos asimismo, no tienen ni repajolera idea de lo que se avecina, ni qué significa este caos; ignoran el billete (?) siguiente:

- No soy antisistema, el sistema es anti yo (?)

Incomprensible, pero totalmente comprensible, sobre todo cuando entre las multitudes se lee:

- No hay pan para tanto chorizo

En un ángulo de Sol, en la misma capital del reino:

- Te limpio el coche con mi título universitario

Este eslógan último no surgió en la Plaza Cataluña, para alivio de la consejera Ortega -falsa psicóloga-, pendiente de los incidentes de Barcelona en las pantallas, “a lo Hilary Clinton” en aquel oh, cuando fotografiaron a la norteamericana haciendo piña con Obama; todos seguían, on-line, la eliminación de Osama.

La instantánea dio la vuelta al mundo, como las fotos de los fenómenos populares que comentamos y que en Barcelona han echado a las aves de la Plaza Cataluña, símbolos de la paz. Tranquilos, no se trata de eliminar a nadie, ni a las palomas. Las masas en las manifestaciones son benignas, aunque los mofletes de Felip Puig resulten sospechosos. Las masas se han abandonado a licencias:

- Tendremos un mañana si la calle se la gana

Puig, ingeniero de caminos, no lo pilla. Hace como si atendiera una pastelería del Ensanche con la bata de ‘saltataulells’. Ha planteado grabaciones desde helicópteros y camaritas en los cascos de los antidisturbios para poder retransmitir él mismo, igual que pondría una webcam en la puerta del negocio. La consellera Juana revisará el video con calma. Créditos, música, el palomo principal, y, of course, su palo de béisbol.

- Apaga la TV, enciende tu mente

Los diarios dicen que por fin alguien ha aprovechado la Plaza Cataluña; quiere decirse: para temas distintos de una carpa Movistar o un concierto de temporada. Eureka, éxito final en el páramo. Viva la Plaza Cataluña a rebosar de gente y de letreros.

- Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir

Que no se vayan, que se le de un uso. Este espacio se lo merece. Por otra parte, hemos descubierto la utilidad universal de la plaza: es la emperatriz del eslógan. Una plaza sirve fundamentalmente –en Túnez, París o Atenas– para desplegar pancartas. Se comprueba, además, que la pancarta es un género literario. También lo es la Historia, disciplina intelectual que cultivan, por cierto, los Reales señores Académicos de la Historia en la capital de España. Más casposos y cutres no los podemos suponer, con “plaza” de funcionario y suculenta nómina…

- Tu botín mi crisis

[Palabra de Mono Blanco]


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Hacer el humor

(29-IV-2011)

A una televisión australiana le han prohibido hacer juegos de palabras sobre la boda del año, es decir, sobre el enlace del Príncipe Guillermo -hijo de Diana de Gales y Carlos de Inglaterra- con Kate Middleton, y el impedimento no ha venido, desde luego, de Felipe de Edimburgo. Los cónyuges, curiosamente, van a tomarse unos años sabáticos para preparar el reinado.

Sabáticos… La prensa en épocas anteriores llegó a escribir que William fue fumador de hierba; aunque en las últimas horas el aprendiz de rey se ha limitado a tartitas de fruta, al chocolate (de cacao) y a otros delicatessen legítimos y compartidos con los 2.000 invitados, y cuyo coste ha bordeado la suma de 50.000 euros. Nótese el burbujeante champán Bollinger exclusivo de la recepción.

El gasto de la ceremonia de Westminster, en pleno centro de Londres, se calcula en 650.000 euros, en concepto de boato y catafalcos. Antes de la ceremonia, la novia y su cortejo se habían hospedado en el lujoso Hotel Goring. La alianza del dedo anular de Kate está valorada en 9.000 euros, y el vestido –incógnito hasta el comienzo del espectáculo- era una bagatela, 300.000 euros. Para levantar el meñique.

La seguridad era lo más importante. La Casa Real ha invertido millones en garantizarla, con riadas de policías, personal militar y una legión de guardaespaldas yendo de aquí para allá, sospechando de tutti quanti. Lo de Marruecos ha explotado en las noticias: casi 20 muertos.

¿Quién dijo crisis?

Los australianos; y están enojados. Claman que esto no es democracia. Restricciones jurídicas han obligado a la Australian Broadcasting Corporation (ABC) a anular un show alternativo a las nupcias. Habían previsto una emisión con el grupo cómico The Chaser, pero el programa se canceló, porque, una broma sobre la pareja, y adiós al contrato de retransmisión.

Kim Dalton, director de la cadena, dijo estar anonadado “por la censura a nuestro enfoque… ¡era un hito tan importante en la vida del futuro jefe de Estado!”. Julian Morrow, miembro de los comediantes, señaló: “Para una monarquía, emitir decretos sobre la forma en que los medios la cubren está fuera de los tiempos… supongo que eso es precisamente la monarquía”.

Olvidan el buen tono del abuelo, exhibido desde tiempos inmemoriales a lo ancho de la Commonwealth, difundido siempre por el espacio radioeléctrico. ¿No recuerdan los números de Felipe de Edimburgo -por eso lo citábamos-, aplaudidos en América, Australia y Oceanía? A este caballero parece atribuírsele el apócrifo:

– El chiste avant toute chose

Si el nieto Guillermo, con sabáticos o no, logra quedar a la altura de los zapatos del abuelo, los australianos van a resarcirse. Por ahora, el beso público en la boca ha divertido, y los paparazzi babearán si en el futuro atrapan al novio –además de en alguna metedura de mano– en mínimas anécdotas inspiradas en la grandeur del marido de la reina de Inglaterra, apodado en este sentido “el metepatas”. En USA, la periodista Kathy Griffin, directora de un programa para la ocasión, había declarado: “Como comentarista de la realeza durante cierto tiempo –y seamos sinceros, me refiero al adorable trasero del príncipe Harry–, estoy eminentemente calificada para reportar sobre el evento, y no sólo porque alguna vez me encontré a Helen Mirren en un burger”.

El consorte de la reina Isabel II, antes, durante y después de la boda de su nieto, navega por otra galaxia. Es un noble de los pies a la cabeza, y nunca ha desviado la mente del lugar correcto. En 1947 interpeló a un empleado ferroviario sobre sus posibilidades de ascenso, y éste exclamó honesto: “¡Ah! Tendría que morir mi jefe”, a lo que Felipe replicó, mirándole a los ojos: “Igual que lo que me pasa a mí”.

Es un crack.

Fiesta organizada en Londres por la oficina de la Commonwealth, hace un tiempo. Felipe de Edimburgo está presente, se pasea y se comporta (I party, therefore I am). De repente se dirige a un hombre negro y le dice: “¿De qué exótico lugar del mundo procede usted, amigo mío?”. Como resulta ser lord Taylor de Warwick, responde: “De Birmingham”… Cuando Barak Obama estuvo en Gran Bretaña en 2010 y fue recibido por la reina, el príncipe consorte se interesó por cómo andaba la jornada. El norteamericano convino que bien, que había conocido ya en Londres al primer ministro, Gordon Brown, al líder de la oposición, David Cameron, y también al presidente ruso, Dmitri Medvédev. “¿Es que puedes distinguirlos a unos de otros?”, preguntó.

En Escocia, durante la visita del Papa al Reino Unido, el líder del Partido Laborista luce corbata con tartán (cuadrícula) típico de la comarca. Instinto, desparpajo, alcurnia, afloraron de nuevo en Felipe, quien –casi nonagenario- le espetó a la representante tory local, Annabel Goldie, lo siguiente: “¿Annie, tú en las bragas llevas estampado ‘esto’?”…

No comment -dijo la interpelada, con Isabel II próxima. Lleve bragas o no, de ningun modo puedo enseñarlas, majestad”.

[Palabra de Mono Blanco]


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Tesis y antítesis

De cómo se afirma una cosa, y de cómo se vuelve atrás para afirmar lo opuesto, prácticamente. Hoy en día esta técnica no presenta dificultades, incluso parece un deporte -o una amenidad-, y mucha gente la ejercita, incluidos los representantes de Convergència i Unió.

Camilo José Cela, ante un periodista que le acusaba de afirmar lo contrario del año anterior, con semblante serio, decía: “No pretenderá Ud. que sea consecuente con mis opiniones”.

La pauta básica es la expresión popularísima “sí, pero no”, y tiene una forma culta en el constante devaneo hegeliano, supuestamente productivo, entre tesis y antítesis. La forma útil se halla en la retórica del president Artur Mas: una declaración firme seguida del conocido “tot i que…”, locución aún no suficientemente explotada por el programa televisivo local Polònia.

La cita de Shakespeare “la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y de furia, y que no significa nada…” dio pie a un célebre relato de William Faulkner. Tal principio afirma que la vida es muy agitada, y por momentos parece que obedezca a ciertos intereses, y persiga algunas finalidades, sí, de acuerdo, pero en conclusión toda esa variedad atolondrada y extravagante de lo que ocurre cotidianamente ante nuestros sentidos, ante nuestros ojos, carece por completo de causalidad… En Cataluña, nuestros políticos han leído Hamlet, lo que les honra: “ser o no ser”, ésa es la cuestión, y es absurdo hurgarse la barretina para dilucidar si es A o es Z. No importa decir una cosa o la otra: al final todo es caos, para qué mentir. ¿A qué velocidad hay que circular por autopista: a 110, a 120, a 80, a 100 Km/h? ¿Hay que saltarse las señales, los periódicos, los radares, el anticiclón? Versión universal del mismo principio: “donde dije Digo digo Diego”.

Oriol Pujol maneja dudosamente el inglés (y los instrumentos de afeitado), pero se metió en una buena cuando dijo que la Generalitat tenía problemas para pagar las nóminas de los trabajadores públicos y que el tripartito había dejado la caja vacía; “tot i que” Andreu Mas-Colell dio marcha atrás ipso-facto reconviniendo a los cuatro vientos: “El funcionariado no está en peligro y la tesorería de la Generalitat se encuentra en situación normal”. Reculada a tiempo. Ni los lapones habrían echado cubitos de hielo al whisky del President, de no ser por este speech de última hora, mareando a los catalanes con el ectoplasma “sí, pero no”, como en el impuesto de sucesiones, donde todo sucedió al revés de lo que tenía que suceder, etc.

Moraleja: entre una pretensión y una jactancia hay una diferencia, y sinó que se lo digan a Zapatero, cuando ni se olió la crisis, y ahora la ha resuelto de un carpetazo. Reconozcámoslo: los políticos son unos eruditos de tomo y lomo. La ambigüedad de estos intelectuales es sana para el cuerpo, para la yuxtaposición de opiniones -filosóficamente rica- y para la discusión de cualquier tema. Pero al final mando yo.

No es una tesis; es una síntesis.

Tot i que…

[Palabra de Mono Blanco]


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El Ministro y la Consejera, ¿cuestiones de matiz o diferencias abismales?

(Marzo 2011)

Nuevo bochorno político. Es que no escarmentamos, pardiez. Clarísimamente, España no es Alemania, ni Cataluña Renania, Sajonia, o Baviera. Y no lo decimos por la deuda. Acaba de dimitir (d-i-m-i-t-i-r) un ministro germano por un percance académico que afecta por lo visto al 20% de su tesis doctoral –pues el título superior universitario ya lo tenía-, y aquí toda una Consejera de Gobernación y Relaciones Institucionales inventa un diploma universitario entero, completo, por la patilla. Además va y lo pone en Internet. Pescada flagrantemente en el delito, Joana Ortega ofrece ligeras disculpas y se reacomoda el cabello ante la prensa y los medios. Se rumorea que pidió perdón a Mas, pero se ignora si al primero (Artur) o al segundo, Mas Colell, encargado de Universidades, en silencio como un muerto. Ella aparece como recién salida de la peluquería.

El teutón compareció con ceremonia, muy afectado frente a las cámaras, en la sede oficial de su Ministerio, en Berlín. Con significativa seriedad leyó una carta de renuncia. Al contrario de lo que acostumbraba a hacer en público, no despegó la mirada de los papeles; leyó con voz rota y, tras pronunciar la ultima palabra, se dirigió rápidamente a las escaleras.

Del Mercedes pasamos al Biscúter, de la berlina al motocarro. Aquí la Consellera, ante una mentira del tamaño de las montañas de Montserrat comparada con lo del señor Zu Guttenberg (el político dimisionario y compungido), ha hecho como que si no, como si fuera una mentirijilla, boba de mí, despistada que es una; picarones que lo veis todo… Unas asignaturas de más o de menos. Tic o movimiento de cervicales y desdén de la muñeca: despeje de flequillo.

El parche que salió corrigiendo la web de la Gene (lugar de los hechos) pone en cuestión la salud mental del electorado, no del Palatinado. Percibimos un cambio: “Joana Ortega, formada en Psicologia”. Sustancioso, pero –oh, aclaración– ella insiste en que no ha pretendido nunca ser psicóloga, que no domina la materia; sincericidio que deja en “suspenso” –¿un 1, un 2, un 3?- lo que entendemos universalmente por formación. Un desliz. ¿Aplicamos el refrán “excusatio non petita, acusatio manifesta”?. Podríamos. Que venga Mas y lo vea, Mas Colell queremos decir, quien -a pesar de ser del gobierno catalán- está obligado por el juramento deontológico de Minesotta: ninguna indulgencia posible, tal fraude comporta una dimisión catedralicia en cualquier lugar del hemisferio norte. Ya lo dijo Ortega (y Gasset): “no es esto, no es esto”. La verdad es que Joana Ortega, ‘cabeza de lista’ después de Artur Mas, es casi ‘pedazo de tonta’. Cosas que han aflorado a raíz de este culebrón: J. O. soporta en su biografía la iniciativa de montar un garito de prácticas de mecanografía, el cual, por cierto, se fue al garete. Se habla de que Joana es accionista de un restaurante familiar, y que éste, al menos, funciona como una moto.

Pero, ay, lo que “natura non da, Salamanca non presta”.

Se venden títulos universitarios falsos en la Red por 250 euros. ¿Cansada de estudiar? ¿Siquiera lo ha intentado? ¿A punto de acabar? ¿Quiere ser titulada en tan solo 24 horas? Los foros de la Red son hervideros de intercambios en los que pueden conseguirse diplomas de manera simple en muy corto plazo de tiempo. Hay páginas donde adquirir tesis o trabajos para la carrera –para cualquier asignatura que falte– en un abrir y cerrar de ojos. De hecho, no entendemos cómo la Vicepresidenta despreció tantas y tan buenas oportunidades antes de airear a los cuatro vientos una información tan inteligente.

[Palabra de Mono Blanco]


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La contaminación de Barcelona

(Febrero 2011)

Hace pocos años, el RACC (Real Automóvil Club de Cataluña) difundía la noticia de que el 96% de los automóviles 4×4 en circulación en España habían circulado siempre por asfalto. Es decir, que el 96% de los todoterrenos existentes en este país no habían pisado una humilde pista forestal desde el día de su matriculación. Hoy este porcentaje inédito es aún mayor. Considerando que los 4×4 representaban hasta hace poco el segmento de ventas de crecimiento más espectacular, y que, por su tamaño y cilindrada, son los generan mayor contaminación entre el parque automovilístico hispano, y teniendo en cuenta la abundancia de este tipo de coches en los centros urbanos y comerciales de nuestras ciudades –especialmente los más caros–, entonces cabe concluir que nos hemos vuelto locos.

A primeras horas de la mañana, en la cornisa noroeste de Barcelona –donde se concentran los colegios elitistas de la ciudad–, se contempla un desfile de estos vehículos avasallantes, muchos de la marca Audi, Volkswagen, BMW, Mercedes y Porsche; firmas que en su día apostaron por un tipo de vehículo completamente ajeno a su tradición automovilística, con tal de no perder mercado, una vez desatada la histeria colectiva por lo “ostentóreo”. España es su concesionario modelo. España, hasta recientemente, era su concesionario estrella. Por aquella zona de Barcelona mencionada, era y es habitual ver la típica mamá conduciendo un hiperinflado ‘Tuareg’ (Volkswagen, 80.000 €), o un lujoso ‘Cayenne’ (Porsche, 100.000 €) para desembarcar su equipaje minúsculo a las puertas de la escuela. De pronto, la madre –con irisaciones en el pelo y pulseras indiscretas– se detiene, y un enano con mochilita desciende del mastodonte… No únicamente son escenas matutinas, con los atascos consabidos por el Paseo de la Bonanova, porque el fenómeno se extendió al resto de la ciudad, y ahora es normal a cualquier hora. Es frecuente el ama de casa ociosa circulando por la calzada del centro de la urbe utilizando, vamos a llamarlo, este “ancho de banda”. Hoy se ven los increíbles gigantes de cuatro ruedas en cualquier arteria de Barcelona. En poblaciones urbanas periféricas con altos niveles de renta, como Sant Cugat, también proliferan.

Se sabe que en Madrid, la capital financiera del estado, el delirio por la exhibición de automóviles de precios prohibitivos, grandes, de gama alta, es mayor que en la ciudad condal, y ha sido una ‘moda’ en alza hasta llegar a pleno siglo XXI. La brutal y despilfarradora estructura urbana de Madrid con infinidad de viviendas diseminadas en el extrarradio obliga a disponer de varios vehículos por casa o familia. En las renombradas urbanizaciones madrileñas, hay auténticos festivales de Ferraris, Porsches, Aston-Martin, BMWs, etc.

Para rematar este panorama inquietante, estando como estamos justo en el momento medioambiental más delicado del planeta, y en el del peor estado de la contaminación de Barcelona y de Madrid –lo que nos afecta directísimamente-, viene algo peor. A la cazurrería ecológica local, a la inactividad y las mentiras de nuestras autoridades locales, a esta enfermedad nuestra, a esta pérfida y contumaz idiosincrasia, le acaba de salir un aliado inesperado –es cierto–: el éxito popular de las carreras de Fórmula 1. Gracias a la eclosión de una figura excepcional como Fernando Alonso en los últimos años –posiblemente uno de los mejores pilotos de automóviles de todos los tiempos–, España ha ingresado definitivamente en la zona más estúpida del mapa de las civilizaciones.

¿Porqué los españoles tienen una suerte tan funesta? ¿Es algo hegeliano, spengleriano o irremediable? ¿Porqué demonios Alonso no pudo aparecer en la década de los 60 o los 70 o los 80, como todo el mundo, al lado de ases del volante como Jim Clark, Jackie Stewart, Ayrton Sena o Alain Prost? Justo en el momento medioambientalmente más comprometido del planeta (hoy, aquí, y crónicamente en Barcelona y en Madrid), justo ahora nos aparece la figura automovilística genial entre el vecindario… ¡Qué sinsentido histórico, qué desgarradora herramienta de contrapropaganda! ¡El auge de los coches, en el instante menos oportuno! ¡Qué mala potra! (con perdón).

Al hilo de esta fina idea, véase la carta dirigida por un ciudadano sensato (Antonio Cánaves) al director de un diario de gran circulación (El País), publicada ya en Marzo de 2007, sobre los automóviles en concreto. Dice:

“El automóvil es el mayor despilfarro de energía que existe, ya que tiene que mover dos toneladas de chatarra para transportar a una persona que sólo pesa entre 60 y 80 kilos. Sería un éxito de planificación reducir la venta de automóviles, para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no únicamente por su uso, sino por el proceso de su fabricación, que representa el 25% de la energía que consumirá: extracción de materias primas de minas o canteras a cielo abierto, transporte de las mismas, transformación en grandes hornos, procesamiento en la industria siderometalúrgica, fabricación de los miles de componentes y accesorios, distribución de los mismos por todo el mundo, fábricas de montaje, distribución de los diferentes modelos por todo el mundo… A todo ello hay que sumar los costes ambientales de toda la infraestructura del combustible.

La infraestructura que necesita el coche para su fabricación, mantenimiento y consumo, desde el origen de las materias primas hasta su desguace, puede suponer el 80% de las emisiones de los países con alta motorización.

Lo preocupante es que cada año (el artículo data de 2007, ahora las cifras son mayores) se venden 70 millones de coches, que hay que sumar a las emisiones de los 800 millones de automóviles que circulan actualmente por el mundo. Esto sólo es una brisa de lo que puede acontecer si los países menos desarrollados copian nuestro modelo de vida; sólo con que China y la India lo hagan, representará 2.000 millones más de coches echando gases.

Espabilen, la solución es sencilla y el tiempo apremia. Pueden empezar por limitar la propaganda del instrumento más peligroso que la humanidad haya inventado jamás y que todos los años mata en el mundo a 1,2 millones de personas…”

Uno aún diría más: ¿porqué no empezar esta lucha ante el despilfarro y la contaminación, insoportable ya, con los impuestos, o con los peajes urbanos? Los malos de la película son fáciles de identificar: el abrumador Hummer, el cínico Cayenne o los Range Rover (¿todoterrenos de lujo para circular por autopista?), los Touareg, el Pathfinder de Nissan, los brutales pickups de Ford que parecen que van a cargar balas de heno en la Plaza Cataluña, el enorme y absurdo semicamión Audi Q7, los semicamiones de la gama “alta” de BMW, todos los desproporcionados 4×4 estúpidamente circulando aún por el centro de la ciudad –con una sóla persona al volante– y jamás por un camino rural o en una explotación agrícola (donde al menos tendrían un poco de sentido), etc. etc.… ¿Qué coherencia hay en fomentar la bicicleta y dejar que estos inverosímiles automóviles serpenteen por las zonas más asfaltadas y más contaminadas de Barcelona?

[Palabra de Mono Blanco]


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Barcelona pusilánime

Después del nuevo pastel de Bohigas en el ‘Dhub’, edificio al que sus propios adeptos definen con el apelativo de “curioso” (todo lo más que puede obtenerse del juicio de un taxista sobre un edificio), después de ver levantarse irremediablemente este aguijón de muerte a lo que pudiera ser el futuro de la plaza de las Glorias, la conclusión es peor: la máquina de parir licencias municipales, el récord de la pusilanimidad oficial de Barcelona con los “trabajos de artista” en un ámbito tan importante como la Arquitectura, ha llegado a su cénit. El Dhub, la ‘grapadora’, o lo que sea, una vez construido, lo padeceremos durante siglos; no es lo mismo que el monumento de Francesc Macià en la Plaza Cataluña, o el de Francesc Cambó en el inicio de la Vía Layetana. Es letal, no podremos desembarazarnos de él en un golpe de piqueta.

Detengámosnos en un extracto del artículo que la historiadora del arte María del Mar Arnús ha escrito recientemente en El País (16-II-2011) sobre esta cándida, blandengue y malhadada liberalidad de Barcelona:

…La ciudad pide cambios y el PSC se ha propuesto debatir entre dos modos de enfocar el tema. Pero la federación socialista de Barcelona y su capitán Jordi Hereu no han hecho autocrítica de su gestión, en sobresalto continuo. El último disparate es la concesión del premio de Arquitectura y Urbanismo Ciutat de Barcelona al director de obras de la Sagrada Familia por el eco mediático que ha conseguido.

Hacía tiempo que no se oía mayor dislate que dar un premio a una obra que se ha saltado las leyes democráticas, hecha sin licencia y sin control de materiales y planos: a la buena de Dios, como si la Iglesia volviera a recuperar sus antiguas maneras de hacer. Y en un momento crucial en que están cerrando los buenos despachos de arquitectura y que está lleno el campo de jóvenes propuestas de arquitectos mucho más edificantes y válidas para los tiempos que corren. Con este premio se proclama el fin de la Barcelona que se había erigido en vanguardia de la Arquitectura. Ahora lo que se premia son los ecos mediáticos.

