{"id":318,"date":"2010-02-18T00:08:54","date_gmt":"2010-02-17T23:08:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elmonoblanco.com\/?p=318"},"modified":"2016-12-22T00:10:54","modified_gmt":"2016-12-21T23:10:54","slug":"porque-la-gente-vota-al-partido-pirata","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.elmonoblanco.com\/?p=318","title":{"rendered":"Porqu\u00e9 la gente vota al Partido Pirata"},"content":{"rendered":"<p>Peter Sloterdijk, fil\u00f3sofo y catedr\u00e1tico, ha desmontado con elegancia en su obra \u201cEsferas III\u201d la pretenciosidad de los arquitectos actuales. \u00c9stos, inmunes al desastre medioambiental provocado en gran parte por la sobreconstrucci\u00f3n en el planeta, todav\u00eda hoy ignoran cualquier cr\u00edtica que merme su inexplicable prestigio social. Escuelas de arquitectura avanzadas, como la famosa <em>Graduate School of Design<\/em> de la universidad de Harvard, hacen t\u00edmidos intentos por construir discursos alternativos para una disciplina \u2013la arquitectura- que hoy, bajo un an\u00e1lisis m\u00ednimamente riguroso, se encuentra en los ant\u00edpodas de la actualidad de la cultura, de la ciencia y de todo lo interesante que circula por las redes telem\u00e1ticas. A los mandarines intelectuales del tocho (es decir, a aquellos que caciquean en las escuelas de arquitectura europeas, y especialmente en las espa\u00f1olas, llenas de funcionarios) les cuesta enormemente digerir conceptos m\u00e1s all\u00e1 del dise\u00f1o de pasteles y espacios &#8220;singulares\u201d contratados por mun\u00edcipes facinerosos, adscritos a un fetichismo de la forma y la geometr\u00eda ante el que la colectividad se muestra indulgente.<\/p>\n<p>Es ins\u00f3lito, pero los medios siguen encumbrando a esta ralea de presuntuosos y sus \u201clogros\u201d y \u201challazgos\u201d arquitect\u00f3nicos.<\/p>\n<p>La ciudad de Barcelona padece esta suerte de papanatismo, en parte por su afamada escuela de arquitectura de la Diagonal, una instituci\u00f3n muerta desde hace decenios, pero sorprendentemente valorada en algunos c\u00edrculos a\u00fan m\u00e1s est\u00fapidos (o bien m\u00e1s perversos, o bien secretamente interesados en mantener una mafia internacional del dise\u00f1o)<\/p>\n<p>Sloterdijk mete el dedo en la llaga, y no s\u00f3lo en la de los arquitectos, ayer miembros de la <em>intelligentsia<\/em>, y hoy cazurros del cop\u00f3n. Tambi\u00e9n ha debatido dr\u00e1sticamente con su colega y paisano Jurgen Habermas sobre paradigmas biopol\u00edticos y \u201cbio\u00e9ticos\u201d, con una tesis que \u2013en su momento, y como m\u00ednimo- dinamiz\u00f3 el gastado debate cultural. Asimismo, en una fecha tan lejana como 1983, Sloterdijk perge\u00f1\u00f3 una <em>Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n C\u00ednica<\/em> que explica perfectamente el sentir del ciudadano medio actual frente a los pol\u00edticos, y, en m\u00e1s de un sentido, el nacimiento y auge del autodenominado \u201cPartido Pirata\u201d contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>\u00a1Se necesita un partido as\u00ed, centrado en el \u00e1mbito de la arquitectura y el dise\u00f1o, idealmente con sede en Barcelona, en el 22@!. En Suecia y Alemania, desde luego, los Partidos Piratas se ven a s\u00ed mismos como una fuerza emergente en la escena pol\u00edtica global. \u201cEn tan s\u00f3lo 42 meses hemos registrado un intenso crecimiento\u201d, afirm\u00f3 hace poco el director de la asociaci\u00f3n internacional de los partidos pirata. Hay ya 40 partidos pirata en el mundo, entre otros pa\u00edses, en Argentina, Per\u00fa, Brasil y Espa\u00f1a. <\/p>\n<p>En Suecia el <em>Piratpartiet <\/em>alcanz\u00f3 un 7,1 por ciento de los votos durante las pasadas elecciones al Parlamento Europeo el 7 de junio de 2009. Los 215.000 votos obtenidos en