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Para qué sirve una plaza

(Mayo 2011)

Las plazas sirven para contemplar los edificios alrededor. En las plazas está prohibido tener armas y catapultas, pues entonces serían lugares para torneos, o bien serían castros de guerra en el sentido de la pulverización de las construcciones –como sucede en los juegos de consolas–; lo cual haría engrandecerse la plaza, y contrariamente ya no existiría la plaza. Pasaría a ser una explanada. Como en el lema visto en el 15-M:

– Yes, we camp

Las plazas no sirven para dar palos, excepto los de montar una tienda Quechua comprada en el Decathlon.

– Pienso luego estorbo

Mucho más se vio en las manifestaciones de las plazas españolas, lugares donde sobran cosas. Por ejemplo, en la Plaza Cataluña de Barcelona, se rumorea que un pedrusco con forma de escaleta es un homenaje a Francesc Macià. Las estatuas están para mirarlas, pero se tropieza con ellas. El problema de la Plaza Cataluña es que está dejada de la mano de Dios; y la mano del hombre era –hasta hace poco– un filipino o un tirolés dando de comer a las palomas. No se sabe en qué consiste una plaza. Cada plaza es una contraplaza, pero la paradoja –que podría ser genérica– es intensa en el centro de la ciudad condal. Un arquitecto del Renacimiento, teletransportado a la Plaza Cataluña de Barcelona, un día cualquiera, sin concentraciones, caería fulminado, y no por las porras de los Mossos. (Sólo mirando ‘El Triangle’). Por otra parte, un Miquelangelo redivivo ante el monumento mencionado se transmutaría en tortuga. O sea, un no-lugar resulta perfecto para que la gente diga:

– Me sobra mucho mes al final del sueldo

Plazas singulares albergan mercados librecambistas y justos. Y una plaza puede pasar factura, como en las llamadas “facturas de plaza”: dispositivos efímeros relacionados con un espacio amplio y polisémico de la ciudad, a veces lleno de bote en bote, mientras los periodistas filman entre la muchedumbre:

– Los políticos y banqueros desde arriba nos mean, los medios dicen que llueve

La ‘o’ con la ‘u’, sociedad = suciedad, como en las deposiciones del consejero Puig, disléxico, y con bate. Y también castañean las dentaduras de Hereu, Trias, Gallardón, Aguirre, etc., al unísono, ante millares de ingenuos indignados:

– Nos habéis quitado todo, ahora lo queremos todo

Los promotores-urbanistas están inquietos asimismo, no tienen ni repajolera idea de lo que se avecina, ni qué significa este caos; ignoran el billete (?) siguiente:

– No soy antisistema, el sistema es anti yo (?)

Incomprensible, pero totalmente comprensible, sobre todo cuando entre las multitudes se lee:

– No hay pan para tanto chorizo

En un ángulo de Sol, en la misma capital del reino:

– Te limpio el coche con mi título universitario

Este eslógan último no surgió en la Plaza Cataluña, para alivio de la consejera Ortega -falsa psicóloga-, pendiente de los incidentes de Barcelona en las pantallas, “a lo Hilary Clinton” en aquel oh, cuando fotografiaron a la norteamericana haciendo piña con Obama; todos seguían, on-line, la eliminación de Osama.

La instantánea dio la vuelta al mundo, como las fotos de los fenómenos populares que comentamos y que en Barcelona han echado a las aves de la Plaza Cataluña, símbolos de la paz. Tranquilos, no se trata de eliminar a nadie, ni a las palomas. Las masas en las manifestaciones son benignas, aunque los mofletes de Felip Puig resulten sospechosos. Las masas se han abandonado a licencias:

– Tendremos un mañana si la calle se la gana

Puig, ingeniero de caminos, no lo pilla. Hace como si atendiera una pastelería del Ensanche con la bata de ‘saltataulells’. Ha planteado grabaciones desde helicópteros y camaritas en los cascos de los antidisturbios para poder retransmitir él mismo, igual que pondría una webcam en la puerta del negocio. La consellera Juana revisará el video con calma. Créditos, música, el palomo principal, y, of course, su palo de béisbol.

– Apaga la TV, enciende tu mente

Los diarios dicen que por fin alguien ha aprovechado la Plaza Cataluña; quiere decirse: para temas distintos de una carpa Movistar o un concierto de temporada. Eureka, éxito final en el páramo. Viva la Plaza Cataluña a rebosar de gente y de letreros.

– Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir

Que no se vayan, que se le de un uso. Este espacio se lo merece. Por otra parte, hemos descubierto la utilidad universal de la plaza: es la emperatriz del eslógan. Una plaza sirve fundamentalmente –en Túnez, París o Atenas– para desplegar pancartas. Se comprueba, además, que la pancarta es un género literario. También lo es la Historia, disciplina intelectual que cultivan, por cierto, los Reales señores Académicos de la Historia en la capital de España. Más casposos y cutres no los podemos suponer, con “plaza” de funcionario y suculenta nómina…

– Tu botín mi crisis

[Palabra de Mono Blanco]

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