Jordi Hereu es un pusilánime rendido al poder: al de la Iglesia (visita del Papa y presencia constante en actos religiosos); al del dinero, dando licencias a constructores infames que no respetan el espacio público (La Rotonda, el Palau de la Música) ni la obra de arte (el entorno de Casa Batlló). Hereu se ha rendido ante la corrupción en Ciutat Vella, sacrificando a una concejal de primera categoría como Itziar González. Ha claudicado, finalmente, ante los caprichos de los vecinos (las pajarerías de La Rambla o los jardincillos descuidados frente a los huertos urbanos) y ha vendido la ciudad al turismo de ocasión en detrimento del ciudadano de a pie. Todo esto sin olvidar el estrepitoso fracaso de la reforma de la Diagonal…


[Palabra de Mono Blanco]


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La subida de la luz

(Enero 2011)

La subida de la factura eléctrica se parece mucho a la bajada de pantalones frente a Telefónica. La compañía ‘telco’ de referencia en España mantiene unas prestaciones y unos precios indignantes, comparados con los del resto del universo, una estafa que no cesa y que lastra la recuperación económica y estructural de este país, la cual habría de pivotar sobre la fluidez y la modernización de las comunicaciones digitales.

Y ahora, aun ignorándose todavía las ganancias de las eléctricas al cierre del ejercicio de 2010, sube el recibo de la luz como mínimo un 10%. Se han publicado los beneficios del pool de la electricidad en España en el primer semestre de 2010 (http://www.invertia.com/noticias/articulo-final.asp?idNoticia=2382759), los cuales -compruébese- no son moco de pavo, precisamente. ¿Hablamos de compañías al borde del colapso, o con problemas financieros, o con el agua al cuello, etc.? No. Las compañías eléctricas -tiene delito- también son cortejadas por los representantes de la política. Les acaban de regalar un incremento anunciado del 10% en las tarifas -ya veremos en qué queda-, cuando sólo los seis primeros meses de 2010 ganaron 4.524 millones de euros (!). Una cifra estratosférica; un dato obsceno, para qué mentir. Las referidas empresas -igual que Telefónica- son las niñas mimadas de la banca y de todos los parquets bursátiles de Europa, y del mundo; y sus CEO’s siguen ingresando unos sueldos que tumban de espaldas. Endesa acaba de fichar a José María Aznar por 200.000 euros anuales, según fuentes fidelignas (ver).

¿No habíamos quedado en que la privatización del sector energético -al margen de efectuarse en condiciones políticas bochornosas, por cierto, en parte con Aznar- fomentaría una sana competencia y que los precios, en consecuencia, iban a la baja?

¿Cómo es que un expresidente se forra -digámoslo con todas las letras-, mientras continúa el expolio general, al alza, de modo que una inmensa mayoría de ciudadanos no dice ni pío, ni protesta en la calle, ni cuelga pancartas en los balcones, etc.?

Ausencia increíble de quejas. Misterios del 2011…

[Palabra de Mono Blanco]


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Españoles, ¿sois idiotas?

La gente del norte peninsular suele ser directa, y a veces demasiado franca y echada “palante”, como quiere el tópico. En el artículo que se reproduce a continuación, extraído recientemente del diario on-line “Noticias de Navarra” (noticiasdenavarra.com), como valor de fondo desde luego aflora la contundencia, y sigue en la línea del encabezamiento acusativo de este mismo escrito, que copia el del original. En él, aparte de no mencionarse los cientos de miles de pasajeros que se quedaron en tierra con un palmo de narices (es decir, como… idiotas) en docenas de aeropuertos, y aparte de ignorar que el nóbel Saramago ha fallecido, hay afirmaciones e interrogaciones muy sutiles. Para empezar, el articulista declara su pasmo -y nosotros nos solidarizamos con él- ante la inconmensurable indulgencia de la sociedad española frente a los políticos.

(Diciembre 2010, Noticias de Navarra, Don Jesús Sanz Astigarraga) – Españoles, ¿sois idiotas?

…Hay un problema laboral con los controladores aéreos… y casi todos saltáis como energúmenos pidiendo el linchamiento de ese colectivo cuando el día anterior hacen otra reforma del sistema laboral más restrictiva, quitan los 420 euros de ayuda a 688.000 parados que están en la ruina, y anuncian cambios drásticos -a peor- en la ley de pensiones que afectan al 80% de la población, y nadie se indigna ni dice nada, ¿sois idiotas?

Apoyando al gobierno en contra de los controladores, estáis pidiendo a gritos que se apliquen medidas que quitan el derecho a la baja laboral, a los permisos retribuidos y a las horas sindicales, y estáis pidiendo que se puedan sacar militares a la calle, ¿sois idiotas?

Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA, en el caso Couso, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel, que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 35 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal, y no decís nada; os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda, y seguís callados, ¿sois idiotas?

Tenéis una monarquía que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media, ¿sois idiotas?

En Inglaterra o Francia o Italia, o en Grecia, o en otros países, los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones, mientras en España no se mueve casi nadie, ¿sois idiotas?

Sabéis perfectamente quién es toda la gentuza de las revistas del corazón, futbolistas supermillonarios pero jamás escucháis a nadie como Saramago o Chomsky, u otros mil intelectuales veraces y comprometidos con vuestros problemas, ¿sois idiotas?…

Etc.


[Palabra de Mono Blanco]


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Vargas Llosa sobre Barcelona

“…De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchear y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal…”

(fragmento del discurso de aceptación del premio Nóbel de Literatura por Mario Vargas Llosa – Estocolmo, 2010)

[Palabra de Mono Blanco]


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Oda a la Moto

La primera motocicleta se fabricó en el verano de 1885; por tanto, en 2010 -hito en los éxitos del motociclismo hispano- se han cumplido 125 años del nacimiento del invento. Una de las travesuras del ingeniero Gottlieb Daimler (1834-1900) fue sembrar el pánico por el tranquilo valle del Neckar -Alemania- a lomos de una bicicleta dotada de motor de explosión, por aquellas fechas. Al año siguiente (1886) el mismo personaje ratoneaba a bordo de su Victoria movida por petróleo, mientras los locomóviles de Serpollet y el marqués de Dion iban todavía a vapor.

Victorias y motocicletas se juntan, y la mente se va enseguida al campeón de la llamada categoría “reina” de las competiciones, es decir, 125 años después del primer golpe de gas: el mallorquín Jorge Lorenzo, quien confiesa en una entrevista actual -sin pelos en la lengua- no saber nada realmente de motores; ni siquiera conoce la distinción mecánica entre un motor de cuatro tiempos y un motor de dos tiempos.

La ignorancia de la moto duró bastante, aunque no a este nivel supino. En el período de entreguerras europeo el invento de las dos ruedas había de convertirse, con y sin sidecar, en el vehículo preferido de los deportistas, pero tardó cierto tiempo en ser asunto meritorio para escritores, pintores o músicos. A la moto no le hicieron mayor caso cubistas, dadaístas, surrealistas, ni futuristas, si exceptuamos el caso de Bernanos –polifacético– , quien caracoleaba por las calles de París allá por los años 30 del pasado siglo con su petardeante máquina roja. El ensayista, novelista y dramaturgo Georges Bernanos (1888-1948) tuvo un accidente que casi le costó la vida, dato que recuerda otro episodio cierto, con consecuencias nefastas del todo: el accidente que padeció el legendario Lawrence de Arabia en su última excursión, cuando cambió el camello por una moto.

Estaban por llegar “el hombre sin atributos” de Robert Musil, los “poveri amanti” de Patrolini y los “ragazzi di vita” de Pasolini, con sus motos culebreando por diversos escenarios. Luego vino “La motocicleta” de Mandiargues, los teddy-boys, y las Harley-Davidson de los Hell’s Angels norteamericanos retratados en el cine: una horda que en Europa ha sufrido una verdadera mutación; los jinetes de las Harley son –aquí, hoy– cándidos padres de familia barrigones con cadenitas y botines de fin de semana.

Históricamente, y respecto a la motocicleta, las letras hispanas siempre han reaccionado con alegría, han engranado las marchas, por así decirlo, y no hablamos de la efusión periodística de páginas y páginas celebrando triunfos recientes de motoristas. Sirva como nota decir que, ya en el remoto 1901, el narrador uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937), a la sazón gran ciclista, en su “Diario de viaje a París” relataba sus experiencias memorables, novedosas, entusiastas, aupado a lomos de un “bicho a petróleo que alcanzaba colosales velocidades”. Rebuscando en el pasado -pues hay mucho material- aparece también un académico y catedrático de Lógica, el madrileño Leopoldo Eulogio Palacios (1912-1981), quien honró así a la moto, en castellano:

“Bruto de acero que el cerebro humano,
en el vaso del sueño,
pergeñó como nuevo Clavileño
para alcanzar el horizonte arcano:
Déjate acelerar bajo mi pulso,
Y transmitir tu impulso
a las llantas inquietas
que el ingeniero brinda a los poetas”.

[Palabra de Mono Blanco]


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El Mono Blanco y el voto en blanco

El ciudadano hoy vota tapándose la nariz, por decirlo de alguna manera -no está nada convencido acerca de quién debe gobernar-, y puede tener muy claro, en cambio, quién no quiere en absoluto que gobierne. El estudioso J. R. Capella dejó escrita en una propuesta hace años la solución del problema personal del ciudadano ante las ganas irreprimibles de votar en blanco, tan presentes en el ambiente –catalán en este caso– , o incluso ante el deseo intensísimo de saltarse el rito del sufragio. Decía J. R. Capella que, con el sistema que se describe a continuación, el ciudadano se sentiría de nuevo atraído por expresar su voluntad y por participar en la vida colectiva y cívica, no tanto para manifestar una confianza no sostenida, sino para subrayar un temor –o un horror– aparentemente fundado.

El método era el siguiente, y está inspirado en los sistemas estrictamente democráticos de las órdenes monásticas medievales. Se trataría de que los ciudadanos pudieran optar entre votar a favor de una de las listas electorales presentadas, o votar en contra de una de ellas. Que pudieran optar entre votar y vetar a una sola de las opciones presentadas. Para ello, bastaría introducir en el sobre de la votación una lista tachada; y en el escrutinio deducir los votos negativos o vetos a cada formación de los votos afirmativos, distribuyéndose los escaños según el total de los votos emitidos.

Así los partidos políticos –argumentaba J. R. Capella– experimentarían a corto plazo un fuerte impulso para mejorar: tendrían que calibrar mejor su discurso público no ya para ganar votos, sino simplemente para no suscitar temores; tendrían que explicar mejor sus incumplimientos y sus errores, y evitar las políticas no anunciadas, las que llegan al gobierno por no haber entrado en el debate pre-electoral. Con este arreglo de perogrullo, el elector que se sintiera traicionado podría optar entre votar a otro partido o castigar al que en el pasado le sorprendió en su buena fe, etc.

Este minúsculo cambio del sistema electoral no tendría prácticamente costes. Sería muy fácil y económico de aplicar, en opinión del autor de la sugerencia.

Pues bien, sabemos que es cierto: sería facilísimo. Pero la realidad es terriblemente estúpida, y los políticos jamás dejarán que prospere tamaña afrenta a su ecosistema, no van a permitir que se dinamite el dispositivo tan perfectamente retratado, por otra parte, por Xavier Roig en su exitoso libro “La dictadura de la incompetencia” (Ed. La Campana). Por eso, y ya que se acercan las elecciones de todas formas, e irremediablemente, vamos a recordar aquí cómo votar en blanco de manera útil, y en este sentido “El Mono Blanco” se complace en parafrasear ahora otro artículo de prensa, muy reciente, del académico Norberto Bilbeny, sobre cómo votar en blanco, pero de manera operativa, efectiva, de modo que tenga alguna consecuencia práctica. Explica Bilbeny:

Un voto en blanco es, o bien el sobre vacío, o bien aquella papeleta cuya cabecera dice “Voto en blanco”. Pero sólo esto último es computable y se traduce en escaños. Lo primero, no. No tiene eficacia. La papeleta del partido blanco consigue, si suma, asientos vacíos en las cámaras. Pero no para hacer política. El representante en blanco ha de ser consecuente con el significado del voto que representa y comprometerse, en su programa y durante la campaña, a no ocupar ningún escaño, no cobrar por tener el acta de diputado o diputada, y no beneficiarse de ningún privilegio por ser representante político. Tiene acta y escaño, si bien este permanece desocupado. El asiento está ahí, vacío, entre odiado y codiciado por el resto del hemiciclo, pero como visible señal de lo que piensa una parte de la ciudadanía…

…Por definición, el voto en blanco se prevé excepcional. Pero no es por ello testimonial. Puede ser útil. Al menos computa y habla más claro que la abstención, que no habla. No es un voto mudo, ni se puede decir que sea un voto ‘freaky’… (28-X-2010, Norbert Bilbeny, La Vanguardia)


[Palabra de Mono Blanco]


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No hay premios Nóbel alternativos en política

Porque si existieran, se los darían a nuestros políticos.

Para ganar un IgNobel, el famoso premio Nobel alternativo (http://improbable.com/ig/winners/), no basta con tener una idea disparatada, hay que trabajar en ella, investigarla a fondo, como hacen los políticos catalanes. Este año de 2010 –informaba desde Boston el diario El País– destacan en el palmarés un estudio que afirma demostrar que La felación entre los vampiros de la fruta prolonga su tiempo de cópula (galardón en Biología) y un método para limpiar los mocos a las ballenas mediante un helicóptero de control remoto (Ingeniería). En este escenario no podía faltar este año una distinción (la de Economía) para los banqueros, incluidos los de Lehman Brothers, por “crear y estimular nuevas vías de invertir dinero, vías que maximizan las ganancias y minimizan los riesgos financieros en la economía mundial, o para una parte de la misma”, como indica el acta de premios.

Los IgNobel, que celebran su 20 edición, se conceden anualmente por la revista Anales de Investigación Improbable y se entregan en prestigiosa Universidad de Harvard (EE UU) en una ceremonia llena de bromas. El objetivo es “honrar los logros que hacen que la gente primero se ría y luego piense”, dice el padre de la idea, Marc Abrahams, quien al menos podría inspirar -en este punto- a los Montilla, Mas, Carods, Hereus, etc. Pero no a los del Polonia; a los de verdad. Lástima que en Harvard no entreguen copas ni trofeos en el apartado ‘Política’. Nos los llevaríamos.

Por cierto, cinco premios Nobel de verdad -de los de Estocolmo y Oslo- han participado este año en el espectáculo, y se han conchabado con los distinguidos en el IgNobel, quienes, obviamente, han acudido a la gala a desternillarse de sí mismos.

He aquí el palmarés de 2010. Además de los vampiros (a un grupo chino-británico), las ballenas (investigadores de México y Reino Unido) y los banqueros, ha recibido el IgNobel 2010 en Medicina un científico holandés por descubrir que los síntomas del asma se pueden tratar montando en una montaña rusa. El de Transporte destaca el uso de un moho mucilaginoso para determinar las rutas óptimas del trazado de la red ferroviaria, y va a un equipo británico-japonés: el Ayuntamiento de Barcelona debería contratarlos para dirimir de una vez la polémica del trazado del AVE bajo la Sagrada Familia…

El galardón de Física honra a unos neozelandeses por la demostración de que en invierno, al caminar por senderos helados, la gente resbala y se cae menos si llevan los calcetines por fuera de su calzado. El de la Paz se lo llevan unos británicos por confirmar la creencia generalizada de que maldecir alivia el dolor. El de Salud Pública destaca a unos estadounidenses que han determinado experimentalmente la escalada de los microbios por la barba de científicos que la llevan, y el de Química trata de la obsoleta creencia de que el agua y el aceite no se mezclan, yendo lógicamente a un grupo de EE UU dedicado a modelizar fugas de pozos petrolíferos. El Nóbel Ig de Salud Pública del año pasado fue muy comentado: lo ganó una doctora que inventó la manera de transformar su sostén de mujer en dos mascarillas anticontaminación, una para la dueña de la prenda (que la perdía), y otra para cualquier ciudadano próximo con problemas respiratorios.

El IgNobel de Gestión de 2010 se ha cebado en unos italianos que han demostrado matemáticamente que las organizaciones serían más eficaces si promocionaran a sus empleados al azar.

Volviendo a la política: ¡menudo descubrimiento!

[Palabra de Mono Blanco]


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Hábito del agrimensor

Un hombre va a medir un campo donde se cultivan hortalizas. Y resulta que -nada más llega- el campo se convierte en un ‘solar’ por arte de magia, cambio de denominación aparentemente inocuo, si se puede expresar así. Poco después llaman al lugar ‘parcela’. Dicha parcela es aún medible como superficie en metros cuadrados, no como volumen, y menos como volumen de negocios, aunque esto último llega por sí solo, dado que el agrimensor conoce su oficio (hecho con vara, cinta o maquinita de ultrasonidos) y se abstiene de efectuar ningun trabajo que no sea por cuenta propia. Y entonces aparece el catastro, una red mucho más antigua que Internet. El catastro es una red geométrica de propiedades por la que cruzan carreteras, vías de tren y aeropuertos, que otorga una especie de patente de corso. El catastro es neutral, pero curiosamente, al cabo de unos veranos, legalmente la parcela deja de ser mensurable y rebasa la ciencia de la medición -nacida en la época de los egipcios-. El hombre se va. El campo a medir se ha transmutado de iure y de facto en chalets adosados intangibles, pues el “activo” (nuevo nombre) se ha metamorfoseado en viviendas pareadas, cada una con tres plantas, solarium y jardín.

Posteriormente hay un cambio de titularidad, y los inmuebles se derriban, con lo que los dueños unipersonales desaparecen -y con ellos las responsabilidades-, de modo que sigue flotando por la zona, ahora llena de zanjas, la magia inicial. Se constituye una sociedad, una sociedad anónima que asume el coste del bloque de apartamentos subsiguiente, enorme y bien cimentado, con lo cual, si se piensa, continua la magia; pues ¿alguien anónimo puede erigir algo tan “concreto”? (esta palabra asume su acepción anglosajona: hormigón armado). Gracias a una recalificación urbanística, of course: pasito de paloma, vuelo de águila. Ciertos políticos finalmente llegan al gobierno, y gracias a un crítico de arquitectura que tilda de “búnker” y antidemocrático lo que hay, en un abrir y cerrar de ojos consiguen tirarlo abajo, y levantar un rascacielos en tiempo récord, en las mismas coordenadas GPS del campo del principio, pues las estrategias constructivas han avanzado una barbaridad.

¿Qué ha pasado, mientras, con el buen agrimensor, heredero de un oficio que los egipcios practicaban para “recalificar” el cauce del Nilo ante sus subidas periódicas? Pues que se ha jubilado, y decide un día ir a comer con su mujer al restaurante panorámico de la cima del coloso, no en vano costeado en parte por el Ayuntamiento y sus técnicos de management. El ex-agrimensor repite para sí, con obsesión neurótica: todos los ciudadanos formamos parte de la comunidad, y hemos pagado el quíntuple de lo presupuestado en el caso del rascacielos. El restaurante-atalaya es brutal gracias a nuestros impuestos y es famoso en la comarca. ¿Porqué no probar sus productos vegetarianos u hortofrutícolas, licuados y presurizados, muy caros, pero exclusivos y exquisitos? El diablo se regodearía en el pecado de la gula. La web dice que son un auténtico deleite.

Desde ahí arriba, después de mirar el plato vacío, el agrimensor se relaja, bosteza, medita, estira el cuello, y consigue divisar, muy lejanamente, a través del amplio ventanal, un campo remoto donde atisba hierba alta, vegetación desordenada, piedras, hileras de árboles, a lo mejor viñas… ¿Aún posible? La cuerda de su memoria se alarga, pero la billetera está vacía… El vino -malo, pero aparentemente bueno- se le ha subido a la cabeza.

[Palabra de Mono Blanco]


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La fórmula valenciana

En el verosímil año de 1985 (el 10 de noviembre) Baltasar Porcel escribió en un diario una denominada “Crónica Familiar”. Era un retrato despiadado de la Roma imperial, en el que el escritor mallorquín describía de manera divulgativa –buena sinopsis, tratándose de Porcel- las innumerables crueldades, tropelías y fantochadas de los emperadores Nerón, Calígula, Claudio, etc. Se trataba de un relato breve que condensaba las hazañas de la llamada familia Julia Claudia, protagonista de una era donde, como se sabe, alcanzó todo su apogeo el principio de “panem et circenses”. El autor del articulito, desde luego, a pesar de las enormes distancias en el tiempo, sugería más de una semejanza con la realidad de nuestro país en los ochenta.

Las bajezas de los héroes históricos del texto mencionado y la altura aparente del imperio quedaban en paralelo, efectivamente. Este recurso tan sencillo, contrastar la desfatachez, impunidad y perversidad de determinadas criaturas humanas con la magnitud de sus celebraciones, trofeos y autocondecoraciones (incluyendo trajes, carreras de coches o monumentos arquitectónicos) es uno de los atractivos -ancestrales- de la siguiente fotografía literaria, certera, altamente precisa, de la Comunidad Valenciana hoy.

Veamos cómo el escritor y periodista Adalberto Muñoz “la clava”, como se dice popularmente.

La fórmula valenciana (El País, 31-VII-2010, Adalberto Muñoz)

Meninfot es como se conoce en Valencia a quien todo se le da una higa. Palabra ad hoc que bien puede aplicarse a la izquierda valenciana y su base ciudadana, sumidas desde hace lustros en la sima de una perpetua oposición. Secas como el cauce del río Turia.

Mientras la izquierda de la ciudad de Valencia, y del País Valenciano en general, es más bien meninfot, la derecha se dedica a sus negocios, privados y/o públicos. Algunos, como Terra Mítica, parque temático ubicado en un secarral, pierden millones con alegre despreocupación. Otros, como la visita del Papa en 2007, han supuesto el despilfarro de 84 millones de euros del erario público.

La punta de lanza de la actual derecha política valenciana es la burguesía agraria que llegó desde las comarcas a las ciudades con el talante de un llauro (labrador) a lo Paco Martínez Soria. Se mudaron con su subcultura y son los que hoy mandan.

La progresía, entre tanto, lleva años mesándose los cabellos sin entender cómo el AVE de la historia puede ir para atrás, pues en menos que canta un gallo se pasó de celebrar que la ciudad de Valencia había sido capital de la II República en su etapa postrera a fastos papales y marianas procesiones dignas de una superproducción de Cecil B. de Mille.

Fuera de aquí la gente se pregunta: ¿cómo es posible que el PP valenciano lleve 19 años seguidos sin perder las elecciones autonómicas y municipales? ¿Ha cambiado algo desde que se reventara ese forúnculo de merendones que es el caso Gürtel? ¿Son los votantes de Castellón inmunes el caso Fabra y los de Alicante inmunes al caso Ripoll? ¿Cómo es posible que, pese a todo lo que se sabe de Paco Camps, tantos de sus votantes le estén agradecidos por la oportunidad que les ha brindado de asarse al sol los domingos en las gradas sin techado del puerto para disfrutar de la fórmula 1 y de Fernando Alonso en acción?

