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Acebillo, una pica en Flandes

Asombroso discurso el del veterano arquitecto José Antonio Acebillo, que en su día fue mano derecha de Oriol Bohigas, en su artículo de La Vanguardia de 22-II-2021 “Barcelona no merece un urbanismo cutre”. Fenomenal, decididamente interesante…

He aquí un Acebillo desconocido, ignoto. Que si Benjamin por aquí, que si Foucault por allá. Es este un Acebillo tropical -intelectualmente hablando-, cultísimo, exhibiendo un tipo de vergeles absolutamente exóticos para lo que daban de sí (conceptualmente) sus clases de Proyectos de una época que se llamó gloriosa en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. He aquí un Acebillo absolutamente florido respecto a las desérticas razones que se ofrecían cuando la cooptada ‘Barcelona Regional’ (empresa municipal donde las haya) emprendía iniciativas de gran calado sobre la ciudad, como por ejemplo, el Fòrum, una operación tan frívola y demagógicamante explicada en su día como en general lo han sido las grandes operaciones inmobiliarias sobre Barcelona. Hubo artículos numerosos de La Vanguardia sobre el Fòrum de les Cultures –y sobre la liaison con su hormigón amancebado, promovido por BR– que daban grima al ciudadano, la verdad, unos textos firmados por Acebillo y por su adlátere de entonces, el también arquitecto Jaume Sodupe, de los cuales las hemerotecas dan fe. Textos holgados, esponjosos, de líderes con ínfulas de prócer, y que planteaban la eterna cuestión que ya preocupó en su día a Anatole France: ¿la pastelería es una rama de la arquitectura, o bien la arquitectura es una rama de la pastelería?

Desde un ángulo erudito, los textos justificativos del Fòrum que se publicaron en su momento por parte de Acebillo & Co. eran, bueno, inenarrables. “Tiraos palante” era poco. La línea de pensamiento urbanístico detrás era indiscernible, era nula, pero la cosa fue normal porque veníamos de décadas de una manera de entender la arquitectura donde la materialidad de los diseños y la competencia y el saber práctico de una élite lo tapaba todo: tapaba los padrinazgos, los concursos amañados, los encargos personalizados, la pertenencia o no a entidades hegemónicas (léase BR), y en general amagaba un hampa profesional de línea clara donde los atuendos de Armani (negros) eran ley. Una red que se extendía –intangible, pero implacable– sobre el dominio de los émulos de Vitruvio en Barcino.

En cualquier caso, lo que no podía esconderse entonces, porque no existía en absoluto, era un discurso cultural digno detrás de los denominados “proyectos de ciudad”, los fastuosos “portales del conocimiento”, etc., etc.

Esa edad de florilegios verbales (tremendamente huecos) para justificar las plazas duras, ya pasó, mantengamos la calma. Hola al nuevo ‘zeitgeist’ donde la gente “ha leído”.

No ironizamos. El artículo de J. A. Acebillo en La Vanguardia es una buena noticia. Todo lo que afirma y razona el exarquitecto en jefe de Barcelona es sensato. Sus apreciaciones son sutiles. Como barceloneses, celebramos este “aggiornamento” tardío, honestly. Simplemente, subrayamos el contraste.

Al parecer, los romanos obligaban a los arquitectos de puentes a dormir bajo ellos la primera noche tras concluir las obras; también se dice que a los grumetes de la marina imperial china se les imponía el requisito de no saber nadar, para que trataran de salvar el barco a toda costa. Creemos sinceramente que Acebillo y/o Janet Sanz –esta última abogada y politóloga, analfabeta en arquitectura y urbanismo–, deberían pasar una noche al raso en alguna de las obras de la época de Bohigas.

[Palabra de Mono Blanco]



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