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Perversidades valencianas

Hace diez años se terminó en Valencia el edificio L’Ágora (que clausuraba el ‘complejo’ de la Ciudad de las Artes y las Ciencias), supuesto logro arquitectónico de un ejecutivo que presidía Francisco Camps.

Este hito con forma de mejillón y de color cobalto nació sin tener un uso claro, no obstante tener un coste de 100 millones de euros de la época. Actualmente seguimos así. Nadie se atreve a demoler el ‘Disneyland’ de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, como si fuera una falla.

Desde que el PP alcanzó el gobierno autonómico en 1995, la política de fastos arquitectónicos incorporó fallas, por supuesto, pero algo raras comparadas con las que –exacto– se queman para gran regocijo de todos. ¿Quién le hinca el diente hoy a los numerosos regalos no solicitados de Calatrava, el Arquitecto? ¿Y quién es el vivo que se atreve con el parque temático Terra Mítica? ¿O con el aeropuerto sin aviones en la provincia de Castellón? Menos mal que la rocambolesca transformación del puerto de Valencia para albergar la fórmula 1 –en un saqueo más de las arcas públicas–, está siendo reparada, saneada en lo posible, por parte de urbanistas competentes.

Hoy la política de la Generalitat autonómica ha cambiado de manos, por fortuna, y los cachivaches de Calatrava pasarán a la historia como una broma narcisista. Las fantasmadas no parecen tener remedio, sin embargo, y además tienen sello gubernamental; y el caso es que continúan, y son escandalosas, de auténtica falla gigantesca. Además de espectaculares, estas –a las que nos referimos ahora– son fallas directamente obscenas, ya antes de nacer en la mesa de diseño. Véase sinó la alarmante noticia que da el diario El País de 27-IV-2021, sobre unos cuantos rascacielos que, si Dios no lo remedia, emergerán pronto –desafiantes, letales– en el entorno rural de Torrevieja.

¿Qué han hecho los valencianos (en general) para merecer esto? ¿Qué mal ínclito, secular, se ha abatido sobre la comunidad valenciana durante las últimas décadas, para llegar a deformar hasta lo irreconocible su bella línea de costa? ¿Llegará algun dinero europeo a España si alguien –en Bruselas– se entera de que las iniciativas “Next Generation”, en latitudes ibérico-mediterráneas al menos, irán acompañadas a la manera local de toda la vida, es decir, a la manera Benidorm?

Toda “cremà” es fácil, jocosa, celebrativa, sí, pero tener que dinamitar edificios resulta mucho más problemático.

El Ayuntamiento tramita la construcción de torres de hasta 29 pisos gracias a dos cambios realizados hace más de 10 años en el plan urbanístico

La euforia del ladrillo se reaviva en Torrevieja: se proyectan 18 rascacielos en primera línea de mar

El País, 27-IV-2021

Los rescoldos del frenesí del ladrillo se han reavivado en la localidad alicantina de Torrevieja. El Ayuntamiento, gobernado con mayoría absoluta por el PP, está tramitando la construcción de 18 rascacielos de hasta 29 plantas en varias parcelas separadas con el denominador común de las vistas al mar. La ciudad con 85.000 habitantes censados, que multiplica por cuatro su población en verano, cambiará para siempre su perfil con las nuevas torres de viviendas, de apartamentos turísticos y de uso hotelero. Ahora apenas hay media docena de edificios que superan las seis plantas de altura.

El proyecto más novedoso y llamativo es el planeado frente a la popular playa de Los Náufragos, donde las mercantiles Puerto La Sal y Costa Santamar han previsto nueve torres de diferentes alturas, siendo la mayor de 23 plantas. El área de Urbanismo del Consistorio ya ha emitido un informe ambiental y territorial estratégico favorable al estudio de detalle y ha impuesto algunas condiciones, como evitar que los hitos verticales proyecten sombras sobre la playa. Ahora se encuentra en fase de exposición pública. Todos los proyectos tienen que ser aprobados por la Junta de Gobierno.

Más avanzada está la promoción de las dos torres de 26 alturas y 82 metros de altura junto al parque de Doña Sinforosa que obligará a transformar el mismo, lo que ha generado polémica entre los vecinos y los grupos municipales en la oposición. El Grupo Baraka anuncia en su página web que todas las “130 viviendas y 250 apartamentos turísticos” de las Torres Sinforosa, enclavadas en pleno centro, junto al puerto marítimo, tendrán “vistas al mar”.

El plan de choque en el parque, una joya verde junto al mar, es de los más controvertidos. Los vecinos, casi todos españoles y de edad avanzada, hacen más ruido en redes que en las calles, pero coinciden en sus críticas. Rosa, madrileña jubilada, defiende que se trata de una zona agradable y muy frecuentada, como la playa de Los Náufragos en los veranos sin pandemia, y sostiene que en ninguno de los dos emplazamientos cabrá la gente que llegará con las torres. Manuela, cocinera salmantina también retirada, señala que la falta de espacio “será terrible”.

Muy cerca, junto al Acequión, Metrovacesa promueve tres rascacielos, dos de uso residencial y uno hotelero, con una altura máxima de 29 plantas. Más al norte, también en un enclave privilegiado, en la curva del Palangre, el Grupo Sento ha planificado cuatro torres más, con un máximo de 29 alturas, y una parte reservada para uso hotelero. Ya hace unos años que la promotora ilicitana inició la tramitación en el Consistorio, presidido por Eduardo Dolón, que en 2019 recuperó la vara de mando para el PP.

Todos estos proyectos son posibles gracias a un par de modificaciones puntuales entre 2006 y 2010 del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), aprobado en 1987 por un Consistorio entonces presidido por los socialistas, que limitaba a seis las alturas de las edificaciones, según afirma el actual portavoz del grupo municipal del PSPV-PSOE, Andrés Navarro. “Fue el Ayuntamiento del PP de [el entonces alcalde] Hernández Mateo el que hizo esos cambios en el PGOU en la época del pelotazo del ladrillo, con la aprobación de la Generalitat entonces gobernada por el PP y es el actual Ayuntamiento del PP el que está permitiendo reactivar todas las torres que pueden suponer casi 20.000 personas más para las que la ciudad no está preparada”, asegura. Pedro Hernández Mateo fue alcalde de Torrevieja entre 1988 y 2012…

Los permisos medioambientales fueron la única salida que vio el gobierno municipal, un pentapartito liderado por Los Verdes que descabalgó al PP del poder durante cuatro años, para “intentar frenar el proyecto”, reconoce Israel Muñoz, portavoz de la formación ecologista… “Las torres son una aberración”, apunta, “un caos urbanístico que cambiará la filosofía de una ciudad en la que está demostrado que el ladrillo está caducado y no va a funcionar”.

Etc.


[Palabra de Mono Blanco]


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