Los socialistas valencianos ven cómo siempre les adelanta un PP de tono chulesco, que aprendió el inestimable valor político del golpe de efecto, los fuegos artificiales tan queridos en las tierras valencianas. El populismo político valenciano del siglo XXI es una mascletá, como las risotadas de la alcaldesa Rita Barberá ante las acusaciones de que El Bigotes le compró el bolso. La edil exhibe una mueca a lo Millán Astray, y con la cabeza echada hacia atrás, parece decir: “Da igual lo que penséis, de aquí no nos moveremos”.

Todo comenzó a torcerse para la izquierda a finales de los 80 cuando el conocido popularmente como búnker barraqueta comenzó a avivar el anticatalanismo y fabricó de la nada un monstruo secesionista, el blaverismo, que logró divorciar este país perplejo de sus primos naturales del norte. Apareció una caricatura salida de un sainete de Bernat i Baldoví llamado Vicente González Lizondo para enarbolar el pendón anticatalán y con un remake del Vivan las caenas y otro del Muera la inteligencia, el blaverismo empezó a subir como la espuma.

La burguesía urbana ilustrada fue acorralada por una clase venida del campo y extremadamente conservadora. Al principio, el PP sudó tinta para frenar el populismo de los blaveros, pero luego llegó el llamado Pacto del Pollo que disolvió Unión Valenciana en las filas del PP. Lo que catapultó a Rita Barberá a la alcaldía de Valencia en 1991, y ahí sigue.

Empezó la larga marcha por el desierto de la izquierda del País Valenciano. Muerto Joan Fuster, diluidos los periódicos impulsados por la burguesía urbana progresista como Diario de Valencia, situada en la marginación la izquierda nacionalista (Acciò Cultural), el terreno estaba libre para el peor de los escenarios posibles: un urbanismo salvaje impulsado por la derecha ruralota. Hoy la destrucción del litoral valenciano es tal que Benidorm es casi un parque ecológico. Entre 1997 y 2006 se construyeron en el país perplejo 750.000 viviendas, lo que supuso la desaparición de 180 millones de metros cuadrados de suelo rústico. Y esta insaciable clase dominante barrunta ya, con el beneplácito de Paco Camps y su Consell, unos planes de ordenación del territorio que suponen añadir 718.000 viviendas en tan solo 57 municipios. Se expande la pesadilla a lo Mad Max.

Los socialistas valencianos también tienen su responsabilidad. Gobernaron la ciudad y la comunidad a finales de los setenta y comienzos de los ochenta y tomaron algunas decisiones relacionadas con la actual situación. La más vistosa fue el modelo de la televisión pública autonómica: el actual híbrido entre ramplonería folclórica y desfachatez partidista nació con ellos. Bajo mandato socialista, Canal Nou fue diseñado como una botiga para marujas a fin de no enfadar a los blaveros.

Valencia no siempre fue así. El historiador Ramiro Reig escribe que en los primeros lustros del siglo XX, durante la Feria de Julio, el pueblo pedía a la banda municipal que tocara La Marsellesa, y que el Viernes Santo los concejales republicanos paseaban en tartana por la ciudad contra la orden que lo prohibía. Valencia era laica, liberal y progresista hasta el punto de que en las elecciones de abril de 1931 la candidatura de Alianza Republicana alcanzó porcentajes superiores al 75% en los distritos populares.

Pero la Valencia de hoy continúa seca como el Turia bajo el cruel sol de julio. Ni siquiera parece interesada en recuperar su espíritu extraviado.


[Palabra de Mono Blanco]


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¿Qué le deben los políticos a Telefónica?

(Junio 2010)

La deuda actual de Telefónica es bochornosa, y su cuantía es más importante que el escándalo de la privatización de esta empresa en 1997: recordemos el regalo político histórico ante el que nadie se rasgó las vestiduras, incomprensible; propio de un país bananero o de una república soviética. Tampoco nadie dijo nada cuando, años después, el principal beneficiario del golpe de mano más vergonzoso de la joven democracia española voló a Miami con un maletín repleto de millones como indemnización a su “gestión”. Se le había rendido -llaves en mano- la compañía de telecomunicaciones del estado, sufragada por varias generaciones de ciudadanos, a él y a su círculo de financieros. Villalonga, tras el desastre de unas inversiones (Endemol, Terra…) bastante estúpidas -pagadas con billetes hasta hacía poco públicos- se fue forrado, con un montón de dinero. Aquí nadie dijo ni pío, incluido el fiscal general, el defensor del pueblo, o incluso los políticos más despistados, quienes seguramente pensaron que era divertido viajar a México porque se escribía con “equis” (como dijo Valle-Inclán).

Telefónica opera en España desde entonces en régimen de cuasi-monopolio, con tarifas, velocidades y prestaciones que han sido denunciadas por los propios comisarios europeos en diferentes ocasiones, al ser las más abusivas del mundo. Las otras compañías “telcos” privatizadas en diversos países (France Telecom, Deutsche Telecom, etc.), en sus respectivos ámbitos compiten ahora en igualdad de condiciones con empresas surgidas a raíz de la liberalización de las telecomunicaciones en Europa. En cambio, Telefónica mantiene un porcentaje burdo del mercado español que supera el 80%, lo que es inaudito. Como consecuencia, las firmas alternativas que compiten en la piel de toro (Vodafone, Orange…) lo hacen -claro- banderilleadas, sangradas al máximo, evidentemente sin poder rebajar los precios de su picador de referencia.

Y ahora viene lo mejor. Sucede que ante el panorama de la crisis, el Sr. Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, está dispuesto hoy -a partir de bancos que se le supeditan- a darle un empujoncillo ‘público’ a Telefónica de unos 7.000 millones del ala. Tal préstamo será para que Telefónica pueda adquirir la empresa VIVO de Brasil, del ramo; en vez de que esos 7.000 millones de euros se inviertan aquí en España en economía real. Nuestros ilustres políticos, Zapatero o Rajoy (tanto monta, monta tanto) miran a la luna cuando se les recuerda que Telefónica es la empresa más endeudada del Ibex 35, con una deuda oficial (Marzo de 2010) de 45.000 millones de euros, o sea que, si le prestan esa cantidad aún lo estará más.

Algún analista de prensa (bendito) ha insinuado por lo bajines que es obligación del Banco de España y del Estado controlar esa deuda estratosférica, porque Telefónica -a fin de cuentas- es una empresa que presta un servicio vital como son las telecomunicaciones y que, a pesar de ser privada -y usurera-, es demasiado grande para caer. Añade que todo es posible en este maravilloso mundo de los mercados, y que igual tenemos que salvarla entre todos, como está ocurriendo con las cajas…

[Palabra de Mono Blanco]


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La Unicef, el Barça y la corrupción

(Mayo 2010)

Un diario español acaba de publicar un artículo escalofriante sobre los negocios que mantiene Laporta (presidente del FC Barcelona) con la dictadura del Uzbekistán, uno de los peores países del orbe, con una tiranía depravada bajo la que existe la tortura y el esclavismo, incluido el trabajo infantil. Si el periodista firmante -que goza de cierta fama- está en lo cierto, entonces el logo benemérito de la Unicef que exhiben los futbolistas más famosos del mundo tiene truco…

Laporta y la diva uzbeca (John Carlin, en El País de 9-V-2010)

A Joan Laporta, el presidente del FC Barcelona, le costaba creer que el señor de al lado iba en serio. Le había hablado de él unos días antes un conocido, Bayram Tutumlu, en el palco del Camp Nou, el estadio del Barcelona. Tutumlu, agente turco de futbolistas, le había dicho que el señor, de nacionalidad uzbeca, representaba a una empresa potente que quería hacer negocios con el Barcelona. Laporta se interesó y Tutumlu organizó una comida en el Via Veneto, un lujoso restaurante en la zona alta de la capital catalana. Según Tutumlu, la reacción de Laporta cuando vio al empresario de Asia Central, vestido de manera poco elegante y con colores que desentonaban, fue escéptica. “Pero ¿este tío tiene pasta?”, le murmuró al oído a Tutumlu en español, idioma que desconocía el uzbeco, Miraldil Djalalov.

La sorpresa para Laporta fue descubrir que sí, que la tenía. Djalalov era, de hecho, el hombre de paja de la más intrigante, atractiva y rica Gulnara Karimova, hija de Islam Karímov, presidente de Uzbekistán desde 1990, y dueña de un conglomerado uzbeco llamado Zeromax, registrado en Suiza, cuyas empresas operan en casi todas las esferas económicas de su país, entre ellas la minería, el transporte y la agricultura. Zeromax también controlaba el club de fútbol más fuerte de Uzbekistán, el FC Bunyodkor, conocido por los aficionados uzbecos como “el equipo de la hija del presidente”.

La grata comida en el Via Veneto fue el 16 de mayo de 2008. En la segunda semana de agosto del mismo año Laporta hizo su primer viaje a Tashkent, la capital de Uzbekistán, donde fue recibido con honores de un jefe de Estado. En ésta y en visitas posteriores al país asiático, su anfitriona fue Gulnara Karimova, autoproclamada “princesa de los uzbecos”, mujer con un currículo extraordinario. Parte princesa Diana, parte Sarah Palin, parte chica Bond, parte Cruella de Vil, tiene 37 años, posee un doctorado en Ciencias Políticas y un máster de la Universidad de Harvard; diseña joyería para la casa suiza Chopard; tiene su propia marca de moda y de diseño, llamada Guli; participa en proyectos caritativos para el desarrollo de la mujer y de los jóvenes; es cantante de pop, papel en el que cambia su nombre por el de GooGoosha (en su página web, www.gulnarakarimova.com, se puede acceder a una versión suya de ‘Bésame mucho’ con Julio Iglesias), se han publicado historias sobre ella en Vogue, Harper’s y Hello!, se ha fotografiado junto a algunas de las personas más famosas del mundo (entre ellas Elton John y el ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton). A finales del año pasado, Karimova, la mujer de negocios (Zeromax es la empresa más diversificada y más grande de su país), fue nombrada por una revista de Ginebra una de las 10 mujeres más ricas de Suiza, país donde ejerce de embajadora de Uzbekistán ante la ONU, con una fortuna estimada en más (algunos dicen que mucho más) de quinientos millones de euros. En abril de este año presentó sus credenciales ante el rey de España como embajadora de su país en Madrid.

Karimova también ha sido descrita por la revista Foreign Policy, de Estados Unidos, como “una de las peores hijas del mundo”. En un artículo sobre ella publicado en esta revista, un analista de Asia Central explicó: “Zeromax es esencialmente una de las fachadas detrás de la cual Gulnara Karimova continúa consolidando su control sobre todas las fuentes de ingresos de su país por cualquier medio que ella considere necesario”.

El régimen que preside su padre es considerado por las principales organizaciones internacionales de derechos humanos como uno de los más corruptos del mundo. Más allá de la tortura, el asesinato y la intimidación como herramientas institucionales de persuasión, con el fin de perpetuar el poder y la riqueza de la élite de Gobierno, lo que distingue a Uzbekistán es el abuso sistemático de los niños, millones de los cuales han sido obligados a trabajar como esclavos en la cosecha del algodón, principal fuente de ingresos de la “atroz” “mafia-estado” uzbeca, según la definición del último informe sobre el país de Human Rights Watch.

El presidente Laporta, que ha declinado contestar a las preguntas de este diario, aparentemente no tomó estas consideraciones en cuenta a la hora de firmar acuerdos millonarios a nombre del FC Barcelona con Gulnara Karimova, que tampoco ha contestado a preguntas de este diario, y su club de fútbol, el Bunyodkor. El club catalán, patrocinado por la agencia de Naciones Unidas para la defensa de los niños (Unicef), selló un acuerdo de hermandad con el Bunyodkor en aquella visita de Laporta a Tashkent en agosto de 2008. Pero el dinero va todo en una dirección. El Bunyodkor, financiado por las arcas de Zeromax, ha pagado cinco millones de euros al Barcelona a cambio de dos partidos amistosos con los equipos de fútbol de ambos clubes, uno de los cuales se disputó en enero de 2009 en Barcelona; el de vuelta, en Tashkent, sigue pendiente. Tres millones de euros más se ingresaron al Barcelona tras visitas hechas a Uzbekistán por tres jugadores del club -Messi, Puyol e Iniesta-, que participaron en campamentos con jugadores jóvenes del Bunyodkor.

El Barcelona es el único club extranjero que tiene vínculos comerciales con el equipo de Karimova, pero jugadores de otros clubes importantes europeos también han recibido grandes cantidades de dinero a cambio de bendecir con su presencia al Bunyodkor, entre ellos Cesc Fábregas del Arsenal de Londres y Cristiano Ronaldo (en diciembre del año pasado) del Real Madrid. Rivaldo, el jugador brasileño que jugó cinco años en el Barcelona, actualmente milita en las filas del Bunyodkor.

Entre otros famosos que han sido incapaces de resistir las tentaciones económicas de Karimova están los cantantes Julio Iglesias, Rod Stewart y Sting. Hubo un revuelo en la prensa británica cuando se supo a finales del año pasado que Sting, conocido -como el Barcelona- por sus asociaciones con causas humanitarias, había aceptado entre uno y dos millones de libras para cantar en Tashkent. “¿Por qué Sting está aceptando dinero de un dictador, a través de la hija del dictador?”, preguntó The Guardian, perplejo también porque Sting había sugerido que el recital había sido patrocinado por Unicef, cosa que Unicef niega rotundamente.

¿Cómo es la dictadura uzbeca? Veronika Szente Goldston, experta en Asia Central de Human Rights Watch, declara: “Clasificamos a Uzbekistán entre los Gobiernos más represivos y sanguinarios del mundo. Casi al mismo nivel que Birmania o Corea del Norte. Es un infierno para los derechos humanos”. Especialmente notorio fue el caso de la ciudad de Andijan, en 2005, cuando una unidad motorizada de efectivos armados del Estado abrió fuego contra una multitud de manifestantes y mató a cientos de hombres, mujeres y niños. La comunidad internacional ha clamado por una investigación independiente internacional, pero a día de hoy el Gobierno se ha negado y no ha hecho nada, que se sepa, para esclarecer los hechos.

Una investigación que sí dio fruto, en 2002, fue un análisis forense de dos víctimas del régimen solicitado por la Embajada británica. La conclusión fue que los dos habían sido hervidos vivos. La práctica de la tortura es sistemática. Surat Ikramov, que encabeza el Initiative Group of Independent Human Rights Defenders de Uzbekistán, dice que la ‘operatviniki’, nombre coloquial para la policía del Estado, “ve la tortura como parte rutinaria de su trabajo en un sistema cuyo objetivo es extraer confesiones y crear miedo entre la población”.

Naciones Unidas y Amnesty International condenaron en informes publicados el año pasado “el persistente deterioro” de la situación de derechos humanos en Uzbekistán. El propio Departamento de Estado norteamericano, cuyos militares utilizan Uzbekistán como puente logístico para sus operaciones en Afganistán con la cooperación de la empresa de Gulnara Karimova, no ha podido evitar unirse al repudio general hacia el régimen uzbeco. En su más reciente informe sobre derechos humanos, el Departamento de Estado lamentó la situación en Asia Central en general, y en Uzbekistán muy en particular, señalando con especial énfasis el sistema estatal de trabajo forzado de niños en la industria del algodón.

Un informe a fondo (entre muchos) del Environmental Justice Foundation titulado ‘Nación Esclava’ cuenta que al menos un millón de niños, los más pequeños de 10 años, son anualmente sacados del colegio en septiembre por la policía y obligados a trabajar, como los esclavos del sur de Estados Unidos en el siglo XIX, en la cosecha del algodón. Es un trabajo muy duro y cada niño debe cumplir una cuota diaria en kilos. Muchos de ellos viven lejos de sus casas durante la cosecha, instalados en escuálidos campamentos. Malnutridos, muchos enferman. Las tierras son del Estado, cuyos jefes se llevan pingües beneficios. Uzbekistán es el tercer exportador de algodón del mundo e ingresa mil millones de euros anuales de las ventas de este producto, principalmente a Asia. (Varias grandes empresas de Occidente han boicoteado la compra de algodón uzbeco).

Andrew Stroehlein, experto en Uzbekistán del respetado ‘think tank’ International Crisis Group, con base en Bruselas, dice que se trata de “un sistema masivo de explotación, el ejemplo más grande de abuso sistemático de niños dirigido por un Estado en el mundo”. Zeromax, según Stroehlein, es una de las empresas que se enriquece con el algodón, la fuente de más ingresos para el régimen uzbeco.

Entrevistas con personas en Estados Unidos, Reino Unido y Bélgica que conocen de primera mano las operaciones comerciales del régimen uzbeco, entre ellos empleados de Naciones Unidas y exiliados uzbecos que huyeron de su país temiendo por sus vidas, retrataron al presidente Islam Karímov como el capo di tutti capi de una mafia compuesta de unas veinte familias cuyo objetivo es robar todo lo que hay para robar a los 28 millones de habitantes de su país.

Craig Murray, el ex embajador británico que ordenó el examen post mórtem de las dos personas hervidas vivas y autor del libro ‘Asesinato en Samarcanda’, señala a la Karimova como encargada oficial de sacar de su país el dinero que “la cruel y rapaz familia Karímov exprime de su gente”.

Gulnara Karimova es el brazo derecho de su padre. “Su control sobre Zeromax depende totalmente del apoyo del aparato estatal, todas cuyas agencias están a sus órdenes”, explicó un exiliado uzbeco que conoce de cerca cómo funciona la macroempresa con la que tratan tan lindamente Joan Laporta y el FC Barcelona. “Todos saben, claro, que detrás está siempre su padre, y de esta manera ha construido su imperio. Es lista, feroz, astuta”.

Según una persona uzbeca que la conoce muy bien, es “caótica, temperamental y caprichosa: una niña malcriada que se enfurece si las cosas no salen exactamente como ella quiere”. La furia de Karimova tiene su precio. Scott Horton, un abogado estadounidense que ha trabajado para el Banco Mundial en Uzbekistán, dice que las consecuencias de no sucumbir a los caprichos adquisitivos pueden ser nefastas. “Si te llega a percibir como un enemigo, la consecuencia es que se te criminaliza, te encarcelan, torturan e incluso matan”.

En opinión de algunos analistas extranjeros, el objetivo de Karimova es suceder a su padre en la presidencia. Un uzbeco que la conoce muy bien discrepa: “Su plan es sacar todo el dinero que pueda de Uzbekistán y vivir una vida de glamour en Londres, Hollywood, Ginebra, Madrid y Barcelona”.

Parte de la oferta de glamour consiste en asociarse con el club de fútbol más glamuroso de la tierra, el FC Barcelona, cuyo presidente no ha querido hablar a EL PAÍS de su relación con ella, pero, según fuentes cercanas a él en Barcelona, tienen una conexión “estrechísima”. Por un lado, se han visto a menudo en, entre otros lugares, Tashkent, Barcelona, Ginebra y Milán, donde acudieron juntos a la Semana de la Moda en octubre del año pasado. Por otro, está el beneficio financiero que ha obtenido el Barcelona y Laporta de su acercamiento a la dudosa empresa que ella controla, Zeromax.

Hace poco, Laporta exhibía a sus allegados un reloj de pulsera de 200.000 euros, regalo personal de Karimova, según sus palabras.

El bufete de abogados Laporta & Arbós actuó, como es conocido, a favor de Zeromax el año pasado en su intento de comprar el Real Club Deportivo Mallorca a comienzos de 2009. Laporta pretendió cobrar una comisión que, en caso de que se hubiera llevado a cabo la operación, le hubiera reportado unos cuatro millones de euros. La mediación de Laporta en este caso fue duramente criticada en los medios, y condujo a la renuncia de varios directivos del Barcelona, debido a la percepción de que se había aprovechado de su cargo como presidente del Barcelona con ánimo de lucro personal.

Bayram Tutumlu, que conoce a Laporta hace años y hace pocas semanas retiró una querella judicial contra él por supuesto incumplimiento de pago, dijo del presidente del Barcelona: “Está obsesionado por el dinero. Allí donde lo ve, aunque sea en una piscina llena de tiburones, se tira”.

El problema más grave que ven varios antiguos directivos del Barcelona, algunos de ellos asociados en su día con Laporta, es que -de hecho- ha lanzado el propio club a los tiburones; ha inflingido un serio daño a la imagen del club al asociarlo fraternal y comercialmente con el Bunyodkor, la expresión futbolística del Estado mafioso, criminal y abusador de niños sobre el que la familia Karímov ejerce un control absoluto. El FC Barcelona es admirado en todo el mundo no sólo por su fútbol, sino también por haber desdeñado -en teoría- las ofertas de grandes multinacionales, y haber optado por lucir en su camiseta el nombre de Unicef, “la agencia de Naciones Unidas que tiene como objetivo garantizar el cumplimiento de los derechos de la infancia”, según se define oficialmente.

En la página web del FC Barcelona se expresan sentimientos acordes con los que guían a Unicef. “El FC Barcelona es más que un club para muchas personas del resto del Estado español que vieron en el Barça un firme defensor de los derechos y las libertades democráticas… Hay que globalizar al Barça solidario y humanitario”.

Gracias a la conexión entre Laporta y Karimova, la extensión de la globalización solidaria y humanitaria del Barcelona a un régimen que está en primera fila de los violadores de derechos humanos del mundo ha provocado la ira de todos aquellos que luchan para que la infame situación de Uzbekistán sea más conocida en el mundo, y para que se meta presión internacional al régimen Karímov.

Craig Murray, ex embajador británico en Uzbekistán, lo expresó de esta manera: “Estoy completamente horrorizado con la actitud del presidente del Barcelona. Es como haberse asociado con Adolf Hitler para promover un equipo de fútbol en Berlín durante los años treinta. Realmente es asombrosa, incluso en el mundo loco por el dinero del fútbol, tanta ceguera ante la inmoralidad”.

El cantante Sting se arrepintió, después de que la prensa cargara contra él, de su conexión uzbeca y reconoció que el presidente Karímov tenía una reputación “horripilante” en el terreno de los derechos humanos, declaración que provocó la furia de su amiga Karimova y condujo a la prohibición de sus canciones en las radios uzbecas.

Joan Laporta mira el reloj y guarda silencio sobre su amistad y sus relaciones comerciales con el clan de la Karimova, con la que -concretamente- se especula que le une una relación personal más íntima. Pero Laporta sigue machacando en público, sin pelos en la lengua, el papel de su club como estandarte de los mejores valores humanos. En una entrevista con El Mundo en enero pasado, 16 meses después de que el régimen uzbeco le recibiera con relumbre y pompa, nuestro hombre, que tiene ambiciones políticas, declaró, sin la más mínima ironía, y con la mayor de las desenvolturas: “El Barça encarna la épica que guía a la libertad a los pueblos sometidos”.

[Palabra de Mono Blanco]


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Spain is different: el caso de 'El Camaleón'

(Abril 2010)

Con Samaranch está ocurriendo algo parecido a lo de Garzón, es decir, que tenemos a toda la prensa extranjera alucinando con lo que pasa debajo de los Pirineos (coletazos del franquismo sometiendo al poder judicial, en el caso del magistrado: el poder que Simone Weil priorizaba sobre el ejecutivo y el legislativo).