Suecia valieron a la formaci\u00f3n obtener un esca\u00f1o en la Euroc\u00e1mara, que ocupa el ingeniero inform\u00e1tico Christian Engstr\u00f6m. En Alemania el \u00e9xito logrado por el <em>Piratenpartei <\/em>fue incluso mayor, al obtener 229.000 votos, cifras que se relativizaron debido al tama\u00f1o del pa\u00eds (0,9 por ciento de los votos), sin traducirse en otro esca\u00f1o para su candidato; los resultados sin embargo, fueron excepcionales considerando que fue la primera vez que dicha formaci\u00f3n particip\u00f3 en la campa\u00f1a para ingresar al Parlamento Europeo.<\/p>\n<p>El Partido Pirata -esencialmente antielitista- parece centrarse en la cuesti\u00f3n de los derechos de autor, y en la circulaci\u00f3n libre de contenidos digitales, pero su ideario esconde m\u00e1s de una iron\u00eda grata y saludable en el desolado panorama europeo, \u00e9ticamente devastado, y permanece abierto a cuestiones que incomodan grandemente a los pol\u00edticos tradicionales. Pues bien, en el sentido de las muchas contradicciones que afectan al ciudadano actual -carne de ca\u00f1\u00f3n para los partidos pol\u00edticos predominantes-, Francesc Torralba Rosell\u00f3, de la Universidad Ramon Llull, ha escrito recientemente este art\u00edculo de prensa:<\/p>\n<p><b>El ant\u00eddoto al cinismo<\/b><br \/>\n(Francesc Torralba, <em>El Pa\u00eds<\/em> 15\/02\/2010)<\/p>\n<p><dir>Desde que el fil\u00f3sofo alem\u00e1n Peter Sl\u00f8ter-dijk publicara la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n c\u00ednica<\/em> han pasado ya m\u00e1s de 25 a\u00f1os y, sin embargo, su profundo an\u00e1lisis de cinismo postmoderno sigue gozando de una extraordinaria vigencia. Esta obra, junto con la <em>Teor\u00eda de la acci\u00f3n comunicativa<\/em> (1981), de J\u00fcrgen Habermas, y <em>El principio de responsabilidad<\/em> (1977), de Hans Jonas, es, con mucha probabilidad, uno de los ensayos filos\u00f3ficos m\u00e1s sugerentes del \u00faltimo tercio del pasado siglo.<\/p>\n<p>En la obra, reeditada hace muy poco por Siruela, el pol\u00e9mico pensador distingue, con lucidez, el cinismo griego, cuyo m\u00e1ximo representante es Ant\u00edstenes, del cinismo contempor\u00e1neo. En aquella escuela filos\u00f3fica se adoraba al perro, se reivindicaba la vida natural, sin normas, ni convenciones, en plena harmon\u00eda con el Todo; se aspiraba a una existencia sobria, sin ornamentos, ni artificios; se anhelaba la autenticidad, lo cual nada tiene que ver con el cinismo difuso de la tan cacareada postmodernidad.<\/p>\n<p>El cinismo postmoderno es una expresi\u00f3n del nihilismo. El c\u00ednico postmoderno ya no cree en nada, ni en la Patria, ni en la Revoluci\u00f3n, ni en el Partido. Ha dejado de confiar en las grandes palabras. En su alma habita el m\u00e1s inquietante de los hu\u00e9spedes: el nihilismo. Parte de la idea que todo lo s\u00f3lido se desvanece en el aire, por lo cual, la lucha carece de sentido, como tambi\u00e9n la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>El c\u00ednico es el \u00faltimo eslab\u00f3n del criticismo, la consciencia desgraciada de la Ilustraci\u00f3n, el gato escaldado por las ideolog\u00edas. Como insin\u00faa Peter Sl\u00f8ter-dijk, s\u00f3lo se mueve por el instinto de autoconservaci\u00f3n a corto plazo. Experimenta una cierta ternura frente al joven alternativo, al rebelde antiglobalizaci\u00f3n y al ecologista convencido; una suerte de piedad frente a los que sue\u00f1an que otro mundo es posible. Viene de vuelta de todo, pero, en el fondo le devora una melancol\u00eda que mantiene bajo control emocional. Es un conformista, lleva tatuada en su epidermis la mentalidad TINA (<em>There is no alternative<\/em>), pero aparenta creer en algo, da la impresi\u00f3n que tiene convicciones y, de hecho, sigue en el Partido, en la Iglesia o en la ONG de turno, pero s\u00f3lo \u00e9l sabe que ya no cree en nada m\u00e1s que en conservar su <em>statu quo<\/em>. El cinismo difuso es el gran mal a combatir, una especie de virus que campa a su aire por el mundo social y pol\u00edtico.