El óbito del anciano Juan Antonio Samaranch, apodado ‘El Camaleón’ por sus allegados, ha suscitado por una parte una oleada de admiración necrológica en España, singularmente en Barcelona, y, por otra, una retahíla de artículos hostiles en el resto del universo. Publicaciones y entidades de alcance mundial y nada sospechosas como The Times, L’Express, la BBC, Le Monde, The New York Times, La Stampa, The Wall Street Journal, y un largo etcétera, no habían salido todavía de su pasmo ante el numerito del Tribunal Supremo hispánico (procesando a Garzón), cuando, en efecto, dichos medios han tenido que afrontar otra cosa: la locura de las esquelas aparecidas en la prensa y los medios en España sobre el ex-presidente del COI fallecido; según las glosas de aquí, un santo.

Para los de allá, es curioso, nada de hagiografías. O sea, escasísimas alabanzas; todo lo contrario. Samaranch era el tipo más corrupto del orbe, un fascista confeso, el individuo más arrogante que ha existido desde los zares, entregado al lujo y al derroche a costa del dinero de la comunidad internacional, recaptador de prebendas de toda índole, reo de cooptación y de nepotismo evidente (nombró a su hijo en el COI), forjador de una fortuna inmensa en Suiza gracias a sus cargos públicos y a la manipulación interesada del deporte, etc.

Lo dicen los siguientes links

- The Times

- L’Express

- BBC news

- Le Monde (I)

- Le Monde (2)

- The New York Times

- La Stampa

- The Sidney Morning Herald

- Kurier

- The Wall Street Journal

Spain is different!

[Palabra de Mono Blanco]


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Una inmobiliaria de Núñez revienta un edificio histórico del Tibidabo

(Marzo 2010)

Estamos hartos. En esta ocasión le toca a La Rotonda, una simpática construcción de la parte alta de Barcelona coronada por una glorieta que da su tradicional fisonomía a la zona. La que había sido ha sido la casa de Salvador Andreu (el doctor Andreu) resulta que se convertirá en un brutal bloque de oficinas por gentileza de José Luis Núñez y Navarro. La Rotonda es un histórico edificio situado en la confluencia del paseo de Sant Gervasi con la avenida del Tibidabo, un emblema de la ciudad, el lugar exacto donde arranca el Tramvia Blau.

Hay una plataforma ciudadana con centenares de firmas contra la colmatación del volumen edificable, con todos los metros cúbicos posibles. Los vecinos, aterrados, estupefactos ante la amenaza de una transformación última y letal de lo que hasta ahora era un digno edificio -con diferentes utilidades a lo largo del tiempo-, creen que es un insulto a un enclave protegido del barrio, mientras el Ayuntamiento de Barcelona mantiene que todo está bien, que el expediente es legal y que, a la espera de un informe de ‘Patrimonio’ (nido de funcionarios indulgente con auténticas aberraciones), es de prever que la obra no tendrá problemas. El edificio se halla inscrito en el catálogo histórico-artístico, aunque los catálogos los publica ‘Patrimonio’, y, en cualquier caso, no es la primera vez que acepta engendros en sitios clave, perpetrados con la ayuda de la municipalidad bajo no se sabe qué pactos.

La Rotonda echó a andar como proyecto en 1900. Salvador Andreu quería construir una casita que acabó, en 1910, siendo una casona de tres plantas y jardín, obra del arquitecto Ruiz Casamitjana. El edificio fue reformado en los años 30 por Enric Sagnier, y luego en los 50 por un pariente suyo, arquitectos de aquella burguesía barcelonesa tan distinguida, volcados en construir lo que fuera, pero siempre -hay que confesarlo- con tacto y sentido de las proporciones. La reforma última se produjo en los 70, firmada por un tal J. Esteban, evidentemente más prosaico, y con objeto de adaptar el edificio a usos hospitalarios. La Rotonda se fue deteriorando progresivamente, y cayó en el abandono. Ahora, los ediles, en vez de invitar al rescate de este edificio-icono para afinar sus formas delicadas y elegantes, y vaciar el caos interno provocado por antiguos usos, apilados como un palimsesto, ahora, con alevosía, deja la iniciativa al buitre inmobiliario más voraz de Cataluña, que quiere obviamente rebañar la tostada embutiéndole ladrillos hasta el último rincón. El señor Núñez planea “transformar” la grácil Rotonda en 11.000 metros cuadrados puros y duros, es decir, en un edificio de oficinas con una volumetría máxima.

Esa edificabilidad –se excusa el Ayuntamiento– es el tope que permiten las normas urbanísticas. Como el edificio está catalogado, el promotor ha dispuesto volúmenes retranqueados en varias plantas, a la manera de la célebre ordenanza de Nueva York, para evitar el sobrevuelo de la altura de la fachada. “Una colmatación que tendrá un impacto de órdago”, sostiene la señora Àngels García, de la plataforma de vecinos.

El proyecto ha superado los controles pertinentes. Fue aprobado por el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, que acotó en teoría las partes superiores del edificio, sin decir nada del estrangulamiento del antaño holgado patio interno, por el que respiraba el edificio. Esto y la sobreconstrucción “reventaire”, no quedan disimulados precisamente en la maqueta que aparece en la documentación del área de Urbanismo del Consistorio: los cuerpos superiores, inferiores, colaterales, periféricos, estratosféricos, etc., dan una apariencia bestial al mamotreto. Las recomendaciones de Sarrià fueron tenidas en cuenta, alegan en Urbanismo. El gerente del área, Ramon Messeguer, asegura que el proyecto se ajusta a la legalidad. “Es cierto, agota la edificabilidad, pero ello es legítimo. Opinen sobre si les gusta o no, nada más”, amonestaron a los periodistas.

Pues bien, nosotros opinamos que este abuso es un delito, y daña la firma de Alfredo Arribas, autor del hiperaprovechamiento, quien, como todos los arquitectos actuales, y siendo diplomáticos, seguramente va “curt de feina”. Para este artista (con trabajos premiados, experto en vinos y arquitectura japonesa), la lectura que hace la plataforma vecinal no tiene base. “Mi intervención enaltece la Rotonda, pues la edificabilidad se ordena de una manera suave y armoniosa” -afirma con aplomo, y sin revelar sus honorarios, directamente proporcionales a la rentabilidad explotada al límite. Que se callen los vecinos, insulsos, ignorantes y zopencos.

[Palabra de Mono Blanco]


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Porqué la gente vota al Partido Pirata

Peter Sloterdijk, filósofo y catedrático alemán, ha desmontado con elegancia en su obra “Esferas III” la pretenciosidad de los arquitectos actuales. Éstos, inmunes al desastre medioambiental provocado en gran parte por la sobreconstrucción en el planeta, todavía hoy ignoran cualquier crítica que merme su inexplicable prestigio social. Escuelas de arquitectura avanzadas, como la famosa Graduate School of Design de la universidad de Harvard, hacen tímidos intentos por construir discursos alternativos para una disciplina –la arquitectura- que hoy, bajo un análisis mínimamente riguroso, se encuentra en los antípodas de la actualidad de la cultura, de la ciencia y de todo lo interesante que circula por las redes telemáticas. A los mandarines intelectuales del tocho (es decir, a aquellos que caciquean en las escuelas de arquitectura europeas, y especialmente en las españolas, llenas de funcionarios) les cuesta enormemente digerir conceptos más allá del diseño de pasteles y espacios “singulares” contratados por munícipes facinerosos, adscritos a un fetichismo de la forma y la geometría ante el que la colectividad se muestra indulgente. Es insólito, pero los medios siguen encumbrando a esta ralea de presuntuosos y sus “logros” y “hallazgos” arquitectónicos. La ciudad de Barcelona padece esta suerte de papanatismo, en parte por su afamada escuela de arquitectura de la Diagonal, una institución muerta desde hace decenios, pero sorprendentemente valorada en algunos círculos aún más estúpidos (o bien más perversos, o bien secretamente interesados en mantener una mafia internacional del hipotético diseño)

Sloterdijk sabe meter el dedo en la llaga, y no sólo en la de los arquitectos, ayer miembros de la intelligentsia, y hoy culturalmente cazurros. También ha polemizado drásticamente con su colega y paisano Jurgen Habermas sobre paradigmas biopolíticos y “bioéticos”, con una tesis que –en su momento, y como mínimo- dinamizó el gastado debate cultural. Asimismo, en una fecha tan lejana como 1983, Sloterdijk pergeñó una Crítica de la Razón Cínica que explica perfectamente el sentir del ciudadano medio actual frente a los políticos, y, en más de un sentido, el nacimiento y auge del autodenominado “Partido Pirata” contemporáneo. ¡Se necesita un partido así, centrado en el ámbito de la arquitectura y el diseño, idealmente con sede en Barcelona, en el 22@!. En Suecia y Alemania, desde luego, los Partidos Piratas se ven a sí mismos como una fuerza emergente en la escena política global. “En tan sólo 42 meses hemos registrado un intenso crecimiento”, afirmó hace poco el director de la asociación internacional de los partidos pirata. Hay ya 40 partidos pirata en el mundo, entre otros países, en Argentina, Perú, Brasil y España.

En Suecia el Piratpartiet alcanzó un 7,1 por ciento de los votos durante las pasadas elecciones al Parlamento Europeo el 7 de junio de 2009. Los 215.000 votos obtenidos en Suecia valieron a la formación obtener un escaño en la Eurocámara, que ocupa el ingeniero informático Christian Engström. En Alemania el éxito logrado por el Piratenpartei fue incluso mayor, al obtener 229.000 votos, cifras que se relativizaron debido al tamaño del país (0,9 por ciento de los votos), sin traducirse en otro escaño para su candidato; los resultados sin embargo, fueron excepcionales considerando que fue la primera vez que dicha formación participó en la campaña para ingresar al Parlamento Europeo.

El Partido Pirata -esencialmente antielitista- parece centrarse en la cuestión de los derechos de autor, y en la circulación libre de contenidos digitales, pero su ideario esconde más de una ironía grata y saludable en el desolado panorama europeo, éticamente devastado, y permanece abierto a cuestiones que incomodan grandemente a los políticos tradicionales. Pues bien, en el sentido de las muchas contradicciones que afectan al ciudadano actual -carne de cañón para los partidos políticos predominantes-, Francesc Torralba Roselló, de la Universidad Ramon Llull, ha escrito recientemente este artículo de prensa:

El antídoto al cinismo
(Francesc Torralba, El País 15/02/2010)

Desde que el filósofo alemán Peter Sløter-dijk publicara la Crítica de la razón cínica han pasado ya más de 25 años y, sin embargo, su profundo análisis de cinismo postmoderno sigue gozando de una extraordinaria vigencia. Esta obra, junto con la Teoría de la acción comunicativa (1981), de Jürgen Habermas, y El principio de responsabilidad (1977), de Hans Jonas, es, con mucha probabilidad, uno de los ensayos filosóficos más sugerentes del último tercio del pasado siglo.

En la obra, reeditada hace muy poco por Siruela, el polémico pensador distingue, con lucidez, el cinismo griego, cuyo máximo representante es Antístenes, del cinismo contemporáneo. En aquella escuela filosófica se adoraba al perro, se reivindicaba la vida natural, sin normas, ni convenciones, en plena harmonía con el Todo; se aspiraba a una existencia sobria, sin ornamentos, ni artificios; se anhelaba la autenticidad, lo cual nada tiene que ver con el cinismo difuso de la tan cacareada postmodernidad.

El cinismo postmoderno es una expresión del nihilismo. El cínico postmoderno ya no cree en nada, ni en la Patria, ni en la Revolución, ni en el Partido. Ha dejado de confiar en las grandes palabras. En su alma habita el más inquietante de los huéspedes: el nihilismo. Parte de la idea que todo lo sólido se desvanece en el aire, por lo cual, la lucha carece de sentido, como también la revolución.

El cínico es el último eslabón del criticismo, la consciencia desgraciada de la Ilustración, el gato escaldado por las ideologías. Como insinúa Peter Sløter-dijk, sólo se mueve por el instinto de autoconservación a corto plazo. Experimenta una cierta ternura frente al joven alternativo, al rebelde antiglobalización y al ecologista convencido; una suerte de piedad frente a los que sueñan que otro mundo es posible. Viene de vuelta de todo, pero, en el fondo le devora una melancolía que mantiene bajo control emocional. Es un conformista, lleva tatuada en su epidermis la mentalidad TINA (There is no alternative), pero aparenta creer en algo, da la impresión que tiene convicciones y, de hecho, sigue en el Partido, en la Iglesia o en la ONG de turno, pero sólo él sabe que ya no cree en nada más que en conservar su statu quo. El cinismo difuso es el gran mal a combatir, una especie de virus que campa a su aire por el mundo social y político.

El cínico se mira con indiferencia los avatares de la historia. No cree en el poder de la razón y experimenta pasivamente cómo se embrutecen las masas con los medios de comunicación audiovisual y cómo se atrofia la democracia. Sabe, en sus adentros, que el fracaso de la Ilustración que anunciaron los filósofos de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno y Max Horkheimer, se ha hecho fatalmente realidad en la burbujeante sociedad postmoderna que, más que líquida -con perdón de Bauman-, parece pura gaseosa. Viendo cómo va el mundo desde el sofá de su casa, el cínico, víctima de una sobredosis de telebasura, se pregunta para qué ha servido la cultura de la crítica, la escuela de la sospecha, los grandes maestros pensadores.

Pregunté a mis alumnos cómo se detecta a un cínico; cómo curarse del cinismo, diagnosticarlo a tiempo y combatirlo. Me quedé sorprendido de sus respuestas. El cínico, por bueno que sea -decía uno-, es un texto camaleónico, que adopta la forma del contexto, un ser sin convicciones que manosea las grandes palabras para mantener su silla. Cuando uno contrasta su discurso público con su vida privada, aflora la incoherencia y el cínico aparece con luz meridiana.

El cinismo es una secreta forma de desesperación y de resentimiento contra toda forma de pensamiento alternativo. En la vida política está alcanzando tal magnitud que uno tiene que luchar firmemente contra su escepticismo para no tirar la toalla. Muchos jóvenes ya la han tirado. No se creen a los políticos cuando hablan y, sin embargo, están sedientos de referentes sociales, de arquetipos ejemplares, de razones por las que merezca la pena luchar. Tienen hambre de épica.

El cinismo genera desconfianza y desesperanza. Frente a él es necesario repetir una y otra vez que otro mundo es posible (y necesario). Contra el fatalismo histórico que anida en el alma del cínico, es esencial reivindicar el poder de la razón y de la participación, el principio esperanza del olvidado Ernst Bloch, la indignación frente al mal y las estructuras de injusticia que ahogan el mundo. Nos conviene recordar que toda realidad viene precedida por un sueño.

El cinismo es el fruto maduro del nihilismo finisecular. Friedrich Nietzsche lo predijo, pero no nos dio herramientas para liberarnos de él. Después del fracaso de las utopías, llegó el nihilismo y, con él, el cinismo. Pero, después del cinismo, ¿qué podemos esperar? Nadie lo sabe con certeza. Será necesario forjar nuevos horizontes de sentido, anclados en el conocimiento real del ser humano, pero con la memoria despierta, pues, de otro modo, podríamos tropezar, una vez más, con la misma piedra.


[Palabra de Mono Blanco]


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Cultura y economía

El liberalismo económico considera la cultura como un epifenómeno de la economía, como un terreno más sobre el cual deben ejercerse opciones estrictamente individuales (que el libre tráfico favorecerá o satisfacerá).

Perseguir fines con medios individuales -que el mercado fomenta y sobre los cuales (teóricamente) prospera-, no garantiza los mecanismos sociales necesarios para la consecución de dichos objetivos, y mucho menos los culturales. La libertad cultural es la capacidad de la sociedad para “satisfacer una de nuestras necesidades más fundamentales, el derecho a definir cuáles son justamente esas necesidades” (Comisión Mundial sobre Cultura y Desarrollo, 1996).

Hace ya muchas décadas que cada generación espera como algo natural mejorar su situación respecto de la anterior. No sorprende que se consideren la innovación y la creatividad con mayor fuerza. El crecimiento económico antes de 1800 era lento, errático y sometido a bruscos retrocesos. El anhelo del progreso era casi desconocido en las sociedades premodernas; los antiguos tendían a cultivar el recuerdo de una edad de oro mítica, y a admirar, o incluso a adorar, a sus antepasados. Las sociedades premodernas vivieron pues, bajo la inercia de la costumbre y de la tradición.

Estamos ahora en una época en que la atención pública duda del progreso “conseguido” y oscila violentamente entre los resultados económicos, por un lado, y las creencias y valores que quedan en la sociedad -nuestra cultura-, por el otro. Nuestros deseos y nuestras espectativas sociales ¿se han realizado, actualmente, por sí mismos? Entonces habría que admitir –a la antigua– que el contexto cultural encauzó o enmarcó el devenir económico. ¿O es la cultura la que se adapta a la evolución económica en cada período histórico?. Si la hipótesis por antonomasia de los economistas afirma que la cultura se deriva de la situación económica, entonces, en esta tesitura, el futuro inmediato en España (y Cataluña), estaría en un momento duro. Los desastres acaecidos son tan brutales, que entre los colegas de la disciplina del dinero se oyen renuncias significativas, es decir, un grito anticorporativista, un clamor por un enfoque ajeno a su materia, la apelación al borrón y cuenta nueva en política; en resumen, la apuesta desesperada por un movimiento drástico de conciencias y comportamientos…

¿Qué fue antes, la cultura o la economía?

Véase el escrito reciente de un especialista de la ciencia de Adam Smith, cuyas reflexiones finales, en cualquier caso, parecen abogar por un cambio cultural histórico (y porqué no apuntar con el dedo a Ministerios, Consejerías y Departamentos de Cultura: ¡que se muevan ellos primero en la foto!)

It’s the deleveraging, stupid

Roberto Centeno – Catedrático de Economía de la UPM (25/01/2010)

“¡Es el desapalancamiento, estúpido!”. Parafraseando la conocida expresión, “¡es la economía, estúpido!”, el reputado analista John Mauldin titulaba así un reciente comentario que es de aplicación en todo el mundo y en España, el país más apalancado del planeta, resulta el corazón de nuestra problemática económica. Mauldin explica el hecho conocido de que la crisis actual, a diferencia de las anteriores, es una “recesión de desapalancamiento”.

Nos hemos endeudado demasiado, los activos adquiridos con el endeudamiento, en contra de lo que afirmaba el irresponsable Pedro Solbes en la primavera del 2007, incitando a las familias a endeudarse más y más, “cuanto más se endeuden más ricos son”, han perdido gran parte de su valor, llevándonos a una situación de muy difícil salida, a lo que en nuestro caso se añade un modelo de Estado corrupto hasta la médula e imposible de financiar, y un sector bancario fuertemente politizado e incapaz de devolver su inmensa deuda. Una combinación explosiva, que en lugar de desactivarse se esta potenciando.

John Mauldin hace referencia en su análisis al estudio realizado por el McKinsey Global Institute (www.mckinsey.com/mgi/publications/debt-and-deleveraging/index) que muestra como los procesos de desapalancamiento han durado de media de 6 a 7 años en 45 casos posteriores a 1930, durante los cuales el crecimiento ha sido prácticamente nulo, y cuando éste proceso se prolonga, ha acabado siempre en una grave crisis financiera.

El estudio refiere, en el caso de nuestro país, un precedente de desapalancamiento a través de la inflación. “La muerte del general Franco en noviembre 1975 dejó un vacío de poder. El país adoptó una política monetaria tan expansiva que produjo un incremento espectacular de la inflación, que alcanzaría su máximo en 1977 con un 25% -en realidad el 44% a mediados de ese año-. Después, la política monetaria se endurecería y la inflación bajaría al 16% en 1980”. A continuación, explica cómo de una deuda del 120% del PIB en 1976, una bagatela comparada con la actual, se consigue bajar al 106% en 1980, gracias a la inflación -o del 105 al 92 % considerando sólo la deuda privada- pero con unas consecuencias devastadoras sobre el crecimiento y el empleo.

Aunque el estudio no lo especifica, pasaríamos de un crecimiento medio del 7,5% en el periodo 1970-75 a otro del 0,8 % en el decenio 1975-85 -el 6% la media de la OCDE- y el paro del 3% en 1973 al 35% en 1977. Y lo que el estudio denomina eufemísticamente “vacío de poder”, fue simplemente el desastre político económico de la Transición, donde un hatajo de irresponsables, ineptos o cobardes, de uno y otro signo, sentaron las bases de la ruina económica y política de España, inventando el modelo de Estado, más destructivo, ineficaz y corrupto de occidente, y un sistema partitocrático profundamente antidemocrático, que permite a unos pocos imponer su voluntad y expoliar impunemente a toda una nación. Si este país ha de sobrevivir, tendrá que barrerlo primero del mapa y volver a empezar de cero después.

En la economía real el resultado fue el hundimiento de la renta “per capita” relativa, que después de alcanzar su máximo de convergencia de todos los tiempos en 1975, el 81,4 % de la media de los 9 países del entonces Mercado Común, se desplomaría hasta el 70,8 % en 1983. Y que 35 años después no se ha conseguido superar. La renta “per capita” relativa a esos 9 países, es hoy del 79,6 % o del 97,4 % de la UE-27. Pero la prueba del nueve del desastre del modelo de Estado impuesto durante la Transición es que mientras en 1975 la renta “per capita” de Irlanda era igual a la nuestra -10.000 $-, hoy es un 30% superior, consecuencia de un modelo de Estado que nos hizo crecer por debajo del potencial, incluso en los mejores momentos, y hoy nos lleva a la ruina. En la economía financiera, se produciría la mayor crisis de nuestra historia, brillantemente resuelta por el último Gobernador con mayúsculas del Banco de España, el injustamente vilipendiado Mariano Rubio, que entre 1978 y 1983 rescató, consolidó o nacionalizó 52 entidades de un total de 100, con unos depósitos equivalentes al 20% del total.

Hoy (2009, 2010) ya no estamos hablando de una deuda del 120% del PIB, sino del 282%, la mayor en términos de PIB del mundo desarrollado: 129% del PIB empresas, 88% familias o 125% de su renta disponible, y 65% AAPP y seudoempresas públicas. El desapalancamiento ha comenzado en la parte privada y va a continuar, lo que convierte en delirantes las previsiones de consumo e inversión de los PGE de 2010, pero crece sin limite en la pública.

Según el estudio McKinsey, existen cuatro arquetipos de desapalancamiento: 1) austeridad o “apretarse el cinturón”; 2) quiebras masivas; 3) inflación elevada; y 4) un crecimiento rápido del PIB. Obviamente, en España sólo se dan dos posibilidades, la 1) y la 2). ¿Y dónde estamos nosotros?, el estudio habla de varias fases. En la primera, comienza la caída de la economía pero ésta todavía sigue apalancandose (1-2 años); en la segunda empieza el desapalancamiento y el crecimiento del PIB es “significativamente bajo” (2-3 años); y en la tercera la economía se recupera lentamente mientras el desapalancamiento continúa (4-5 años). Añade también que el crecimiento del endeudamiento público, y cita a España específicamente, puede contrarrestar las reducciones de deuda de familias y empresas, y concluye “vemos el riesgo de que algunas economías -España obviamente- pueden permanecer altamente apalancadas, lo que crearía unas perspectivas económicas muy frágiles y altamente inestables a lo largo de los siguientes 5 o 10 años”.

¿Y cómo nos aplica esta evidencia empírica? Para empezar, seguimos en la primera fase, “caída de la economía mientras sigue el apalancamiento”, “ergo” ni siquiera hemos empezado los años de “crecimiento significativamente bajo”, ¡y estos mentirosos que nos gobiernan dicen que hemos tocado fondo! Y en 2010 seguiremos igual, el despalancamiento de familias y empresas seguirá, pero el público crecerá significativamente, tanto que esto producirá un cambio mayor: en algún momento del año los mercados nos cerraran el grifo, y estaremos al borde del “default”. A partir de aquí ya no seguiremos el arquetipo 1), Gobierno y PP S.L. allá donde manda, están instalados en el despilfarro más absoluto sin intención de cambiar, excepto en la retórica. Pasaremos al escenario 2), quiebras masivas: quiebra de casi el 50% del sistema financiero, quiebra de la Seguridad Social y suspensión de pagos de España; un desastre sin precedentes en tiempos de paz. En línea con ello, la Agencia Tributaria acaba de publicar la realidad escalofriante del paro, más allá de las mentiras masivas del INEM y del INE: “El número de personas distintas que cobraron desempleo en algún momento de 2008 fueron 4.486.292”, un dato inapelable porque quien cobra el paro está parado. Y dado el incremento del montante de prestaciones en 2009, la cifra es hoy ¡6,6 millones! Algunos pueden ser parados estacionales, pero otros ya no cobran prestación alguna, o buscan el primer empleo. Los que hemos estimado el paro actual en 5,2 millones nos hemos quedado cortos.

Desde principios de año se ha producido un vuelco en la percepción internacional de nuestra economía, que contribuirá a precipitar los acontecimientos. Goldman Sachs, el primer banco de inversión mundial, recomienda desde la pasada semana vender la deuda española, para “protegerse ante un posible impago de la misma”. Deutsche Bank igual y en las próximas semanas lloverán los informes en el mismo sentido. Mientras, la prensa europea habla ya abiertamente de la suspensión de pagos de España junto con Grecia y Portugal. Además y en contra de todo pronóstico, la presidencia de la UE por Zapatero, en lugar de mejorar nuestra imagen, está contribuyendo a deteriorarla seriamente.

Da igual cuanto dinero despilfarre Zapatero en anuncios sobre su Presidencia en la prensa económica mundial, algo que no había hecho ningún otro presidente de turno, da igual lo que digan BdE, INE, BBVA que parece estar dirigido aún por Sebastián o quien sea, se acabó la fiesta, ya no hay dinero -en 2009 de cada dos euros de gasto uno se financió con deuda, en 2010 serán dos de cada tres- y la capacidad de endeudamiento llega a su fin. Sólo un giro inmediato y radical, reduciendo drásticamente el despilfarro, ¡estimado en 90.000 millones de euros casi el 9% del PIB!, y el gasto corriente; cerrando las entidades financieras inviables y acometiendo las reformas estructurales esenciales, podrá devolvernos al arquetipo 1), y a cambio de austeridad, sudor y lágrimas, conseguir en 2 o 3 años iniciar la senda de la recuperación. No sucederá, ni Zapatero ni Rajoy, en las áreas donde gobierna cada uno, están dispuestos a ello. Una pareja letal para una España en crisis.

[Palabra de Mono Blanco]


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Sobre el hotel Vela

(Enero 2010)

El arquitecto y profesor Josep Maria Montaner i Martorell realizó estos comentarios públicos hace casi ya dos años (14-VI-2008), pero mantienen toda su vigencia, teniendo en cuenta que cierto papanatismo arquitectónico es una dolencia característica de Barcelona:

…Es de temer que la Barceloneta va a seguir al Poblenou como barrio cuya memoria más se ha arrasado. A los riesgos que comporta la modificación del Plan General Metropolitano en la regulación de la edificación tradicional de la Barceloneta (2007)… se suma la amenazante aparición del hotel Vela, proyectado por Ricardo Bofill en 1999, situado en la misma línea del mar, en los terrenos de la Autoridad Portuaria de Barcelona, hito con el que arranca la transformación especulativa de la nueva bocana del puerto.

…Hay pocas dudas de que la política del Ayuntamiento de Barcelona ha cambiado. A ciertas miradas malévolas les interesa desfigurar esta evolución y quieren enfatizar que siempre ha sido así. Pero no es cierto. Cuando Barcelona renació como ciudad democrática, a principios de los años ochenta, se aplicó una política progresista y prometedora, si la comparamos con la regresión que implicaron los modelos neoliberales que entonces implantaban Margaret Tatcher y Ronald Reagan. Poco a poco, este modelo Barcelona, de búsqueda del consenso entre lo público y lo privado, se ha ido diluyendo en una política marcadamente neoliberal. La paradoja es que esta política urbana -conservadora y capitalista- la esté aplicando un gobierno municipal formado por dos (en realidad, tres) partidos políticos que se autodenominan de izquierda.

…El plan de la Barceloneta es expresión de un neoliberalismo implacable aplicado a los planes urbanos: será la lógica del propio mercado la que transforme el barrio en función de derribos selectivos para instalar núcleos de ascensores, agrupando varias fincas, y serán los propietarios potentes, los inversores y los turistas los que se irán acomodando a medida que se vaya expulsando a los antiguos inquilinos de pocos recursos económicos y legales. Es la culminación del proceso de ir dejando a la frágil Barceloneta a su suerte. Mientras se intervenía en otras áreas de Ciutat Vella, su patrimonio de casas proyectadas por ingenieros militares a mediados del siglo XVIII se dejaba desmoronar. El mismo plan de los ascensores, al establecer la altura reguladora en planta baja y seis pisos, favorece la desaparición de los escasos testimonios de casas bajas originales.

…Y el hotel Vela se levanta como emblema de la gentrificación de un barrio popular, como otro episodio más de la avaricia del puerto con sus terrenos, que ya generó una fuerte polémica a finales de los años ochenta y principios de los noventa por la abusiva transformación del Port Vell. Cuando funcione, el hotel va a contribuir más al colapso circulatorio y a la mutación de la Barceloneta… Tal mamotreto, fuera de escala y de contexto, chupando de las infraestructuras, aprovechándose de los desagües y colapsando los accesos del barrio, es un nefasto símbolo de la Barcelona neoliberal, vendida a la industria turística y a los intereses inmobiliarios. De momento, ya se ha expulsado a vecinos y las cases de quart se convierten en apartamentos por semanas. A los trabajadores del Poblenou les han ido borrando su memoria día a día, fábrica a fábrica, a cambio de nuevos edificios arroba; el antiguo barrio de pescadores y artesanos lo están convirtiendo en escenario del mundo basura del turismo. Quizá estén pagando tardíamente la factura de que en las primeras décadas del siglo XX fueran los focos de los movimientos sindicales y anarquistas.

…¿Será cierto que se va a detener el plan de los ascensores y la moratoria permitirá hacer uno nuevo, con una mejor supervisión pública y una mayor participación ciudadana? ¿O son tantos los pactos previos y componendas, los intereses para elevar astronómicamente los alquileres, que el plan ya no tiene vuelta atrás y se irá destruyendo el tejido social de la Barceloneta?

…El proyecto del hotel Vela fue aprobado con la connivencia de la Autoridad Portuaria, la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona y el Gobierno de la Generalitat de Jordi Pujol, y con una rebaja de los 154.000 metros cuadrados a un máximo de 129.000, que sigue siendo una salvajada. El hotel tiene 450 habitaciones y, en la base, un gran edificio recreativo y de oficinas, de planta baja y seis pisos de altura. Se pactaron entonces unas contrapartidas de conexiones y transporte (monorraíles y recorridos marítimos) que aún no se han cumplido. ¿Es aceptable que los futuros usuarios del hotel colapsen aún más un paseo por el que pasan los vecinos, la ciudadanía y los bañistas? ¿Puede ser que contemplemos callados cómo se levanta, saltándose la Ley de Costas, la última puntilla para ahogar el carácter social y urbano de la Barceloneta?

[Palabra de Mono Blanco]


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Golpe de estado

Por un golpe de estado incruento, civil y multitudinario, pero inapelable en el sentido de irreversible, la gente no debería alarmarse. De hecho, es la única solución, y el nuestro es el escenario idóneo en donde no sólo podría producirse un movimiento popular radical y refundante de las relaciones políticas y sociales, sino que incluso –de suceder en algun sitio por debajo de los Pirineos– podría aspirar a establecer un modelo en Occidente.

La nuestra es una democracia joven, inexperta, un tanto salvaje, llena de nuevos ricos que aún conservan un resto de ingenuidad, cazurrería y “naiveté” suficientes como para ser conmovidos por una propuesta así. Y más si su riqueza se ha esfumado o se está esfumando delante de sus narices en este momento, por recientes acontecimientos económicos. Pero conviene estudiar el método de aproximación, tan asignable a un nuevo tipo de orador como el Evangelio al Mesías. No conviene hablar de revolución, porque “revolución” significa, literalmente, darle la vuelta a la tortilla, y no se trata de eso. No se trata de defender que los pobres suplanten a los ricos, ni que los trabajadores se conviertan en empresarios. Todo eso no posee lógica alguna, y no es historia –pues ésta, junto con las finanzas, ha estallado–, es arqueología.

En España, en Cataluña, o en Calcuta, la deflagración podría invitar al arrebato a partir de grupos humanos y grumos ideológicos formados espontáneamente, teniendo como máxima el nulo derramamiento de sangre; pero con la meta inalienable de la destrucción radical y conceptual de la burocracia, de la alianza contranatura de política y oligarquía, y de las estrategias coordinadas de explotación del individuo. Ha de instigarse una mutación de la conciencia del consumidor; un consumidor hoy alienado por la política, la basura audiovisual y una retahíla de productos inacabable. Aplastar la cucaracha del clientelismo político con el talón desnudo del pie. Concebir la careta militante de cierto ecologismo como una parodia de las estratagemas de supervivencia –pura y dura– de los partidos. Debería quitarse la venda de los ojos el ciudadano, ése que hoy deambula drogado y aturdido entre las redes de comunicación del planeta. No se trata de variar el rumbo moral de las viejas democracias de Occidente (no pertenecemos a ese club, por falta de clase), se trata de mucho más, se trata de hacer tabula rasa de todo lo que tenemos, mediante, por ejemplo, la intensificación de tácticas virulentas de software que acentúen hasta sus finales más inexplorados la formación de nuevos grupos, la conexión remota entre “células” (vocablo revolucionario sí rescatable) igualitarias, y el establecimiento o instauración de una manera digna y civilizada de vivir.

Barcelona es geoestratégica; y culturalmente privilegiada, pues disfruta de un aura de neutralidad lo suficientemente europea, y lo suficientemente anti-hispánica como para ser el caldo de cultivo de una apuesta semejante. Hace mil años que Barcelona no asoma su rabia a la calle. Hace siglos que el carácter ígneo de Cataluña parece adormilado por un pragmatismo operativo que abomina del chorizo pero le encanta la butifarra. Obviamente, el Departament de Cultura de la Generalitat y el Ministerio de Cultura de Madrid aquí no tienen nada que decir, salvo desempeñar el rol perverso de dos niñas con piruleta en un aquelarre de brujas.

Pero no mencionemos el Terror de Brumario sino la fuerza inexpugnable que otorga una tierra como ésta; hay que idear contextos en que la experiencia capital de la “rosa roja” quede positivada por completo, hay que meditar una leyenda blanca que no suponga una gota de violencia, ni un ápice de sufrimiento, ni el menor rasguño para nadie en absoluto. En esta vindicación habría facetas recónditas de fiesta mediterránea y de restos ibéricos míticos. La agresividad del golpe atestable, en todo caso, ha de ser verbal, mental, ideal, virtual y ética (perdón por utilizar un arcaismo), una especie de suma alquímica y geométrica que, por una parte, anulara el lastre acartonado de Madrid, y por otra, disolviera el núcleo de cualquier veleidad de “pasar a la acción” violenta.

Un mazazo blando –pero brutal– arreado en algun lugar sensible de nuestra geografía colectiva, ahí, y que nos despierte de esta pesadilla.

[Palabra de Mono Blanco]


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La estafa global de Telefónica

Es cierto que las empresas se dedican a hacer dinero, que es su objetivo prioritario. Pero existen algunas como Telefónica que además se dedican a robar a sus clientes.

Telefónica de España sigue siendo uno de los ISP (Internet Service Provider) más caros del mundo (lo dice la Comisión Europea), una de las operadoras de teléfonos que mejor extorsiona, una de las compañías con el mayor número de engaños camuflados en sus promociones comerciales (véanse los foros de Internet), uno de los negocios con menos escrúpulos a la hora de timar a la tercera edad –ancianos que abonan religiosamente cargos ficticios, desorbitados, por inercia–, una de las concesiones políticas más vergonzosas del orbe, consecuencia de una privatización increíble (el regalo de Aznar a Villalonga), etc.

Reclamar ante una factura fraudulenta de Telefónica es un viacrucis. Querer dar de baja un servicio es una tortura. El ADSL no da jamás los megas prometidos. Detrás de una fachada de voces y opciones pregrabadas, después de una pérdida de tiempo de varias horas, después de deshacer malentendidos entre diferentes teleoperadores que no se comunican entre sí y no mantienen un mínimo log histórico de las llamadas relacionadas con una misma causa, después de acabar indignada y frustrada la víctima (pues éste es el verdadero nombre que debería recibir el “cliente” en Telefónica), en la mayoría de intentos de reclamación la estafa se consuma, y los estafados –perplejos, estupefactos, desesperados– han de pagar, o bien verse abocados a la desconexión.

La lista de delitos del principal teleoperador del estado es larga, algo gravísimo en un país en crisis, en busca de soluciones estructurales para la economía y el empleo, en donde las telecomunicaciones –como mínimo– deberían ser tratadas con exquisito mimo, con escrúpulo de cirujano. Aquí, sin embargo, Telefónica mantiene la cuota burda de “poder” -presencia en el mercado- más alta entre todas las ‘telcos’ fruto de recientes o antiguas privatizaciones estatales (como France Telecom, Deutsch Telecom, etc.), de modo que “lidera” las telecomunicaciones en España. Pero este liderato es una mafia. Telefónica tiene secuestrado el mercado y al país entero, un país que año tras año permanece detenido por un freno invisible y terrible.

Esta percepción global negativa, nefasta, es de dominio público, lo sabe todo el mundo, la mayoría de la población lo dice, lo comenta, lo sufre… Y de nuevo los políticos españoles mantienen una actitud decepcionante. Es necesaria una decisión político-estructural contundente, firme, correctamente orientada, para acabar con el monopolio lastrante de Telefónica. Una de las secuelas de este “liderato” es que las operadoras competidoras caen también en abusos para cuadrar sus exiguos balances, pues siempre van con la lengua fuera, dado que compiten en desigualdad de condiciones.

Y está el problema letal del tráfico, no el de datos, sino el rodado, que satura las grandes ciudades del país. Los índices de contaminación urbanos en España, en ascenso galopante, nadie se atreve a publicarlos: es uno de los secretos mejor guardados de nuestras autoridades.

¿A qué juegan los políticos españoles?. Aquí, en las telecomunicaciones, se presenta una posibilidad clara de maniobra ante el desastre económico, ante el peligro medioambiental, en un país sin recursos energéticos, capado por la cazurrería casi congénita del ladrillo. Imaginemos mucho, elucubremos sobre una España con el acceso a Internet más barato del globo, o gratuito, con redes Wi-Fi también gratuitas extendidas por doquier, con una avalancha de comunicaciones fluidas y virtuales que evitarían la asfixia de nuestras ciudades, con nuevos “brotes” de iniciativas pedagógicas sobre la red, con miles de empresas jóvenes investigando sobre una infraestructura de conexiones libre…

[Palabra de Mono Blanco]


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Timos que no cesan

En un encuentro reciente de economistas en Barcelona, surgió el tema de Cuba. De pronto, una intervención vagamente de izquierdas propuso algo breve y chocante que silenció de inmediato a los asistentes. Se trataba de una reunión informal, era una confrontación colectiva de ideas después de una cena, pero dicha reflexión, no esperada, recibió intuitivamente el crédito momentáneo del grupo. En Cuba la solución es muy sencilla, aseguró alguien: se instaura un régimen democrático en el que se liberaliza todo menos las prestaciones públicas fundamentales, que serán competencia del estado, y entonces se aplican a estas últimas (transportes, energía, educación, sanidad…), ex-novo, las técnicas de gestión que se han mostrado más eficaces en los países occidentales, las técnicas que un viacrucis de décadas ha conseguido “destilar” en la tarea de la explotación de unos servicios públicos eficientes… ¡Y resuelto el problema de Cuba…!

Uno cavila si la espontaneidad tiene aún cabida entre nuestros políticos, pero aplaude los planteamientos ingeniosos, directos, sintéticos, y éste al menos parece serlo. Frases cortas para conflictos complejos. Quizá –de prosperar esta insólita iniciativa– Cuba no tendría un problema, sino una oportunidad, y además envidiable. De un plumazo, podría librarse de las ironías que escarnecen a los ciudadanos occidentales a propósito de las cuasi-dictaduras financieras que operan en nuestras latitudes. Porque, ya en nuestros dominios, ¿las compañías energéticas no son monopolios de facto que heredaron en su momento (en condiciones políticas sonrojantes) servicios de interés colectivo indudable, y que están en la cresta de la ola de las finanzas –codiciadas por los grandes agentes económicos, cortejadas por los financieros, mimadas en la Bolsa, etc.-? Sí, pero tales empresas solicitan con cara de tonto, sin remilgos, machaconamente, una desregulación tarifaria de urgencia igual que si estuvieran al borde del abismo, para entendernos, como en la situación de Caja Castilla-La Mancha recientemente, es decir, a punto de quebrar. ¿No es obvio que -al menos en muchos años anteriores a la crisis- los beneficios publicados, conocidos, difundidos, de dichos “monopolios” han sido estratosféricos? Se da el caso de que algunas de estas empresas han mostrado incluso músculo levantando rascacielos (’Agbar’ y ‘Gas Natural’ en Barcelona, por ejemplo). Y aun así, tanto en la era pre-crisis (sobre todo), como en la etapa actual, y gozando siempre de una reputación esplendorosa en el llamado ‘parquet’, y disfrutando de una imagen muy saludable en los medios, tales corporaciones –pordioseras, las pobres– no han dejado de reclamar un aumento constante de tarifas…(¿?). ¿Cómo se digiere eso? ¿Es puro recochineo?

Juan José Millás tampoco lo sabe, y se muestra patidifuso; lo exponía hace poco en El País (20-XI-09):

Pavos en celo‘ (Juan José Millás)

Del mismo modo que leyendo atentamente los anuncios por palabras se pueden interceptar mensajes de los extraterrestres, que utilizan este medio para dar órdenes a sus contactos, si se presta atención a los anuncios a toda página, descubre uno disputas soterradas entre organizaciones poderosas. Endesa viene colocando en los periódicos una publicidad encabezada por la siguiente leyenda: “En Endesa, cuando hablamos de eficiencia energética, no vendemos pájaros y flores”. Lo sabíamos, vende kilovatios, y a precio de oro, para decirlo todo, de ahí que no tengamos relación alguna de afecto con sus directivos, por más que se empeñen en mostrarnos fotografías de gente feliz pronunciando con naturalidad frases artificiales: “Para mí decir domótica es decir comodidad”, por ejemplo. ¿Pero por qué esa puntualización absurda respecto a las flores y los pájaros?

Acabo de descubrirlo. Trata de prevenirnos sobre los falsos encantos de otra empresa, Acciona, que pretende hacerse pasar, con otra campaña carísima, por una ONG dedicada al medio ambiente. Si no conociéramos las dificultades económicas de las ONG, quizá habría colado, pues Acciona vende, en efecto, los pájaros y las flores como nadie. No sabemos quién ganará esta batalla librada a golpe de talonario, pero Acciona tiene una desventaja frente a Endesa, y es que no hemos logrado, ni siquiera después de entrar en su página web, averiguar a ciencia cierta a qué se dedica (aparte de hacer el bien, lo que resulta sospechosísimo en gente tan rica). En cualquier caso, hay unos perdedores fijos: usted y yo, que tendremos que pagar esos movimientos de pavo real en celo a través de los recibos del agua o de la luz del mismo modo que sufragamos los gastos del ejército de coches oficiales de los que entra y sale todo el día gente que cada día nos inspira menos confianza.


[Palabra de Mono Blanco]


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El pelotazo de Laporta

(Diciembre 2009)

Después de las seis copas del Barça, el alcalde de la ciudad y el presidente del Fútbol Club Barcelona se han liado la manta a la cabeza y se han animado a lo bestia: más Barcelona dura, más pisos, más locales, más despachos, más cemento… ¿Y los metros invendibles en Diagonal-Fòrum, y los páramos de las grandes sabanas hormigoneadas de l’Hospitalet, y los millares de pisos vacíos en el resto de la ciudad…?

Se moverán 300 millones del ala (pero serán más, como siempre), abatidos sobre las 22 hectáreas indefensas y manipuladas urbanísticamente en la zona del Miniestadi. La nota chusca ha hecho su aparición: ¡se crearán 5.000 puestos de trabajo! (en un sector nuevo que obedece a una innovadora estrategia ante la crisis…)

La Sagrera, por su parte, según ha repetido Hereu recientemente, se financiará en un 62% con la venta de terrenos… ¿Pero, por Dios, a quién? ¿Al consorcio de la Zona Franca, que es una inmobiliaria pública? ¿Más cambios de cromos entre administraciones –tú me compras, yo te vendo- hasta que se difumina la silueta de la plusvalía? En el caso del Barça, ganará una empresa bien situada en esta malla de ventas, intercambios y permutas que tejen los políticos. Ojo a los próximos movimientos del bufete de Laporta. Porque tarde o temprano llega el producto estrella, el de toda la vida: el bloque de pisos con interiores de “alto standing” (y satrapías a favor de las Caixas en forma de hipotecas, contratos de gas, etc.). Si es posible, habrá un arquitecto de firma respaldando la jugada.

El famoso consorcio de la Zona Franca, promotor del rascacielos de Frank Gehry -aparentemente paralizado por la crisis- proviene de terrenos en su día comprados al… Ejército, y también a… la Renfe, claro. Una de las claves de estas operaciones políticas que juegan con bienes colectivos de la ciudad como si fueran Legos, consiste en renegociar –más o menos soterradamente– grandes solares manumitidos en su día a precios de risa, pero finalmente vendidos a alguna promotora pública ad-hoc mínimamente coherente (léase: con intereses particulares dentro), camufladísima por supuesto, quintacolumnista de Telefónica, de la Caixa de Cataluña, o de La Caixa (de Criteria, qué más da…); llega un momento en que la maraña de transacciones genera valor (a veces estratosférico), y esto se consigue, básicamente, porque uno o más de los actores involucrados “tienen mano” sobre las recalificaciones urbanísticas del territorio. La poca o mucha gente que vive ahí y sus prosaicos intereses son irrelevantes.