<\/p>\n<p>El c\u00ednico se mira con indiferencia los avatares de la historia. No cree en el poder de la raz\u00f3n y experimenta pasivamente c\u00f3mo se embrutecen las masas con los medios de comunicaci\u00f3n audiovisual y c\u00f3mo se atrofia la democracia. Sabe, en sus adentros, que el fracaso de la Ilustraci\u00f3n que anunciaron los fil\u00f3sofos de la primera generaci\u00f3n de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno y Max Horkheimer, se ha hecho fatalmente realidad en la burbujeante sociedad postmoderna que, m\u00e1s que l\u00edquida -con perd\u00f3n de Bauman-, parece pura gaseosa. Viendo c\u00f3mo va el mundo desde el sof\u00e1 de su casa, el c\u00ednico, v\u00edctima de una sobredosis de telebasura, se pregunta para qu\u00e9 ha servido la cultura de la cr\u00edtica, la escuela de la sospecha, los grandes maestros pensadores.<\/p>\n<p>Pregunt\u00e9 a mis alumnos c\u00f3mo se detecta a un c\u00ednico; c\u00f3mo curarse del cinismo, diagnosticarlo a tiempo y combatirlo. Me qued\u00e9 sorprendido de sus respuestas. El c\u00ednico, por bueno que sea -dec\u00eda uno-, es un texto camale\u00f3nico, que adopta la forma del contexto, un ser sin convicciones que manosea las grandes palabras para mantener su silla. Cuando uno contrasta su discurso p\u00fablico con su vida privada, aflora la incoherencia y el c\u00ednico aparece con luz meridiana.<\/p>\n<p>El cinismo es una secreta forma de desesperaci\u00f3n y de resentimiento contra toda forma de pensamiento alternativo. En la vida pol\u00edtica est\u00e1 alcanzando tal magnitud que uno tiene que luchar firmemente contra su escepticismo para no tirar la toalla. Muchos j\u00f3venes ya la han tirado. No se creen a los pol\u00edticos cuando hablan y, sin embargo, est\u00e1n sedientos de referentes sociales, de arquetipos ejemplares, de razones por las que merezca la pena luchar. Tienen hambre de \u00e9pica.<\/p>\n<p>El cinismo genera desconfianza y desesperanza. Frente a \u00e9l es necesario repetir una y otra vez que otro mundo es posible (y necesario). Contra el fatalismo hist\u00f3rico que anida en el alma del c\u00ednico, es esencial reivindicar el poder de la raz\u00f3n y de la participaci\u00f3n, el principio esperanza del olvidado Ernst Bloch, la indignaci\u00f3n frente al mal y las estructuras de injusticia que ahogan el mundo. Nos conviene recordar que toda realidad viene precedida por un sue\u00f1o.<\/p>\n<p>El cinismo es el fruto maduro del nihilismo finisecular. Friedrich Nietzsche lo predijo, pero no nos dio herramientas para liberarnos de \u00e9l. Despu\u00e9s del fracaso de las utop\u00edas, lleg\u00f3 el nihilismo y, con \u00e9l, el cinismo. Pero, despu\u00e9s del cinismo, \u00bfqu\u00e9 podemos esperar? Nadie lo sabe con certeza. Ser\u00e1 necesario forjar nuevos horizontes de sentido, anclados en el conocimiento real del ser humano, pero con la memoria despierta, pues, de otro modo, podr\u00edamos tropezar, una vez m\u00e1s, con la misma piedra.<br \/>\n<\/dir><br \/>\n[Palabra de Mono Blanco]<br \/>\n<br \/>\n<center> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<\/center><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Peter Sloterdijk, fil\u00f3sofo y catedr\u00e1tico, ha desmontado con elegancia en su obra \u201cEsferas III\u201d la pretenciosidad de los arquitectos actuales. \u00c9stos, inmunes al desastre medioambiental provocado en gran parte por la sobreconstrucci\u00f3n en el planeta, todav\u00eda hoy ignoran cualquier cr\u00edtica que merme su inexplicable prestigio social. 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