Se trata de rodar pelotas financieras (con efecto de bola de nieve) de gran envergadura, como sucede con el área del Miniestadi, sin que existan los mecanismos políticos para impedir tales latrocinios. “Ellos” lo saben. Ellos oficialmente sólo “promueven” para especular y “levantar” dinero bancario. Es el cuento de la lechera donde la leche no se derrama sino que se reparte. Los políticos no escarmientan. Si hay dinero para regalar, es para los bancos. Nadie piensa en refinanciar el tejido empresarial y productivo creador de la rica Cataluña, ahora en declive. Nadie piensa en reflotar la Universidad pública, hoy agonizante. Nadie piensa, por ejemplo, en extender jardines verdes, con el color de la clorofila por doquier, con arboledas y prados ingleses, SIN edificaciones en absoluto, como solución limpia y sencilla para regenerar grandes espacios urbanos. No hay créditos, pero sin duda Hereu y Laporta piensan en duro, en otro préstamo brutal con ayuda de bancos y Caixas que les lleve a la construcción salvífica, a la burbuja salvadora, al recurso de las “titulaciones” del BCE, al paquete de hipotecas sobre terrenos artificialmente revalorizados, etc.

Hereu predica un crecimiento sostenible para la Barcelona del futuro, con brillantes superedificios y con el Estado de dinamizador y eje. La homilía de una especie de socialismo, donde unos extraños “soviets” aprueban operaciones urbanísticas caracterizadas por el oscurantismo, por la “amigocracia”, por el nepotismo, por la especulación pronunciada con todas las letras. Es de nuevo el caso del Fòrum, un macropelotazo cuyas justificaciones financieras fueron defendidas en ‘La Vanguardia’ por un arquitecto sin escrúpulos: el bueno del Sodupe.

En el Bellvitge de inicio de los 60 (aun siendo la peor de las ciudades dormitorio de la época), miles de obreros encontraron un techo por 150.000 pesetas firmando letras de 1.500 ptas. al mes. Los primeros módulos comerciales se vendieron a unas 6.000 ptas/m2. Pues bien, absolutamente nadie con la capacidad de compra de aquel segmento de población, hoy, encuentra vivienda, ni buena ni mala; ni cuarenta metros de hormigón prefabricado, ni sin prefabricar. Y sobran un millón de pisos por ahí, sin nadie dentro. Por no encontrar, la gente no encuentra ni trabajo. Los propios hijos se amontonan sin salida en aquella imposible vivienda paterna, o antiguos dueños las alquilan y convierten en “pisos patera”, es decir, en barracas de hormigón, en favelas disfrazadas. En la Barcelona periférica, estamos ahora como en los 50, pero peor, sin sueños y con droga, mucha droga. Estamos en la Barcelona progre y socialista.

En zonas colindantes de Barcelona, una generación después (en los 70-80), se encontraban hipotecas de 400.000 pesetas a doce años con carencia de dos, entradas de 100.000, y letras a convenir de hasta 10.000 a cinco años. Con eso, un obrero podía pagar su vivienda en cinco años, ¡y comer!. En la actualidad se necesitan veinte años, se adquiere una vivienda de peor calidad posiblemente, ¡y no se puede comer!

Los actuales “pelotazos” urbanísticos no se programan para este tipo de comprador, popular y obrero. Sí, en el proyecto se destina en teoría un porcentaje de viviendas a “precio fijado”, o con carácter “social”, o bautizadas con cualquier otro eufemismo que esconde un nuevo reparto del Poder, el rebañamiento final de la tostada (¿cuántos de estos pisos “sociales” se reservan para familiares de los promotores, para hijos jóvenes de los jerarcas de las Caixas, etc.?). En fin, ¡a especular!… Es el diamante del cuento, todo ocurre entre ejecutivos compinchados… “Tú me compras ese terreno, y yo pongo 100 pisos para el fondo inmobiliario tal o cual”… Yo te vendo Riofisa (a quien jamás la pagará) y contabilizo 305 millones de euros de beneficios, como cuando Narcís Serra solucionó las cuentas de explotación del 2007 de su Caixa de Cataluña.

Lo divertido es que hasta hace poco el Ayuntamiento de Barcelona presentaba la operación inmobiliaria-especulativa del Minestadi como la guinda de un pastel llamado “Portal del Conocimiento” (!!)

Hablando de ejecutivos e inmobiliarias, al tiempo que el grupo Caixa de Catalunya despide y rediseña plantillas, recontrata a un tal Eduard Mendiluce de ‘Inmobiliaria Colonial’ (ex La Caixa)… Es decir, de oca a oca; pero no es un juego win-win. Después de la quiebra y la crisis, el trasiego de ejecutivos de caixas o bancos a inmobiliarias, y viceversa, demuestra que la depredación que ha conducido a un país al mayor derrumbe económico de la historia, no se cobra –en España y Cataluña– ninguna víctima selecta. Un crack que, lejos de los suicidios dramáticos del 29, ha producido inmensas fortunas entre ejecutivos, directivos, políticos y entre sus “hombres de paja”, los inmobiliarios y constructores (no olvidemos a los arquitectos), que sumados a los narcotraficantes, acumulan la mayor cifra de “dinero negro” de Europa, en cuentas en los casi cincuenta paraísos fiscales que quedan en el mundo.

(texto extraído del blog ‘http://lagrancorrupcion.blogspot.com’, y comentado libremente)

[Palabra de Mono Blanco]


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Arquitecto

El periodista Enric González goza de fama de independiente. Su reciente artículo de prensa (“Arquitecto”), escrito en un diario en cuyas páginas -junto a información seria de carácter políticosocial- se filtran a menudo divulgaciones excesivamente cándidas sobre arquitectura, urbanismo y diseño, es un acierto. Su opinión suena objetiva, su bisturí detecta con precisión las contradicciones del sistema, y a la vez todo lo que escribe suele tener una pátina de ingenuidad. González es una rareza en estos días: parece adquirir sabiduría con los años.

Arquitecto’, Enric González, El País 19-VIII-2009:

“…La arquitectura es una cuestión polémica. Me refiero a la arquitectura contemporánea, por supuesto. En España, ahora, se habla menos del asunto porque se habla más de urbanismo, corrupción y fiebre ladrillera. Aún así, el tema da para grandes discusiones. La arquitectura, conviene recordarlo, es el único arte que estamos obligados a disfrutar o a sufrir todos los días.

El príncipe de Gales, Carlos Windsor, lleva 25 años batallando contra los edificios modernos. Sus esfuerzos por evitar que el arquitecto Jean Nouvel construya en Londres, cerca de la catedral de San Pablo, han suscitado la enésima ventolera mediática. La mayoría de la población y la prensa popular tienden a alinearse con el príncipe, que ha tenido razón en algunos casos: la nueva National Library de St. Pancras es, en efecto, un engendro espantoso que transmite desolación. Las élites, en cambio, suelen defender la nueva arquitectura.

Ese debate entre lo tradicional y lo moderno carece de gran interés, al igual que las opiniones personales de Carlos Windsor. Personalmente, respetaría un poco más las posiciones del heredero británico si un día se pronunciara sobre el palacio de Buckingham, una de las construcciones más horrendas del continente europeo.

Lo importante, me parece, es la creciente distancia entre la arquitectura y la gente. El cine, al menos en su producción comercial, es considerado un arte popular y todos nos atrevemos a opinar sobre una película que veremos una o dos veces en la vida (salvo si se trata de Pretty Woman); la arquitectura, que tenemos continuamente delante de las narices, se ha replegado en cambio, como la economía, a las trincheras tecnocráticas. Diga que no le gusta lo que hace Norman Foster (es mi caso) y quedará automáticamente como un paleto que no entiende nada. Peor: como un paleto que piensa como el príncipe Carlos.

En televisión se habla muy raramente de arquitectura. Recuerdo una serie de la francoalemana Arte que en Cataluña emitió el Canal 33 y algunos documentales en Discovery. Lo que se publica en la prensa escrita suele envolverse en jerga técnica y en frasecillas presuntamente poéticas. Es una lástima…”

[Palabra de Mono Blanco]


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Héroes del delito

La crisis tiene dobleces. Entre los arquitectos no existía lo que eufemísticamente llamaríamos “connivencia” con el sector financiero, sino bastante más, hubo una gran impostura, una gran perversión similar a la de los “grandes objetivos” que aseguraban tener los directivos y consejeros de las grandes corporaciones. Éstos –con traje y corbata- han disfrutado de infinidad de privilegios: sueldos estratosféricos, incentivos, vacaciones, jets privados, clubs de campo, etc., a costa de las empresas… Y sin ninguna recriminación, es decir, impunemente. En el gremio de la alta construcción, de la mano de ejecutivos, promotores y banqueros, y con un atuendo más informal (predominó el negro Armani), no sólo hubo un silencio corporativo de los brahmanes de la arquitectura ante la tragedia. Hubo políticos que dejaron la iniciativa a varios santones de la cofradía, sueltos y sin collar. ¿Cuántos arquitectos han permitido –sinó perpetrado– la extensión del panorama sólido que yace ante nuestros ojos, enriqueciéndose y silbando distraídamente de manera muy similar a aquellas águilas de la economía?. En Cataluña y en España, en este sentido, ha habido mayor escarnio, pues los medios –con una candidez increíble- continúan en sus trece: siguen alabando proyectos estelares, urbanismos modélicos, diseños divinos, etc.

The Economist afirmaba recientemente que por aquí tenemos 1,2 millones de viviendas sin vender (!), y decía que es la misma cantidad que en EEUU, un país seis veces más grande.

En el bando de Adam Smith (el del manejo contemporáneo del dólar, la libra y el euro) se ven intentos tímidos de autocrítica y de asumir culpas, mientras que a nadie en absoluto del otro equipo -el de los émulos de Vitruvio-, universalmente, parece concernirle un planeta arruinado en sus paisajes, en sus ecosistemas, en sus espacios públicos, a causa, en gran parte, del derroche y la proliferación de edificaciones incontables e inenarrables; edificios culturalmente vacíos, edificios sin pregnancia en la red (del sentido), edificios que alguien firmó y que al final exhiben su verdadero precio. Menos mal que Rafael Argullol, para amortiguar la indulgencia de la opinión pública singularmente con los arquitectos -patética-, corresponsables zangolotinos de esta crisis, ha escrito un artículo que era indispensable, inaplazable, urgente, en “El País” (12-V-2009) titulado “El Gran Saqueo”:

“… no tengo la costumbre de leer informes del Parlamento Europeo ni de ningún otro Parlamento; sin embargo, a instancias de un amigo jurista, he leído un documento que les recomiendo si les gusta la literatura de terror: se trata del informe elaborado por la diputada danesa Marguete Auken sobre “el impacto de la urbanización extensiva en España en los derechos individuales de los ciudadanos europeos, el medio ambiente y la aplicación del Derecho comunitario”. Es un texto de 30 páginas que se puede leer tanto como un relato espeluznante cuanto como un pequeño tratado acerca de las peores conductas en materia política y moral.
… yo introduciría el informe de la señora Auken como lectura obligatoria en escuelas de arquitectura y universidades, y además, exigiría su conocimiento detallado previo a todo candidato a ocupar un cargo público. Ustedes se preguntarán por qué muestro tanto entusiasmo por ese documento redactado con la falta de gracia que caracteriza a este tipo de escritos, y la respuesta es que puede considerarse un espejo contundente que refleja, sin florituras ni hipocresías, la abyección incrustada sórdidamente en nuestra vida pública.
… Lo que llama más poderosamente la atención es la conspiración del silencio que rodea al asunto y que se explica por la vergonzosa alianza de los eurodiputados socialistas y populares españoles en el momento de rechazar el informe de Auken que, no obstante, fue aprobado por el Pleno del Parlamento Europeo a finales del pasado mes de marzo por 349 votos contra 110, con 114 abstenciones. Una arrolladora mayoría a la que se opusieron hasta el final populares y socialistas, tan lamentablemente estos últimos que, según informaron los periódicos al día siguiente de la votación, Michael Cashman, socialista también él y autor de un informe previo sobre el tema, acabó votando a favor de la resolución.
… no extraña en absoluto aquella conspiración de silencio, pues son tantos quienes quedan retratados que apenas es comprensible que un escándalo de tales dimensiones haya podido oscurecerse con permanente disimulo durante décadas. Condenada España severamente por la impunidad que ha rodeado a la corrupción, tampoco con posterioridad nuestros foros parlamentarios se han hecho eco de la resolución europea y, cómplices entre sí los diversos partidos, ha continuado la alegre política de poner la cabeza bajo el ala.
… la sensación más desagradable que me ha quedado tras la lectura del informe Auken es que el gran saqueo, la devastación sistemática del litoral español, y no sólo del litoral -una devastación que afectará a varias generaciones, las cuales señalarán a la nuestra como culpable-, es algo acaecido durante la democracia y no antes, en el franquismo. Los destrozos heredados de éste se han multiplicado, en las décadas democráticas, hasta límites insoportables. La conclusión no es difícil: nuestra democracia ha sido tan débil y tan poco vigilante que ha aupado una antidemocracia de bárbaros que pone en cuestión, como actualmente se está comprobando, muchos de nuestros supuestos avances.
… en el informe hay una relación minuciosa de hechos igualmente inquietantes cuyos protagonistas tienen en común la codicia, una concepción mafiosa de la política y un sentimiento de impunidad que resulta tanto más irritante por el descaro con que se manifiesta. De hacer caso a Auken, y al Pleno del Parlamento Europeo, la responsabilidad del desastre se propaga por todos los círculos del Estado español, desde el más general al más local, y en todos los ámbitos, desde el alcalde hasta al arquitecto. En este peculiar relato de terror se cita con la misma dureza a la Generalitat valenciana en manos de los populares que a la socialista Junta de Andalucía, tuteladora de diversos pillajes en Almería y sustentadora, por acción u omisión, de esa peculiar joya de la corona de la corrupción que ha sido Marbella. Al igual que sucede con todo buen relato de terror hay también en el texto pasajes cómicos, como las trampas que diversos funcionarios tienden a las comisiones de investigación enviadas desde Bruselas o las aireadas protestas de castizos munícipes quejosos con la intromisión de las narices nórdicas en las suculentas recalificaciones de los terrones mediterráneos.
… con murallas de hormigón por todos lados, sabemos perfectamente que sólo a la sombra de políticos ventajistas (con la colaboración estelar de los gremios “del tocho”) ha podido tejerse la telaraña de especulación y codicia de la que ahora parecemos lamentarnos. Lo grave es que ya lo sabíamos. Estos años de destrucción del territorio del patrimonio han transcurrido a la vista de todos, y con la firma de algunos. Bastaba coger el Euromed para comprobar lo que ocurría en la costa castellonense o alicantina; bastaba atender al vértigo de los precios de las viviendas, presentado a menudo como signo de nuestro progreso colectivo, para percibir que algo nauseabundo se cocinaba a nuestro alrededor.
… Marguete Auken pone el dedo en la llaga al describir las corresponsabilidades en la callada aceptación del delito. Es cierto que a la cabeza del cortejo de la corrupción han marchado políticos vendidos, especuladores o avariciosos y prestamistas fraudulentos, pero ¿y tras ellos? Arquitectos, promotores inmobiliarios, concejales e instituciones financieras, todos conchabados ¿Pero qué hacían los jueces? Según Auken, poco, y lo poco que hacían lo hacían tan lentamente que es como si no hicieran nada. La policía iba en consonancia con los jueces. Pero tampoco los otros estamentos ciudadanos ofrecieron resistencia. Los medios de comunicación han reaccionado tarde y los ciudadanos han acabado horrorizándose como consumidores más que como ciudadanos.
… la señora Auken ha descrito vivamente un relato de terror con ingenuidad nórdica y con toda la razón del mundo: el gran saqueo de lo que pertenecía al futuro por parte de nuestros modernos depredadores. Poco se puede añadir al cuadro trazado que, en buena medida, explica las dramáticas percepciones sobre la actual crisis económica.
… Aunque bien pensado, quizá sí se puede añadir algo: el gran saqueo material de todos esos años, generador de enormes fortunas y de daños irreparables, no habría sido posible si, paralelamente, no hubiéramos incurrido en el gran saqueo de las conciencias al que ahora denominamos “falta de valores”, “novorriquismo” y cosas semejantes, pero que en los años opulentos, o que creíamos opulentos, estableció una férrea cadena de complicidades entre estafadores y futuros estafados, vinculados unos con otros por el sueño del dinero -sueño, luego, pesadilla para las víctimas- y por la confusión entre bienestar y beneficio…”

[Palabra de Mono Blanco]


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Peronismo catalán útil

Cataluña tiene una intelectual argentina, mimada por el nacionalismo radical hasta un punto interesante. Parece llevar un apellido no eufónico en la lengua de Verdaguer, pero Patricia Gabancho -se trata de ella- jamás se ha ensoberbecido. Es catalana de adopción, y nunca una filiación de esta naturaleza, tan legítima, había calado en las esencias patrias con la intensidad reivindicativa de los tambores del Bruch. La Gabancho ha escrito soflamas ante las que los mismos socios de ERC se batirían en retirada. Ella tenía que escribir como fuera, es decir, estaba inquieta por un prurito de literata sin tema (a mano), que es igual que un perro sin su hueso.

Detalle biográfico. Recuerdo a un compañero de jaula en el Zoo, Joy, que venía directamente del Gabón y estaba desnortado en Barcelona, como si estuviera fuera de lugar, vamos. Tuvo que abrazar una causa, y empezó a hablar nuestra lengua sin parar. Se pasaba el día criticando a los cuidadores de plantilla que no hablaban catalán en el recinto.

Entre los celadores estaba también Fede, muy querido por todos, y que era un fumador crónico. Pero una vez aprobada la ley anti-tabaco, Fede se volvió más papista que el Papa. No permitía que nadie fumando se le acercara, y denostaba duramente a todo el que lo hiciera. De la noche a la mañana se convirtió en un perseguidor de consumidores de cigarros, y a la hora de librar, recorría inquisitivo todo el parque de la Ciudadela. Su obsesión continuaba en restaurantes, lugares de ocio, etc.

Cito ejemplos que son contraejemplos. Afortunadamente, cuando Patricia se libera de la pasión que le ha logrado un hueco en el mundillo local literario y periodístico –de alguna manera–, se muestra francamente al día. En ocasiones, el populismo también funciona. Es la buena retórica de los verdaderos poetas (Baudelaire). Véase esta perla de El País (13-XII-08) pergeñada por nuestra peronista catalana en una lengua que constituye “un hábito de vencidos y de perdedores” (el castellano en Cataluña), que le sirve al menos para retratar una nueva esquizofrenia generalizada: la del papanatismo arquitectónico imperante.

El urbanismo feo (por Patricia Gabancho)

Al salir del metro en la plaza de Lesseps, lo primero que se ve es la estampa serena de la iglesia de Els Josepets, y es una novedad, porque la vista estaba antes obturada por las vías de circulación. Ahora bien, el panorama de la plaza es desconcertante, porque no soluciona sino que disfraza los problemas de este cruce despiadado de calzadas hipertransitadas. A lo mejor no se podía hacer de otra manera. Pero a lo mejor sí. Lesseps tenía el desafío de las plazas que se construyen sobre el vacío (debajo pasa la Ronda del General Mitre) y el reto agregado de unos circuitos de tránsito muy complejos, que obligarán a esmerar la señalización. Además, la plaza tiene ahora forma de casquete así que, si Barcelona tiene a bien vivir una de sus lluvias torrenciales, lanzará el agua hacia las fachadas circundantes. Espero que al menos el suelo no resbale.

Pero miremos la plaza desde la perspectiva humana: es un vasto espacio paradójicamente lleno de ruido visual. Entregarle la ornamentación al señor Viaplana, a la vista de lo mal que ha envejecido la plaza de los Països Catalans, delante de la estación de Sants, era un riesgo cantado. Vigas adustas y miradores extraños constituyen la parte que se supone blanda de este espacio excesivo, despojado de sombras y de efectos amables. Un espacio, además, escasamente verde (excepto un rincón futuro), cuando la antigua plaza, impracticable como era, albergaba un bosquecito excepcional. ¿Era imposible salvarlo? Parece ser que el lápiz ordenador de este proyecto cree, como suele creer el Ayuntamiento, que para hacer espacio público basta con quitar obstáculos y abrir explanadas, calzar dos o tres bancos y plantar unas tipuanas. No es cierto: no son las extensiones, sino los asideros humanizados, los que convocan al personal y hacen, en definitiva, una plaza.

Hace ya unos cuantos años que el Ayuntamiento de Barcelona practica un urbanismo feo. Estéticamente y conceptualmente feo. A medida que la ciudad se ha ido haciendo más rica, se ha pasado de aquel eficaz urbanismo de sargidora, donde todo era detalle, a la creación de espacios que tienden a la desmesura (el parque de Diagonal Mar, sin ir más lejos), cuando la tradición de Barcelona es la plaza recogida, la calle multifuncional, las alturas discretas. Algunas fórmulas enamoran a los técnicos, y las van aplicando venga o no venga a cuento. Concentrar la edificabilidad en altura, por ejemplo, para liberar suelo e ir sumando parches verdes. Eso ha dado torres impensables en calles que no las admiten, espacios sin mantenimiento que mueren (estéticamente) al cabo de nada, ausencia de bajos comerciales: soledad urbana.

No hace falta hablar del caducado modelo de la firma de lujo que diseña desde la distancia un edificio sonoro. Las ciudades inteligentes ya no los admiten: Barcelona tiene todavía algunos en lista de espera, en especial el Ghery de la Sagrera, un arquitecto que ya sólo trabaja para millonarios americanos o bodegueros españoles. Son edificios solitarios y aberrantes, estériles como las mulas, incapaces de crear vida a su alrededor. Admisibles en un distrito tan artificial como lo es el del 22@, no tienen sentido cuando incomodan una textura urbana asimilada. Como tampoco convienen siempre las aceras anchísimas o esa relamida estética ex novo que mata entornos que exudan memoria. Podemos temblar ante la embestida que sufrirá la Diagonal. Si el Ayuntamiento barcelonés no es capaz de entrar de puntillas, respetando lo que hay -empezando por los árboles- y respetando sobre todo la historia, la piel de esta arteria modernista, valdría más que lo deje estar.

¿Es sólo la repetición de estos esquemas tan rígidos lo que da la fealdad a un urbanismo que, en el pasado, había logrado altas cotas de belleza? ¿Cómo puede salirle un forat de la vergonya a la misma Administración que hizo prodigios en otras zonas de la rehabilitada Ciutat Vella? ¿Cómo se explica que un espacio de representación como el grupito de hoteles de la zona del Fórum acabe pareciéndose a un suburbio de ciudad americana de segunda? Nunca se había creado tanto espacio público, tanta ciudad, como en los últimos años, y nunca había sido el resultado tan deficiente. Barcelona hace largos pasos sin saber cuál es el camino. Yo creo que éste es el problema: la ciudad sin norte, sin identidad. Señalan expertos internacionales que Barcelona ya es un eco de su brillo pasado: una estrella que se va apagando.

Tiempo atrás, Barcelona había definido su propio modelo, incluso arquitectónico y urbanístico. Ahora es un revoltillo de soluciones copiadas: torres, firmas internacionales, franquicias, parques de diseño artificial, todo sin memoria ni estilo ni raíces. La arquitectura autóctona, que había tenido fama y proyección, ya no cuenta. Todo acaba siendo una ostentación vana de riqueza (porque los proyectos son carísimos) que no alcanza a crear significados urbanos. Exactamente igual que esa viga de acero que cruza la plaza de Lesseps como una burla de quien se siente por encima del bien y del mal, del error y de la parida.

[Palabra de Mono Blanco]


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Políticas de reciclaje

(Abril 2009)

Es evidente que el funcionariado, la estructura administrativa de un Estado opera, separándose netamente del poder ejecutivo, como un quinto poder no diseñado por Montesquieu en “El Espíritu de las Leyes” (tampoco previó el cuarto, la prensa). Robert Musil ya dijo que en la sociedad de masas dos instancias tienden a ocupar el lugar de la ideología: una es el periodismo; la otra es la burocracia. Lo característico de la burocracia no es cómo se propaga, sino la manera de retroalimentarse con otro estamento inquietante en el sentido del autoprovecho: los representantes políticos. De aquí vienen las 180 páginas que el autor Xavier Roig dedica al creciente poder de los empleados públicos, en su nuevo libro “La Dictadura de la Incompetencia” (Ed. La Campana, Barcelona 2009).

Pese a la espartana presentación y su nula publicidad, la obra es un superventas en Cataluña.

Después de una vida laboral en la empresa privada, Xavier Roig se ha desahogado con un libro sobre una casta que es una costra, la cual, en efecto, se autoregenera de una manera muy especial, gracias al subvencionismo en boga, las comisiones por doquier y la porosidad de los partidos ante los puestos vacantes públicos. En este sentido, Roig habla de las políticas del “reciclado”. Un círculo vicioso que gangrena la vida pública hasta el punto en que los ciudadanos se convierten en autómatas al estilo del mejor Kafka (El Proceso, El Castillo). Montado sobre el mero funcionariado de ventanilla, el sistema es orgánico y halla su máximo exponente en el político y el parlamentario. Que éstos hacen las leyes a su medida y para protegerse lo prueban las escalofriantes cifras que ha investigado Xavier Roig: en su libro muestra que únicamente el 28% de los parlamentarios españoles provienen del sector privado (!!); el 32% en el caso catalán. Es decir, que cuando desalojan cíclicamente sus butacas (en la Carrera de San Jerónimo y en el Parque de la Ciudadela, respectivamente) estos individuos regresarán tan ricamente a sus puestos de funcionarios. Y aquí no ha pasado nada. No corren riesgos, no compiten por el pan de cada día como el resto de los mortales. Además, por ser mayoría en el Parlamento legislan para perpetuar el corralito al que pertenecen, ya sea judicial, sanitario, educativo, o del ámbito que sea. “Defienden sus privilegios corporativos y sus intereses, y no los de quienes les han votado”, dice Roig en tono didáctico, a pesar de la magnitud de la tragedia. “Si el principal colectivo de un Parlamento es mínimamente propenso al riesgo, cuando sus señorías constituyen una bolsa de gente que no ha tenido que competir nunca, y que no vive en cierta tensión como las personas que les mantienen, entonces nos encontramos con un dispositivo obsoleto, corrupto e ineficaz, icono de una sociedad rendida y desvalorizada… un ejército sin armas para luchar ante los grandes desafíos actuales”.

[Palabra de Mono Blanco]


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El escándalo de las telecomunicaciones

(Marzo 2009)

Las comunicaciones deberían verse como un sector estratégico en cualquier política de resurrección económica actual, y mucho más en un país como el nuestro, sin recursos energéticos, desesperado por la crisis y en busca de nuevos modelos de reconversión del empleo y del desarrollo. No obstante, parece que falta todavía un dato aún más davastador.

El titular de la noticia aparecida en un diario español el 26 de Marzo de 2009 es desmoralizante, acusador, indecente en estos tiempos, por cuanto muestra además cómo un organismo público (la CMT) sigue con la venda en los ojos, defendiendo los intereses de no se sabe quién…

O sí. Uno de los monopolios de facto más vergonzosos del mundo, Telefónica, sigue en la estela de lo que fue en su momento una privatización insolente y manipulada, es decir, el regalo de Aznar de una Compañía tradicionalmente pública –sufragada por varias generaciones de ciudadanos– a su amigo Villalonga y su cohorte de financieros.

¿Cuántos caminos podemos encontrar desde la ignominia a la indignación? Como mínimo éste. Lean.

El móvil e Internet son mucho más caros en España, según la UE (El País, Madrid – 26/03/2009)

…Varapalo por todo lo alto de Bruselas a las compañías de telecomunicaciones y a las autoridades competentes (Ministerio de Industria y Comisión del Mercado de Telecomunicaciones). Las tarifas del móvil y de acceso a Internet en España son mucho más caras que la media europea, según el informe de la Comisión Europea sobre las telecomunicaciones en 2008.
…El informe es especialmente demoledor en lo que respecta al móvil, ya que denuncia que el precio medio mensual en España es el más alto de la UE, y alcanza los 35,89 euros mensuales, un 84% más que la media europea (19,49 euros), según una cesta tipo de llamadas y mensajes para un usuario de consumo medio.
En conexión a Internet de banda ancha, el precio mensual medio en España fue de 45,83 euros, un 24% más caro que la media europea. Sólo Rumania, República Checa y Austria tenían ofertas más caras que las españolas, según los datos de Bruselas.El informe del Ejecutivo comunitario también revela que crece la brecha digital española respecto al resto de la UE, puesto que la penetración de la banda ancha en España avanza a un ritmo más lento que la media de la UE. El año pasado aumentó menos de dos puntos porcentuales hasta situarse en el 20,2% de la población en enero de 2009, con lo que se queda aún más rezagada del promedio de los Veintisiete (22,9%).Los datos eran malos pero la comisaria de Sociedad de la Información, Viviane Reding, los ha hecho peores, al cargar contra España y señalar que la culpa de los altos precios y la menor penetración del móvil es debido “a fallos graves en la competencia” del mercado español…

[Palabra de Mono Blanco]


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Desnudar al Rey

(Enero 2009)

Victoria Combalía ha desnudado al rey en un estupendo artículo de prensa (El País, 10 de Enero de 2009) sobre Oriol Bohigas, monarca, jerarca y heterodoxo impenitente de la escena cultural catalana. Bohigas es una curiosa instancia del célebre dictum “ceci tuera celà” atribuido a Víctor Hugo cuando afirmaba que el libro mataría al edificio, es decir, cuando decía que la literatura acabaría con la hegemonía secular de la arquitectura. Con su pluma Bohigas despacha este vaticinio de una manera light, es decir, no busca asesinar directamente, sino más bien una coartada; una tapadera. Porque a través de la letra, que maneja con soltura, el gran valido se va convirtiendo en un escriba que, día sí y día también, disimula una menudencia de cierta obra arquitectónica: la suya.

Autor de un palimpsesto de opiniones, artículos, libros y ocurrencias en constante reformulación, hay que reconocer que el producto tiene nivel. Bohigas es un buen historiógrafo, posee recusos estilísticos, y sus textos se leen con ritmo, quizá por las ventajas literarias inherentes a algo tan tangible como los ejemplos de la arquitectura y el urbanismo. Si la edad se lo permite –pues el arquitecto, provecto, comienza a tener unos abriles– podría lanzar perfectamente una novela, y es probable que fuera bastante mejor que “La Catedral del Mar”, la cual –dicho sea de paso– no deja de ser un culebrón de cordel con buena documentación. Mirado con la perspectiva que ya debería aplicarse, lo raro es que Bohigas, en el panorama de la arquitectura culta (de Cataluña, de la península y el extranjero), siga teniendo una reputación importante.

Con los años Bohigas se ha convertido en un excelente comunicador literario, pero su obra sólida –la techada– adolece de lo mismo que algun vino: no mejora con el tiempo. En su papel de rebelde con calcetines Beneton, gracias a su versión de sí mismo como lletraferit, Bohigas trata de mantener el listón, léase, el listón de un listo inteligente. Su pose actual podría sintetizarse de esta manera: observad lo que digo y qué bien que lo digo, y en cuántos sitios lo digo (empezando por el Ateneo): ¿no son éstos, acaso, la prosa y el raciocinio de un excelente arquitecto?

Pues no –y aquí aflora el anarquista ingenuo–, y menos cuando molesta directamente a personas como Victoria Combalía, ella un especimen peculiar que también debería ser (psico)analizado en este singular zoo de Barcelona, del arte y la pandereta. Combalía se rebate cuando constata cómo este caballero vive de rentas ya periclitadas; y le achaca un don de mando absolutista, propio de un ilustrado y que no criticaremos por fairplay, pues sí que fue carismática su mano de hierro -de pianista- en la ordenación olímpica de Barcelona. El caso es que Bohigas tiene aún un eco en numerosos medios de comunicación (véase su alabanza de la plaza de Lesseps, esperpéntica) y, por otra parte, desde épocas remotas, disfruta de un ascendiente notable entre nuestras autoridades locales, lo cual resulta, como dice Combalía, infinitamente peor. Y no es por él (que en definitiva va a la suya y defiende otro engendro, el del Museo prêt-à-porter de las Glorias), sino por las mencionadas autoridades locales, cándidas hasta el extremo de hacer el ridículo, como con el nuevo pasquín-anuncio del transporte metropolitano: ‘Dios no existe’…

¿Cómo que no? Bohigas está con nosotros, y Victoria lo sabe:

“…Conozco a Oriol Bohigas desde hace más de 20 años y he tenido múltiples ocasiones de escuchar, en situaciones tanto oficiales como privadas, sus famosas boutades. A veces son para épater le bourgeois, a veces dan en el clavo y a veces son tonterías que él proclama con total tranquilidad, imperturbable. Sus aportaciones a la política cultural de Barcelona dan un balance bicolor y siempre discutible: muchas cosas buenas, como hacer suya la proclama de Eugeni d’Ors de “més biblioteques!” o sus estudios sobre la historia de la arquitectura en Cataluña, y muchas cosas fallidas, como el proyecto faraónico del MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña). Siendo miembro (o miembra, pues ya verán que todo llegará) de su equipo asesor entre 1992 y 1994, descubrí que no escuchaba a nadie. El proyecto de reforma del MNAC ya estaba encargado a Gae Aulenti y ya iba por los 6.000 millones de pesetas gastados. Terminó costando alrededor de 20.000 millones y con una presentación tan miserable del arte románico (con muros suspendidos sobre el sufrido visitante, pasillos angostos, los ábsides a la vista como si de una obra de arte povera se tratara y piezas colocadas a nivel de perro o de niño gateando) que ahora, tan sólo 10 años después, van a cambiarlo. Todo esto pagado por el contribuyente.
…Ahora, en un artículo del pasado 10 de diciembre, Oriol nos llama a todos aquellos que hemos firmado el manifiesto en contra del desmantelamiento del Museo Textil y de la Indumentaria de la calle de Montcada ‘unos conservadores pintorescos’ y añade que suspiramos ‘por la pérdida de los pequeños museos creados por el fraccionamiento franquista’. Perdonen mi atrevimiento para contradecir a nuestro Rey Sol local, pero sencillamente es el colmo. En primer lugar, porque el Museo Textil se nutre básicamente de la Colección Rocamora y con el cierre de su anterior emplazamiento se incumple un contrato firmado entre el generoso donante y el Ayuntamiento. En segundo lugar, porque no estamos en contra de ningún museo del diseño, sino de cómo y cuándo se hacen las cosas en el Consistorio; porque, por ejemplo, cada vez que se proyecta algo nuevo, se aprovecha para desmantelar una institución existente. En este caso, el museo que todos llamábamos ‘de la moda’ era un punto de referencia de la calle de Montcada, era un lugar lleno de encanto y sus instalaciones eran fácilmente mejorables con el mismo presupuesto que ahora el Ayuntamiento se ha gastado en tan sólo una exposición temporal. La política museística de Bohigas, de la cual es heredera la actual, siempre privilegió los museos faraónicos. Quería que el MNAC fuera el Metropolitan de Nueva York y ahora querría que el Museo del Diseño fuera el Victoria and Albert de Londres; olvida que nuestras colecciones no son las mismas y que nadie en Nueva York piensa cerrar la Frick Collection, ni en Londres la Wallace Collection, ni en París el Musée Moreau o el Musée Rodin, ejemplos todos ellos de museos pequeños.
…Para resumir: el Ayuntamiento ha cerrado el museo de la moda para ubicarlo en el futuro Museo del Diseño, que estará emplazado en la plaza de las Glòries con un proyecto arquitectónico del estudio del propio Oriol Bohigas. Entretanto, y para salir del paso o para dar un sueldo a cuatro amigos, se han inventado una parida mental llamada DHUB….No se sabe muy bien qué es el DHUB, pero para llegar a este nombre el Consistorio ha tenido que pagar a dos empresas de naming, lo que les habrá costado su dinero (o sea, el nuestro). Sin embargo, si ustedes simplemente buscan la palabra ‘dhub.com’ en Google, encontrarán a una pequeña empresa inglesa dedicada a ‘hacer posibles las ideas’ y a albergar eventos organizados por otros. Antes se le hubiera llamado una agencia cultural y ahora un hub, es decir, una red de distribución, con un vocablo extraído de la informática y del mundo de la aviación (un HUB es un gran aeropuerto). Pero esta idea tan simple se plasma en un abracadabrante desplegable municipal en el que leemos: ‘¿Qué no es Disseny Hub Barcelona?’. Y seguimos leyendo: ‘No es un museo, aunque también lo sea. No es un centro de investigación, pero sí lo es. No es un aula, pero a veces podemos decir que lo es. No es un lugar, pero lo será’. Me vienen a la mente tanto Groucho Marx como Wittgenstein, quien estaría encantado con este buen ejemplo de falta de sentido….O sea que han cerrado un museo, han colocado sus colecciones en una exposición temporal en un lugar remoto y sin una concepción museográfica de interés, se han inventado una cosa que nadie entiende y que venden con toda la parafernalia del mundo, han programado un museo del diseño en plena crisis económica, y todo esto ¿para qué?…Me gustaría que nos lo explicaran, no a los firmantes del manifiesto (que no quedamos en modo alguno convencidos cuando se nos convocó a una reunión), sino al ciudadano de a pie. Como decía un famoso crítico italiano, ¿es posible que quien se ocupa de obras de arte, de centros históricos, de la administración del patrimonio cultural, sea tan insensible y privado de gusto? Para administrar la cultura se requiere conocimiento, inteligencia, sensibilidad y sentido común, virtudes prácticamente en vías de extinción en nuestros lares…”

[Palabra de Mono Blanco]


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Menú a la boloñesa

(Diciembre 2008)

Como afirmaba Néstor Luján (de determinadas recetas eróticas): “la cocina afrodisíaca no existe en absoluto; dicho esto, hablemos de la cocina afrodisíaca…” Es lo mismo que decir: no sólo doy gato por liebre, sino que voy a buscarle tres pies.

Porque los jóvenes, aunque sean universitarios, tienen intuiciones. Discutir sobre la universidad española es en vano porque la U es una guardería para la postadolescencia, y en un lugar así, la lógica, más que nada, hace gracia. Notan que, básicamente, la Academia les agrupa y controla como rebaños y sirve para atenuar o modular, conteniéndola, la agresividad de la testosterona. Saben que lo que hay en juego es primario, y que lo que los mayores quieren, sobre todo, es evitar espectáculos intimidantes como el de Grecia.

Habiendo lugarcillos como Harvard, Oxford, La Sorbona, etc., la Universidad española, en propiedad, no existe, si uno lo piensa fríamente. Sin embargo, hay un hervor por el debate. “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar”, escribían en una exposición los profesores de la Universidad de Cervera en 1827. Actitud correcta para abordar la cuestión de la Universidad en España, actitud obvia. El problema tiene –actualmente– tres platos, y desde luego no hace falta elevar el tono; se reduce a un menú gastronómico (gustará o no gustará):

1.
Con herramientas discursivas nulas, los jóvenes de hoy, como los de cualquier época, tienen buenos presentimientos, buen rollo, buen feeling, para nociones de índole antediluviana como “dominación”, “poder”, “caciquismo”, etc. Intuyen que el tinglado de la Universidad hispánica “adolece de graves deficiencias estructurales”, expresado con un lenguaje eufemístico que es probable que ellos jamás lleguen a manejar. Ante Bolonia, resuena en su subconsciente profundo la frase lampedusiana: “es necesario que todo cambie para que todo siga igual”. El terremoto que se avecina con el plan de homologación europea será un refrito –sospechan–, de la famosa haute cusine francesa: “plus ça change, plus c’est la même chose”. El pollo que se está montando irá bien, a lo máximo, para moverse por Europa, pero en la vertiente sur de los Pirineos, el desconcierto, la corrosión interna, la devastación, perdurará…

2.
Esta vez el reajuste de los grados, el culebrón de las atribuciones, el kafkiano rifirrafe mutuo entre los Colegios profesionales, las decisiones del Ministerio y las competencias autonómicas han generado un cóctel letal que produce, a estas alturas, pavor. Y los estudiantes son hipersensibles a los estímulos primarios. Perciben que no estamos ante un mero “cambio de plan de estudios”, es decir, ese deporte nacional (léase “nacional” al modo madrileño, catalán, vasco o gallego) que suele practicarse una vez por década, más o menos. Chicos y chicas pescan que la ingeniería de horarios, los cursos-pasarela, la obsolescencia de títulos, las convalidaciones, la yuxtaposición de másters, la revisión de contenidos, etc., etc., en esta ocasión, sobrepasará con mucho, y en gran exceso, la célebre paradoja de los “n cuerpos” que Newton formuló en mecánica celeste y que persiste entre la comunidad científica. Interrelacionar y resolver administrativamente lo que se plantea, teniendo en cuenta los agentes que intervienen, y su nivel de sinergia, es, en verdad, anonadante. El personal discente ve que el cambio de chaqueta de la Universidad, aunque sea epidérmico, es serio, y quizá –especulan– también lo sea el precio a pagar (para ellos). En Cataluña el desasosiego ante el salto mortal es homónimo a la señora responsable del mismo: “Blanca Palmada”. Podemos acabar masacrados, muertos, es decir, completamente in albis en cuanto a conocimientos.

3.
Como siempre –aunque en este caso es peor–, el seísmo que se le viene encima a la universidad por estas latitudes debe ser, según los políticos, “a coste cero”; por tanto, lo está siendo ya a escote de los atribulados profesores de a pie. Ellos son los que por ahora han pagado el pato, y se han reunido en laboriosas y tristes comisiones durante meses. Partidas nocturnas de cazadores desalentados, como honderos desesperados sin saber qué piedra lanzar: a ver qué presa se vislumbraba desde el ministerio, desde el gobierno autónomo, desde los Colegios profesionales, etc., porque matar dos pájaros de un tiro –de especie todavía ignota– en la negrura más espesa, es igual que aquella “funesta manía de pensar”: ¿vale la pena? Si la incoherencia llueve de arriba, cuando el panfleto es pergeñado en unas condiciones atmosféricas y de contexto desconocidas, el resultado es absurdo. Los estudiantes han sido testigos de reuniones dispuestas pero estériles, y están picajosos. El desastre organizativo de este nuevo episodio de la educación “superior” es insuperable.

Ante este panorama una eterna frescura se adivina en el horizonte… La de los políticos; la cosa no es nueva. Los políticos siguen tratando a la Universidad española como un chiste oído después de una comida indigesta, por basta y cutre –estafa a la sociedad–, una sensación desagradable que quizá pueda afrontarse con el estómago, pero no con el cerebro. Cuando lo utilicen, y saquen la billetera de verdad –si algo queda, tras la limosna a los bancos– la magnitud de los temas a examen ya habrá dejado el país en suspenso.

[Palabra de Mono Blanco]


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Trola de Barcelona (El espejismo del espacio público)

(Octubre 2008)

Las siguientes líneas citan y parafrasean las que ha escrito Enrique Gil Calvo, lúcidamente, en El País (18-X-2008). Comentando bibliografía reciente sobre las dos urbes más importantes de la península, el sociólogo se refiere primero a Madrid, y luego extiende sus opiniones a Barcelona:

…El denominado Gran Madrid no es “la suma de todos”, como reza la publicidad electoral de Esperanza Aguirre. Por el contrario, sólo pertenece a una exigua minoría de constructores urbanos, políticos derechistas, especuladores financieros y propietarios inmobiliarios. El resto de madrileños no pertenece a Madrid, sólo habita ahí, coexistiendo de manera relativamente pacífica. El espectáculo de la capital no es más que un espejismo que reverbera en la meseta manchega, como Las Vegas en el desierto de Nevada o Los Ángeles en la Baja California. El ‘Observatorio Metropolitano’, un equipo de geógrafos y urbanistas que lleva años diseccionando la Villa y Corte, dice de ésta que es el nuevo escaparate ostentoso del arribismo neofranquista. Y el mismo informe traza la cartografía madrileña de un espacio público reconstruido por la privatización, que lo fractura y manufactura para comercializarlo entre turistas y nuevos ricos con los inmigrantes a su servicio.

…Semejante hipertrofia especuladora del urbanismo no sólo tiene lugar en capitales regidas por el PP o sus avatares, como Madrid, Valencia o Marbella. Por desgracia, en la Barcelona regida por consistorios progresistas, que la izquierda española siempre ha citado como ejemplo, ocurre otro tanto. Un reciente estudio del antropólogo barcelonés Manuel Delgado va dirigido, precisamente, a la línea de flotación del modelo urbanístico de la Ciudad Condal desde la transición, y que alcanzó su cenit en los fastos olímpicos de 1992. Un modelo de disseny que tiene una prensa más edificante y edulcorada que el madrileño, y que, sin embargo, se ha erigido con la misma voracidad especulativa y depredadora, sin complejos para esgrimir como coartada una corrección política que le autoriza a arrasar barrios enteros en beneficio del presunto progreso municipal (¡atentos a lo que sucederá en fechas próximas en las inmediaciones del campo del F.C. Barcelona!).

…Es la otra cara sólo aparentemente antitética de la misma moneda de Madrid, ahora catalanista y tripartita en vez de franquista o pepera. Manuel Delgado denuncia los desmanes del llamado ‘modelo Barcelona’ : un urbanismo de moda y venal al que compara con la prostitución seudovirginal de una top model de pasarela, que no duda en vender sus dudosos encantos ciudadanos, arquitectónicos y paisajistas al mejor postor, desde el turista accidental al crédulo izquierdista, pasando por el inversor global. Como reza la publicidad del municipio: “Barcelona, ponte guapa” (para seducir con sus encantos urbanísticos a la clientela).

…La especulación es la principal fuente de financiación autonómica, municipal y de los partidos políticos. Es el lado oscuro de Madrid, Bilbao, Valencia y Barcelona, cuya faceta más visible se muestra en las torres de Madrid –el pelotazo inmobiliario más grande de la historia de España–, la cáscara del Guggenheim, los ‘calatravas’ de Disneylandia en Valencia -inmorales e infrautilizados-, o, en Barcelona, el falo de Agbar y el rascacielos-capricho de Gas Natural, compañía que acaba de subir la factura un 10% a sus clientes. Pero la privatización del espacio público no sólo genera espejismos urbanísticos como el barcelonés o el madrileño, entre otros casos de ciudades-espectáculo convertidas en parques temáticos como Shanghai o Venecia, sino que también ofrece otra cara oculta mucho más miserable, violenta e inhumana. Es la destrucción pura y dura de los espacios urbanos, o su hipertrofia cancerosa y putrefacta, causada por la globalización deslocalizadora que está generando un doble movimiento de huida, abandono y desertización de los viejos cascos históricos, y su reflejo contrapuesto, allí donde proliferan ingentes megaciudades-basura hechas de chabolas donde se acumula la escoria humana expulsada de los ecosistemas rurales destruidos para hacinarse en homicidas campos de concentración urbana.

Tenemos pues el espectro urbano de las ciudades muertas, el de los despojos urbanos de las ciudades-miseria (vean la película Wall.e, batallón de limpieza), junto al espejismo de las ciudades huecas y salvajemente especulativas que nos depara nuestra geografía ibérica; es decir, tres arquetipos para regocijo, solaz y consumo de nuestros políticos.

[Palabra de Mono Blanco]


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Los medios públicos de persuasión en Cataluña

(Enero 2008)

Vicenç Navarro ha dado otra vez en la diana, y ha escrito en el diario El País (de 12 de enero de 2008) una minicrónica de “los medios públicos de persuasión en Cataluña” sin desperdicio.

La persuasión, según Kant, es una ciencia fundada sobre principios insuficientes, y en cambio para los expertos en márketing la persuasión es un dispositivo perfecto para obtener la conformidad del comprador. Para el profesor Vicenç Navarro, la persuasión es, simplemente, una artimaña política para dar gato por liebre. He aquí sus palabras, a las que rendimos pleitesía:

“Durante los 23 años de gobierno nacionalista conservador, los medios públicos de la Generalitat de Cataluña (TV-3 y Catalunya Ràdio) fueron instrumentalizados para promover una visión nacionalista conservadora en la que los enormes problemas sociales de Cataluña (en la medida en que se reconocía su existencia) se atribuían al Gobierno central, ubicado en Madrid, que discriminaba a Cataluña. La fortaleza de esta visión nacionalista se basaba en un hecho real: la existencia de un balance fiscal negativo para Cataluña con el resto de España y un déficit de inversiones públicas por parte del Gobierno central. Otro factor que contribuía al crecimiento de este nacionalismo conservador era el nacionalismo español, que es el único que no se define a sí mismo como tal. Suele llamarse constitucionalista y, al negar el carácter plurinacional de España, alimenta los nacionalismos periféricos. De ahí que no fuera infrecuente que aparecieran en los medios públicos de información de la Generalitat las voces de este nacionalismo español (incluso en su visión extrema, la COPE) a fin de identificar al resto de España con esta visión nacionalista española que reforzaba al nacionalismo catalán.

Detrás de estos nacionalismos, en teoría adversos pero en la práctica complementarios, había unos intereses comunes de clase social que explicaban el profundo conservadurismo de tales nacionalismos, bien definido en aquel eslogan, que tales medios difundían, según el cual España iba bien, a lo cual los medios nacionalistas conservadores en Cataluña añadían que Cataluña iba incluso mejor. Los datos ignorados, cuando no ocultados, en aquellos medios mostraban que ni España iba bien (el gasto público social por habitante en inversiones públicas, tanto en infraestructuras como en servicios públicos, era el más bajo de la UE-15) ni Cataluña iba mejor; en realidad, en muchas áreas iba peor (el gasto público social por habitante estaba por debajo del promedio de España). Este último déficit se atribuía en los medios de persuasión nacionalista conservadora al déficit fiscal, lo cual era cierto sólo en parte, puesto que había otras dos causas ignoradas en aquel argumento. Una de ellas eran las propias prioridades del Gobierno nacionalista conservador de la Generalitat de Cataluña, que priorizó temas identitarios (como la creación de los Mossos d’Esquadra) sobre temas sociales tales como el desarrollo de la educación o la sanidad pública, dando prioridad a los servicios privados a costa de los servicios públicos. La evidencia de ello era abrumadora (véase L’Estat del benestar a Catalunya 2003).

La causa mayor del subdesarrollo social y de infraestructura de Cataluña (y de España), sin embargo, era y continúa siendo el bajo gasto público en todo el Estado español. Mientras que las luchas interterritoriales sobre la distribución de la tarta española (estimuladas por nacionalismos centrales y periféricos) tenían y tienen una enorme visibilidad en aquellos medios nacionalistas catalanes y españoles, el problema mayor -que es el pequeñísimo tamaño de la tarta- era y continúa ignorado. España tiene el gasto público por habitante más bajo de la UE-15. En realidad, aunque Cataluña recibiera el 18% de la inversión total del Estado español en infraestructuras (tal como instruye el Estatut), Cataluña todavía tendría un gasto público en infraestructuras por habitante menor del que le correspondería por su nivel de desarrollo económico.

El bajísimo gasto público (y la escasa visibilidad de este tema en los medios de persuasión) responde al poder de clase, es decir, al enorme poder político y mediático que tiene en España y en Cataluña el 35% de la población de renta superior, y su gran resistencia a aumentar los impuestos, sobre todo si éstos van a mejorar los servicios públicos utilizados predominantemente por el 65% restante de la población, es decir, por las clases populares. Envían a sus hijos a las escuelas privadas (cuyo gasto por alumno es superior al de la escuela pública), utilizan la sanidad privada (donde el tiempo de visita promedio es de 18 minutos, en comparación con ocho minutos en la pública) y se benefician más del AVE que de los trenes de cercanías.

Los cambios de gobierno en 2003 en Cataluña y en 2004 en España diluyeron poco el discurso nacionalista, tanto periférico como central. Ni que decir tiene que ha habido cambios en tales medios catalanes, pero en su totalidad han sido menores. El análisis de poder de clases y sus implicaciones en las políticas públicas continúa excluido, siendo extraordinariamente minoritarias las voces de izquierda no nacionalistas, realidad negada, como era predecible, por los apologistas de tales medios, que dominan el clima intelectual del país.”


[Palabra de Mono Blanco]


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Periodismo y metalenguaje

(Septiembre 2007)

A propósito de la muerte del escritor Carlos Trías, en Barcelona han aparecido varios artículos de prensa glosando su figura. De entre ellos, ha destacado el del escritor, poeta, artista plástico y hoy también dramaturgo Narcís Comadira. Asimismo, Félix de Azúa, escritor, poeta y profesor, una de las prosas castellanas más vigorosas de la literatura española, pergeñó un estupendo artículo póstumo el 10-IX-2007 en el ‘El País’. Alabando a un hijo de la refinada burguesía barcelonesa, ambos textos reseñaron la singularidad personal y literaria del difunto, y lo hicieron involucrando al catalán y al castellano, respectivamente; es decir, a las dos lenguas que desde tiempos inmemoriales ha simultaneado la élite cultural de Barcelona.

Sin embargo, caben algunas puntualizaciones. Comadira empieza su artículo mencionando que él pertenece a una “espiritualidad literaria” diferente a la del finado, y asevera que la suya es la espiritualidad del idioma catalán, mientras que la espiritualidad de Carlos Trías Sagnier –a quien rememora siempre con afecto– era evidentemente la del “español”. Lo escribe así un par de veces.

Es curioso. Nunca nadie en Cataluña, históricamente, ni por supuesto en Barcelona –y menos los Trías o los Sagnier– ha llamado “español” a la lengua castellana. Aquí la tradición siempre ha sido la de que uno habla, escribe, lee… en catalán o en castellano (en català o en castellà). Decir “español” cuando se alude al castellano en Cataluña no estaba en boca de nuestros padres, abuelos, ni bisabuelos. Y Comadira conoce nuestras tradiciones perfectamente. Por estas latitudes, en concreto, “enraonem en català o en castellà”, indistintamente, pero nunca en “espanyol” (???). Se trata de un uso apelativo de la lengua de Cervantes inexistente en Cataluña hasta fechas muy actuales. Es raro que el erudito Comadira no conozca la costumbre oral y escrita de llamar “castellano” al castellano en Cataluña. O bien ha decidido apuntarse a la moda del ideario nacionalista radical que, ahora, junto con los madrileños del PP más recalcitrantes, eluden cuanto pueden hablar del “castellano” y siempre preconizan el “español” como nombre adecuado de la lengua del imperio.

Este nimio incidente sociolingüístico sorprende en el contexto de Cataluña, y muestra el giro sutil pero forzado que se exhibe en algunos medios con respecto a los dos idiomas. Podría decirse que en este punto los “extremeños” se tocan, los pseudofascistas de la meseta se juntan con los independentistas más acérrimos, tipo el actor Joel Joan, y este paralelismo choca aparentemente con el perfil cultivado de Comadira. Por otro lado, en oposición a tales declaraciones, muchos catalanes de antes y de ahora –y esperemos que del futuro– yuxtaponen, contraponen, alternan, funden, confunden y fusionan las “dos espiritualidades” del noreste peninsular ibérico sin ningún problema –es más, diríamos que con gran ventaja–, como si nada pasara verdaderamente, y a diario.

Dicho lo cual, el artículo comentado de Narcís Comadira, es, como todo lo que sale de su pluma, de agradabilísima lectura.

[Palabra de Mono Blanco]


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Cosas que no deberían estar ahí

(Mayo 2007)

Barcelona hizo un cambio espectacular de su fisonomía abriéndose al mar. Era un asunto de gran envergadura, pero evidente y palmario: la ciudad sufría una muralla-tapadera hecha de viejas instalaciones portuarias, tinglados roñosos e infraestructuras industriales que impedían el contacto con el mar. Era obvio que todo eso era obsoleto y no debía estar ahí, y afortunadamente se eliminó. El impulso de la candidatura olímpica del 92 y los trabajos de la apertura marítima de la ciudad fueron liderados por un arquitecto mediocre, pero con una capacidad de mando, de seducción y de coordinación notables, sinó excepcionales: Oriol Bohigas. Su tarea fue saldar una deuda centenaria de la ciudad, abordando una escala de intervención considerable, es verdad, pero llevando a cabo algo rudimentario, primario: barrer y limpiar el waterfront de Barcelona. Había que hacerlo.

En este orden de cosas, todavía hoy quedan asignaturas pendientes en la ciudad. Una de ellas es el verde, “lo verd” que diría un ilerdense, es decir, la superficie franca y extensa con el color amable de la clorofila. Es sencillo: Barcelona no tiene un Jardín o un Parque (con mayúsculas) a la altura de sus espectativas. Dicha cosa tendría que descansar enmedio de la ciudad, quizá enmedio del Eixample, o quizá en un margen semiurbano y accesible (¿en vez del Fórum, como dibujó Cerdá?); pero la realidad es que nunca ha estado ahí. El jardín soñado de Barcelona es un mito. Los sucedáneos de éste (interiores acondicionados de manzana, cornisa del Collserola, etc.) quedan bien, se agradecen, pero El Verde en esta ciudad no deja de ser una curiosidad, una chinería, un musgo navideño comparado con Central Park o los enormes parques londinenses. El centro de Barcelona deberia ser blando, amplio y verde, sí, pero resulta ser duro y mineral que es una cosa mala, y parece difícil quitarlo de donde está.

Por otra parte, el MNAC no debería estar ahí. El FNAC (con “F”) –en un ángulo de la Plaza Cataluña–, por su lado, es una iniciativa privada que luciría mejor en un edificio de nivel, en la misma encrucijada sensible de la calle de Pelayo. La historia de la arquitectura de Barcelona no pasará jamás por el ‘Triangle’. Volviendo al hilo, el MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña) debería ceder su puesto a una institución pública prioritaria, primordial y pionera: el Parlamento de Cataluña.

El Palacio Nacional de Montjuic debiera arropar evidentemente a las cortes catalanas; por morfología (skyline de la ciudad, perfil de la montaña), por jerarquía de accesos (eje de la Avenida María Cristina), por su monumentalidad (artificiosa, pero asentada en el imaginario popular), por su escala (pompier, pero no ingrata), e incluso por las características de sus espacios interiores, como la famosa sala ovalada (destrozada por Gae Aulenti), un hueco noble en el corazón mismo de Barcelona: el fulcro idóneo para reunir a parlamentarios de un país grande y con historia. ¿O acaso los catalanes no somos lo que proclamamos?

En el Palau Nacional de Montjuic debería residir el Parlament de Catalunya, y punto. El MNAC -cuyo románico es una maravilla se ubique donde se ubique- debería exiliarse. La idea del Palau Nacional como Parlamento es básica, y habría que extraerla o rescatarla del subconsciente de Barcino. El barcelonés es un tipo educado con cierto complejo preedípico, pero tolera a los psiconalistas bonaerenses; además, yuxtapone bien la magnificencia y el sentido común. Un marciano despistado que recibiera cuatro flashes sobre la historia del Principado (por ejemplo, en la abadía de Montserrat) y acto seguido sobrevolara Barcelona, consideraría no retórica la anterior propuesta de “reordenación icónica” del ‘cap i casal’ de Cataluña.

La obscenidad de la torre Agbar, por su parte, quizá tenga que ver también con su carácter reubicable. La torre en realidad es un disparo medioambiental contra la gente de esta ciudad. Preconiza la especulación sobre un bien ecológico y valioso: el agua, sobre el que cabría pedir a sus gestores mesura, bastante discreción y sosiego volumétrico. Sin embargo, el atraco a los vecinos que con las facturas del grifo pagaron la torre Agbar (150 millones de euros) ya está hecho; de acuerdo. Pero ¿porqué ese rascacielos no está plantado justo enmedio de la plaza de las Glorias? Metidos a emblematizar, puestos a que un monopolio nos recordase en la cara y desde arriba sus plusvalías estratosféricas, está claro que el emplazamiento natural, sensato, formalmente idóneo del cilindro obús de esta torre corporativa –índice de las ganancias, entre otros, de la Caixa– habría de ser el centro del círculo, es decir, el tambor de la plaza de las Glorias. La geometría en este caso parece de cajón, hasta un estudiante de primaria iba a entenderlo… En cambio, la torre echa raíces fuera de la gran rosquilla, marginada fuera de la circunferencia de los accesos, tirada en la cuneta más cercana. Se ha eludido la peana perfecta para exhibir un menhir representativo del poder y las finanzas tardo-capitalistas de Barcelona.

La casuística de las localizaciones incorrectas, o abyectas, de las cosas –o mejor, de las casas–, suele cebarse con los grandes edificios. No criticaremos al Teatre Nacional, ni al Auditorio de Barcelona, ni al último hotel con platillo volante de l’Hospitalet, por no resquebrajar la categoría cultural del ‘genius loci’. Evocaremos no obstante el chiste legendario del arquitecto Federico Correa sobre el emplazamiento del hotel Presidente de la Diagonal: un ogro, un engendro que iba dando tumbos por la calle Muntaner frenó de lado aparatosamente, y en un giro estrepitoso, en la Diagonal, quedó embarrancado para siempre.

Así le parece a Correa el insípido mamotreto de un hotel, una entidad –como se deduce– que tampoco debería estar allí. ¡Hay tantas y tantas viñetas mal colocadas en el tebeo interminable de la ciudad condal! El edificio de ‘Carburos Metálicos’, en la calle Aragón, por ejemplo, por el que se demolió un hito de Barcelona: la clínica Santa Madrona, un histórico chalet adaptado al pasaje de Méndez-Vigo, hoy miserablemente castrado. Esa clínica, que era de partos fundamentalmente, fue la cuna de la mitad del censo de barceloneses actuales.

En el área de la extinta mutua de Santa Madrona –neoclásica, humilde y recoleta– hay que hablar del culebrón de los remontes de Porcioles. Por ‘remonte’ se entiende la excrecencia aérea que sufrieron en el pasado, como una plaga, gran cantidad de inmuebles barceloneses; especialmente en el Ensanche. En concreto, el remonte de la finca adyacente de la Casa Batlló de Gaudí, en el Paseo de Gracia, debió ser dinamitado hace mil años, pero sigue en su lugar, tozudo como una mula. No hay funcionario que pueda con él. Decenas de áticos ortopédicos en la trama del Ensanche siguen ahí en sus filas, escandalosamente.

Otro regalo no solicitado, pero aprobado por el consistorio tripartito en su momento, es el bloque del chaflán consecutivo a la Pedrera de Gaudí, bajando por el teóricamente preservable Paseo de Gracia –de nuevo–, esquina con Mallorca: se aprobó hace años gracias a una corruptela municipal que otorgó licencia en pleno mes de Agosto, permitiendo el derribo de lo anterior cuando todos estaban de vacaciones. El tono brutalista y la colmatación de esta nueva esquina, que llega hasta sus cotas máximas, apurando todos los metros disponibles, ha promovido la expresión cariñosa de “la bella y la bestia” entre los viandantes del Paseo de Gracia, mientras deambulan cuesta abajo y comparan el par de chaflanes seguidos, tan dispares y tremendos (es decir, La Pedrera y “Eso”).

Cuentan que en un muelle de Barcelona apareció un container nuevo, a punto de flete, pero que no pertencía a nadie, perdido como una maleta. No debería estar ahí, claro. Lo más insólito es que dentro encontraron una vieja máquina de escribir con un único folio y una sola línea que decía: “esto, señoras y señores, sólo es el principio…”

[Palabra de Mono Blanco]


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El castellano como condena

(Septiembre 2004)

Aun no siendo significativa a nivel mundial, los catalanes amamos profundamente nuestra lengua. Sin el catalán, los catalanes somos poquita cosa. El catalán forma parte indisoluble de nosotros, y eso tal vez nos convierte en únicos, siguiendo una idea amablemente formulada hace unas semanas por el nieto de Joan Maragall, a pesar de ser político. Las circunstancias adversas (históricas, culturales) no sólo no han extinguido nuestro idioma, sino que cabe decir -y ojalá no sea un error- que en este momento goza de un estado de salud relativamente bueno; lo cual nos alegra tanto como si la afirmación se refiriera a una parte de nuestro estómago, de nuestro pecho o de nuestro cerebro.

Sin embargo, y aunque no tenga relación con lo anterior, hay que apresurarse a desmontar varias imprecisiones sobre el uso del castellano en Cataluña. La lengua castellana ha estado presente en Cataluña desde hace siglos, y en algunos lugares geográficos, como en la ciudad de Barcelona, lo ha estado con gran intensidad y a lo largo de mucho tiempo, y no exclusivamente por razones coercitivas. La bota militar siempre ha sido un apoyo inestimable en la difusión de una lengua, como vimos en la propagación universal del idioma del bardo de Stratford-upon-Avon, pero ello no quita que Shakespeare sea un genio, o que los endecasílabos de Garcilaso de la Vega sean una maravilla. Resulta que el castellano se ha oído en Cataluña desde siempre, especialmente en Barcelona, coexistiendo con el catalán, lo cual no se sabe si es algo reprobable, pero ojo al dato. Políticos e intelectuales orgánicos: eso es tan cierto como la existencia de las montañas de Montserrat.

A veces, ateniéndonos a la programación de TV3 (la televisión pública catalana), o a algunos cultivadores de las letras en estas tierras, parece como si la aparición del idioma castellano por aquí tuviera una dimensión exótica. Para TV3, y para más de un representante de la intelligentsia autóctona, lo del castellano por estos lares, o bien es un asunto de emigrantes suramericanos, o bien es un residuo cultural de inmigrantes de otras partes de la península, o bien es el resultado exclusivo de imposiciones lingüísticas manu militari (como las llevadas a cabo por el anterior régimen), o bien, cénit de la ridiculez, es una pose de cierta ralea de urbanitas llamados “pijos”.

Cabe insistir en que no se sabe si es bueno o es malo, pero el castellano ha circulado por aquí siempre como Pedro por su casa, y eso desde que apareció la imprenta. Los primeros editores barceloneses del siglo XVI ya tenían a bien incluir la lengua del Arcipestre en sus catálogos. ¿Pero, y porqué? En primer lugar, digamos, por una cuestión peregrina de vecindad. Aragón, compañero de viaje de Cataluña en nuestras épocas gloriosas, fablaba y habla castellano, y en ocasiones de manera contundente, como nos recuerda el diputado Labordeta. En segundo lugar, y para qué negarlo, el castellano como dispositivo está muy bien trabado, o sea, conceptual y verbalmente es una máquina de trinchar ideas que funciona de miedo, como las flores, y se lo traga todo. Durante siglos, pasó como un vendaval de zetas e interjecciones por el continente americano, junto a una ola de barbarie que lo barrió casi todo, y hoy en día, en cambio, oh sorpresa –esa amiga de la lengua–, los herederos del latrocinio se expresan en un castellano pulcro, exquisito, casi musical.

¿Fueron los hispanoamericanos engullidos por la potencia del artefacto? Pues en Cataluña debió pasar algo similar, porque a los indianos catalanes que arribaban a las Antillas, por ejemplo, llegados de muchos pueblecitos no cosmopolitas, radicalmente payeses, no les costaba nada adaptarse rápidamente a la lengua de las colonias: es decir, en la metrópoli también se hablaba castellano. En la parte baja del Ensanche barcelonés, corazón de la ciudad condal, que empezó a poblarse en último tercio del siglo XIX, era frecuente encontrar a familias enteras de la burguesía naciente expresándose con igual soltura en catalán y en castellano, e incluso más en esta última lengua. El llamado “padre de las letras catalanas”, Jordi Rubió i Balaguer, artífice de la Biblioteca de Catalunya, erudito y profesor insigne, cuñado por cierto de un indiano catalán, José Gallart, se expresaba en familia predominantemente en castellano, con toda naturalidad. A un jurista famoso de Cataluña, el histórico Don Manuel Durán i Bas, que llegó a ser ministro en Madrid, y quien protagonizó el primer esfuerzo serio por unificar el Derecho Civil catalán, sus nietos catalanes le llamaban “el abuelito” y no “l’avi”. Los ejemplos son inagotables. El tráfico documental y comercial en Barcelona, desde tiempos inmemoriales, era fundamentalmente en castellano por la sencilla razón de que esa lengua proporcionaba un código preciso, exento de ambigüedades, jurídicamente muy útil, y esto, de nuevo, no es una inquina de ahora, es otro dato, no necesariamente derivado de la fusta. Hubo un mago Merlín de los fonemas y los glifos llamado Nebrija que preparó bien el asunto en el siglo XVI, nada menos. Duele, pero hasta llegar al ingeniero Pompeu Fabra, hace muy poco, no conseguimos los catalanes nada similar. En Cataluña, todavía recordamos la anarquía de nuestros abuelos pronunciando aquel catalán fabuloso que ya sólo resuena en recónditos ámbitos rurales.

Todo ello, señoras y señores de TV3, “antes de Franco”…

No sabemos si es para bien o para mal, pero la lengua de Cervantes también es patrimonio de los catalanes. Es algo tan importante, que desde la perspectiva catalana, resulta incluso una frivolidad dejarlo en manos de los habitantes de la meseta. Esa lengua nació en San Millán de la Cogolla, en un monasterio riojano, o donde fuera, de acuerdo, pero pudo haberse escampado de otra manera por la geografía peninsular, o mediterránea, o europea, pues cosas más raras se han visto en la diseminación de dominios lingüísticos. Finalmente lo hizo como lo hizo, pero no es justo que Madrid acapare beneficios y maleficios en esta industria de las eñes. Como, por otra parte, tampoco es razonable el odio declarado de Jorge Luis Borges hacia el castellano, idioma que previsiblemente debió inyectarle en vena los placeres más indescriptibles de su vida de bibliotecario.

Es lo que hay. Como un regalo de las musas o como un castigo divino, el castellano vivió y vive y permanece ligado a Cataluña. Y está en este planeta para quedarse.

[Palabra de Mono Blanco]


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